La prediabetes también aumenta el riesgo cardiovascular

Prediabetes

Es ampliamente sabido que la diabetes es uno de los más importantes factores de riesgo cardiovascular. Según una reciente presentación en una American College of Cardiology Scientific Session, de este mes de mayo, la prediabetes también lo es.

Se definió prediabetes como el hallazgo de un nivel de hemoglobina glicosilada en sangre mayor de 5.7%. Supone que tenemos la glucosa en sangre ligeramente elevada pero sin llegar a los límites establecidos como diabetes.

En general, no damos mucha importancia a tener la glucosa en sangre algo elevada y solemos achacarlo a haber tenido una reciente transgresión dietética, no haber ayunado suficientes horas antes de la analítica o a estar con alto nivel de estrés o ansiedad. Son tantos nuestros objetivos para mejorar nuestra salud, como llevar una dieta saludable, hacer ejercicio físico, no fumar ni tomar alcohol en exceso, no tener sobrepeso y controlar nuestro nivel de tensión arterial y colesterol en sangre, que no damos demasiada importancia a una ligera elevación de la glucosa en sangre. Es común interpretar la prediabetes como algo que está por llegar, pero que aún no nos está perjudicando, porque aún no somos diabéticos.

De ahí la importancia de la reciente comunicación en el congreso del American College of Cardiology. En ella se evidencia que las personas que tiene una prediabetes, ya tienen casi el doble del riesgo cardiovascular que las que no lo tienen.

La población con prediabetes tiene un riesgo mucho mayor de presentar un ictus, un infarto de miocardio o un síndrome coronario agudo. De hecho, ya se recomienda el cribado de la población para descartar prediabetes a los 40 años, cuando previamente era a los 55.

La prediabetes, al igual que la diabetes tipo 2, se previene con una dieta saludable, baja en alcohol, azúcares e hidratos de carbono de alto índice glicémico (arroz, patata, pan, pasta y maíz), ejercicio físico moderado de forma regular y evitando el sobrepeso y la obesidad.

En conclusión, es muy importante que nos concienciemos de la gran repercusión que representa para nuestra salud tener un nivel correcto de glucosa en sangre, para prevenir futuros problemas cardiovasculares. Tanto médicos como pacientes debemos concienciarnos de las graves repercusiones que acarrean unos niveles, aunque sean ligeramente elevados, de glucosa en sangre.




Alimentación restringida en el tiempo… y feliz año

Feliz 2020

Hola a todos. Los que me conocéis bien sabéis que soy bastante cabezota y que cuando me da por algo y sobre todo por algo en lo que de verdad creo, no paro hasta que consigo convencer a la gente que me importa de lo bueno que puede ofreceros ese algo. Y vosotros me importáis.

En este caso es por enésima vez en relación al ayuno intermitente y a su última matización: «Alimentación restringida en el tiempo»

Os preguntareis por qué a alguien que ni os conoce, ni sabe nada de vosotros, ni de vuestra vida, podéis importarle lo más mínimo. Buena pregunta, y aunque no tengo una contestación razonada, sí os puedo dar algunos argumentos: los míos.

Importarte algo, querer, amar o preocuparte por algo es un sentimiento que muchas veces tiene como base la de cómo te han tratado a ti determinadas personas, de lo que han hecho por ti, o por cosas y vivencias en común. Otras, sin embargo, se basan en inexplicables sentimientos ligados a lazos de sangre o a sentimientos más elevados de amor a la raza humana, a todos lo seres vivos o al naturaleza en general.

Sea como sea, querer es un sentimiento no racional. Ya que como todos sabemos, a veces queremos incluso a personas que nos hacen daño. Y a pesar de que lo sabemos, no podemos hacer nada por evitarlo.

En vuestro caso, os quiero por muchas razones, que quizá todas juntas es puedan aclarar un poco el origen de ese sentimiento:

Este blog nació, con vosotros, en una época de un importante cambio en mi vida personal (aún sigo en ello…); desde ya hace mucho tiempo somos alrededor de 4.500 los que seguimos juntos (número ya casi mágico para mi); de vez en cuando alguno de vosotros que no sé que me lee, me sorprende con un «¿sabes que esto de verdad me funciona»?, otras veces me encuentro con un «a mi, eso que dijiste en el último post, me parece que no es así». Sea por lo que sea, cada vez me siento más unido a mis 4.500 amigos y os aseguro que todo lo que escribo no lo hago por ninguna otra razón que no sea compartir cosas que me parecen buenas para todos nosotros.

Es cierto que muchas veces no contesto vuestras preguntas cuando se tratan de temas personales. Es muy difícil y arriesgado aconsejar a alguien del que no sabes casi nada, sobre temas de salud. Es muy fácil equivocarte y que el remedio vaya a ser peor que la enfermedad. Si hay algo que siempre y siempre tendré en cuenta del juramento hipocrático es «primum non nocere» que quiere decir que lo fundamental de mi actividad como médico es no hacer daño y en caso de duda siempre es mejor no hacer nada o no aconsejar, que hacerlo y que pueda resultar peor.

Por todo eso, os ruego que me perdonéis si no os contesto cuando de trata de problemas personales. En cambio, estaré encantado de hacerlo (a veces con retraso) cuando se trate de algo que no se ha entendido o que está incompleto de alguno de los temas tratados.

Y ahora… por fin, vamos con el tema del último día del año: Otra vez el ayuno intermitente. ¿A que ya no os sorprendo?

Recientemente ha salido un artículo que me ha gustado mucho. Se titula: «Time-restricted feeding for the prevention of cardiometabolic diseases in high-stress occupations: a mechanistic review»

Como veréis no pone nada de ayuno intermitente, que es un termino mucho más amplio, ya que puede efectuarse a cualquier hora del día, el día entero, días alternos o incluso durante varios días seguidos. En mis anteriores post me he referido al ayuno intermitente 6:18 o 8:16 y he aconsejado que la ingestión de alimentos se efectuara durante la mañana, pero es cierto que el nuevo término «Time-restricted feeding» que se introduce en este artículo está mucho más de acuerdo con lo que creo que es realmente beneficioso, ya que establece una mezcla perfecta entre dos hábitos que ya sabíamos saludables: el ayuno intermitente (1, 2, 3, 4, 5, 6, y la crononutrición.

Al hablar de «time-restricted feeding» (TRF) o tiempo restringido de alimentación, nos estamos refiriendo no sólo a un determinado número de horas en las que debes alimentarte, sino a también al lugar que esas horas deben ocupar en nuestro día, en nuestro ritmo circadiano.

Los autores del artículo aportan numerosos datos de estudios en ratones y humanos que demuestran que consumiendo igual cantidad de calorías y aún los que no presentan pérdida de peso, los que las consumen a primera hora del día obtienen múltiples beneficios, como son una disminución de la masa grasa, de los signos inflamatorios, de los niveles de glucosa e insulina, de la presión arterial, de los signos de estrés oxidativo, de la grasa hepática, del colesterol plasmático y un aumento de la adiponectina.

Como conclusión: como siempre os he tratado de transmitir, aunque el ayuno intermitente y el TRF sirven para perder peso, su efectividad para ese objetivo si se sigue comiendo igual, sólo es moderado. Pero su efectividad sobre otros múltiples parámetros que aumentan la salud cardiovascular y también quizá para otros procesos relacionados con la inflamación, como el cáncer o el envejecimiento, es muy importante.

Volvamos a una o sólo dos comidas al día, durante la mañana, como lo hacían nuestros ancestros durante miles de años, con la suerte añadida de poder tomar el resto del día infusiones como el té o el café (1, 2, 3) del que ellos no disponían y que también son muy saludables.

Y ahora, para finalizar, os deseo a todos un muy feliz año que entra, en el que se cumplan todas vuestras mejores ilusiones. Empezadlo con optimismo, con el convencimiento de que todo es posible si se busca sin descanso y siempre teniendo en cuenta que SIEMPRE es mejor lamentarse de algo que ha salido mal, que arrepentirse de no haberlo intentado, a pesar de que creyeras en ello. Sed valientes en vuestras vidas. Ese es mi deseo para el año que ahora entra.

FELIZ AÑO… mi gente.




¿Qué es el colesterol?,¿qué peligros supone tenerlo elevado?,¿cuales son los límites normales?,¿cómo podemos bajarlo y hasta dónde?,¿son peligrosos los tratamientos farmacológicos?

colesterol

¿Qué es el colesterol?

Es una sustancia grasa presente en todas las células de nuestro cuerpo, necesaria para la formación de hormonas, vitaminas, ácidos biliares e incluso la propia membrana de nuestras células. Por lo tanto, es una sustancia indispensable para la vida.

El colesterol viaja en nuestra sangre unido a diferentes apoproteínas, formando complejos llamados lipoproteínas. Las más importantes y que más nos interesan son el HDL-colesterol y el LDL-colesterol. El colesterol “bueno” (HDL, “high density lipoprotein”) se encarga de transportar el colesterol sobrante al hígado para que sea destruido. El colesterol “malo” (LDL; “low density lipoprotein”) es capaz de depositarse en las paredes de las arterias y producir la aterosclerosis (estrechamiento de las arterias). También existen otros tipos de complejos, como la lipoproteína (a), con alta capacidad aterogénica y que ya expliqué en un post del pasado mes de enero.

¿Qué peligros supone tenerlo elevado?

El peligro de tener el LDL-colesterol elevado es el desarrollo de aterosclerosis. Es decir; el estrechamiento progresivo de nuestras arterias debido a la formación de placas de ateroma en la pared arterial. Estas placas inician su formación por un depósito de las partículas LDL-colesterol en la capa más interna de la pared arterial. Posteriormente, ese colesterol depositado induce una reacción inflamatoria que, en última instancia origina un amasijo de células inflamatorias (macrófagos) muertas, colesterol, triglicéridos, ácidos grasos y por último colágeno, formándose la placa definitiva. La evolución de ésta placa puede ser hacia su ruptura, con la consiguiente formación de un trombo en el interior de la luz arterial, produciendo una interrupción del flujo sanguíneo en esa arteria y la aparición de un evento cardiovascular (p.e. infarto de miocardio, ictus); o también puede crecer progresivamente hasta disminuir cada vez más la luz arterial y hacer cada vez más difícil la circulación sanguínea.

¿Cuales son los límites normales del colesterol?

Pues esa es una pregunta que aún no tiene una respuesta definitiva. Hace 40 años se consideraba perfectamente normal tener un colesterol total por debajo de 240 mg/dl, sin hacer referencia al HDL y al LDL-colesterol. Hace 20, los límites normales se consideraban en 220 mg/dl, posteriormente en 200 mg/dl, hasta llegar a los actuales 190 mg/dl.

Pero, lo importante es que ahora sabemos que el colesterol total es un mal indicador para medir riesgo y que lo verdaderamente importante son los niveles del HDL y del LDL-colesterol. No tienen el mismo riesgo dos pacientes con un colesterol total de 220 mg/dl, si uno de ellos tiene 170 mg/dl de LDL y el otro sólo 100.

De todas formas, hoy en día las diferentes sociedades científicas tienden a no poner valores absolutos de colesterol, sino relativos al riesgo cardiovascular del paciente. Por lo tanto, de poco o nada nos sirve el rango de referencia que el laboratorio especifica como normal en nuestro análisis de sangre.

Muchos pacientes me preguntan por qué les digo que tienen el colesterol alto, si según el rango de referencia de su análisis está dentro de la normalidad. La explicación es que según su nivel de riesgo, su nivel considerado como normal debe ser menor.

La explicación de la razón por la cual se recomiendan diferentes objetivos de colesterol según el riesgo es debido a un enfoque de riesgo-beneficio y de coste-efectividad del tratamiento farmacológico. Es decir; si tratamos con pastillas a una población con un riesgo alto o muy alto de padecer un problema cardiovascular, conseguiremos una reducción importante del número de pacientes que van a presentar un evento cardiovascular y este beneficio obtenido compensará la posibilidad de la aparición de efectos secundarios del tratamiento y también el coste del mismo, Por el contrario, si tratamos farmacológicamente a una población de bajo riesgo, deberíamos tratar a muchos pacientes, exponerles a los efectos secundarios de los fármacos y sufragar el coste de los mismos, para lograr un escaso beneficio, ya que evitaríamos que sólo unos pocos presentaran un evento cardiovascular.

La AHA (American Heart Association) propone también tratar a los pacientes según el riesgo de los mismos, pero sin fijar objetivos terapéuticos. Sólo diferencian tratamientos con dosis medias de estatinas para los grupos de bajo riesgo y tratamientos de alta intensidad, con máximas dosis toleradas de estatinas, para los grupos de alto riesgo.

Por el contrario, la ESC (European Society of Cardiology), en sus últimas recomendaciones, sí fija los niveles de colesterol a conseguir con el tratamiento, según el riesgo del individuo:

  • Riesgo muy alto riesgo (≥10%): LDL-C <70 mg/dL o una reducción al menos del 50% si el basal está entre 70 and 135 mg/dL.
  • Alto riesgo (≥ 5%): LDL-C <100 mg/dL o una reducción de al menso el 50% si el basal está entre 100 y 200 mg/dL.
  • Riesgo bajo y moderado (<5%): LDL-C <115 mg/dL.

Para el cálculo del riesgo cardiovascular de cada persona se tienen en cuenta diversos factores: el sexo y la edad, si ya ha tenido un problema cardiovascular previo, si es diabético, fumador, la función renal, si tiene antecedentes familiares de problemas coronarios, niveles de colesterol y de tensión arterial y otros. El número en porcentaje que se obtiene de los parámetros anteriores hace referencia al riesgo de tener una muerte de origen cardiovascular en los siguientes 10 años.

Esta forma de actuar es absolutamente lógica y comprensible. Pero, ¿quiere esto decir que el paciente de bajo riesgo no se beneficie de bajar su nivel de colesterol por debajo de los niveles recomendados?

No. Lo que sabemos hoy en día es que cuanto más bajamos nuestro nivel de LDL-colesterol tenemos menos riesgo de padecer un evento cardiovascular. También sabemos, por recientes estudios, que a partir de un nivel de 50 -60 mg/dl de LDL colesterol (estudio PESA) se empieza a desarrollar aterosclerosis dependiente del colesterol.

¿Cómo podemos bajar nuestro nivel de LDL-colesterol?

Hablaré inicialmente de las mediadas higiénico-dietéticas (no farmacológicas) y posteriormente de los fármacos.

Medidas no farmacológicas

  • Prevenir el sobrepeso y obesidad. Es decir; conseguir un índice de masa corporal (IMC) inferior a 25 y un perímetro abdominal menor de 94 cm en varones y de 80 cm en mujeres, ya que la obesidad central o abdominal es la que confiere mayor riesgo.
  • Exclusión de las grasas trans (hidrogenadas) de nuestra dieta.
  • Aumentar el consumo de verduras, frutas, nueces y legumbres. Seguir una dieta rica en fibra y con carbohidratos de bajo índice glucémico.
  • Realización de ejercicio físico dinámico, de forma regular.
  • Disminución del alcohol en la dieta a un máximo de 20 g al día para los varones y 10 g al día en las mujeres.
  • Abandono absoluto del consumo de tabaco (con clara repercusión en el HDL-colesterol)

¿Qué suplementos dietéticos pueden ayudar a controlar el colesterol?

Los aceites vegetales, los frutos secos, la fibra, la avena, la soja, la cebada, el pescado azul la levadura de arroz rojo, la monacolina (estos dos últimos con mecanismo de acción y efectos secundarios similares a las estatinas), pueden ser útiles en este sentido.

Existe consenso en que los que contienen fitoesteroles o fitoestanoles sí son útiles para disminuir el colesterol en alrededor de un 10% porque dificultan la absorción del mismo proveniente de los alimentos que consumimos.

En cuanto al tratamiento farmacológico:

Inicialmente, aparecieron los secuestrantes de las sales biliares: colestiramina, colestipol y recientemente el colesevelam, que actualmente casi no se utilizan.

La piedra angular, del tratamiento hipocolesterolemiante, hoy en día, son las estatinas. Posteriormente apareció el ezetimibe, un inhibidor de la absorción intestinal de colesterol y últimamente se han comercializado otro grupo de fármacos muy potentes, con escasos efectos secundarios, aunque de baja prescripción dado su prohibitivo precio: los anticuerpos monoclonales, inhibidores del PCSK9: alirocumab y evolucumab.

Pero, ¿no es peligroso tener el colesterol demasiado bajo si, como arriba expongo, es una sustancia fundamental en nuestro organismo?

Pues lo cierto, es que hasta lo que sabemos hoy en día, en que se ha conseguido reducir los niveles de LDL-colesterol hasta cifras nunca antes vistas, de 8 o incluso 3 mg/dl, no existen efectos secundarios apreciables asociados a esa disminución tan importante del colesterol plasmático (estudio FOURIER).

¿Y los efectos secundarios del tratamiento farmacológico?

Hablemos de los efectos secundarios del grupo de fármacos más empleados y hasta hace poco los más potentes: las estatinas.

Efectivamente, son fármacos con posibles efectos secundarios, como la totalidad de los fármacos que presentan alguna acción terapéutica. Aunque en mi opinión, han sido injustamente considerados y demonizados en ocasiones en ese aspecto. Los efectos secundarios más frecuentes son los derivados de una ocasional afectación hepática, por lo general transitoria y reversible y los derivados de la poco frecuente afectación muscular. En estos casos, sobre todo en el segundo, se hace necesario cambiar el tipo de estatina o incluso suspenderlas y probar con otro tipo de tratamiento.

Entonces, finalmente, ¿quienes debería tomar tratamientos para bajar el colesterol?

Toda la población, independientemente de su nivel de riesgo debería utilizar las medidas higiénico-dietéticas arriba descritas.

En cuanto al tratamiento farmacológico, esa ya es otra cuestión.

¿Cómo decir a la población general, aparentemente sana, que debe tomar una pastilla para disminuir su riesgo cardiovascular?; ¿cómo ocultar que existe ese tratamiento?; ¿cómo financiar esta posibilidad?; ¿cómo afrontar las probables críticas de que las sociedades científicas están vendidas a las compañías farmacéuticas y que lo que realmente quieren es vender pastillas?

Volveré a hacer la reflexión que ya expresé en el post de septiembre del año pasado ¿A cuanto se puede y debe bajar el colesterol en sangre?

El tratamiento universal a personas con riesgo cardiovascular muy bajo significa que se debería tratar a más de 100 individuos durante 10 años para conseguir un año más sin un problema cardiovascular en una sola persona. El beneficio parece tan pequeño que, a mi parecer, no justificaría ni siquiera el esfuerzo de acordarse de tomar la pastilla diariamente.

Por lo tanto, me parece que hasta lo que hoy en día sabemos, es muy importante tratar a los de riesgo alto y muy alto e intentar disminuir lo máximo posible su nivel de colesterol. En cambio, no merece la pena tratar al grupo de personas con riesgo muy bajo.

Y a vosotros, ¿que os parece? ¿os tomarías una pastilla diariamente? ¿en qué circunstancias, si es vuestra salud y vuestro dinero los que están en juego?

Me gustaría conocer vuestra opinión




Lipoproteína (a), el eternamente desconocido factor de riesgo cardiovascular

Todos conocemos que los pacientes fumadores, diabéticos, hipertensos y con elevado colesterol tienen un riesgo cardiovascular aumentado. También la mayoría conocemos que existe un colesterol malo, que aumenta el riesgo cardiovascular, el conocido como LDL-colesterol y uno bueno, el HDL-colesterol. Pero muy poco se conoce del riesgo asociado a niveles elevados de la lipoproteína (a) (Lp(a)).

Esta es una partícula descubierta por el noruego Kare Berg en 1963, muy similar al LDL-colesterol, con la diferencia de estar formada también con apolipoproteína a. Sus niveles plasmáticos están muy marcados por la herencia y controlados por el gen de la apoliproteína (a), localizado en el cromosoma 6q26-27

Se fabrica en el hígado y triplica el riesgo cardiovascular a cualquier edad. Es un importante factor de riesgo para sufrir un infarto de miocardio, aterosclerosis precoz, trombosis e ictus, aunque la asociación con este último no es tan fuerte como la existente con el infarto.

No se conoce con exactitud cual es la función de la Lp(a), pero se cree que puede tener su papel en reparación de tejidos dañados y protector de infecciones específicas. De todas formas, individuos sin Lp(a) o con niveles muy bajos no presentan problemas de salud relacionados con esa carencia, por lo que sabemos que esta partícula no es vital, al menos en condiciones ambientales normales.

La Lp(a) tiene mucha facilidad para introducirse en la pared arterial y también es capaz de producir daño con mayor facilidad que otras partículas de colesterol. Aumenta la posibilidad de formación de trombos (reduce la fibrinolisis, aumenta la trombogénesis) y transporta colesterol y los fosfolípidos oxidados más aterogénicos, con mayor actividad proinflamatoria, lo que que produce proliferación de la célula muscular lisa de la pared arterial y aumenta la aterosclerosis.

¿Cuando se debe medir los niveles de lipoproteína (a)?

La Sociedad Europea de Aterosclerosis recomienda la medición de esta partícula en todos los individuos con riesgo cardiovascular moderado o alto o que presenten:

  • enfermedad cardiovascular prematura (varones antes de los 55 y mujeres antes de los 65 años).
  • hipercolesterolemia familiar
  • historia familiar e enfermedad cardiovascular prematura y/o niveles elevados de Lp(a)
  • enfermedad cardiovascular recurrente a pesar del tratamiento con estatinas
  • riesgo cardiovascular a los 10 años igual o mayor del 3% (guías europeas)
  • riesgo cardiovascular igual o superior al 10% (guías USA)

Sólo se recomienda repetir la medición de los niveles para ver la respuesta al tratamiento.

¿Cuales son los niveles normales de Lp(a)?

normal: menor de 14 mg/dL

riesgo limítrofe: entre 14 y 30 mg/dL

alto riesgo: entre 31 y 50 mg/dL

muy alto riesgo: mayor de 50 mg/dL

¿Cuánto y cómo disminuir estos niveles elevados de Lp(a)?

Se recomienda disminuir los niveles de Lp(a) por debajo de 50 mg/dl

Los niveles de esta partícula sólo se ven muy ligeramente afectados por la dieta, el ejercicio y otros factores ambientales. Tampoco responde adecuadamente a la medicación que normalmente empleamos para disminuir el colesterol (estatinas y fibratos), aunque un metaanálisis  japonés sugiere que la atorvastatina sí podría disminuirla.

También se ha evidenciado niveles más elevados en poblaciones homogéneas vegetarianas en comparación con las que consumen pescado, con lo que se especula con los beneficios de los aceites Omega-3. Otros estudios sugieren un descenso de esta lipoproteína con un consumo regular y moderado de alcohol, mientras otros lo desmienten.

En el momento actual, el tratamiento más simple para disminuir la Lp(a) es la niacina, de 1 a 3 gramos al día en formulación de liberación retardada. Este tratamiento disminuye los niveles en un 20-30%, aunque los frecuentes efectos secundarios (dolor de cabeza, sofocación y toxicidad hepática) limitan importantemente la adherencia al tratamiento. El protocolo Linus Pauling recomienda diariamente tomar de 6 a 8 gramos de ácido ascórbico, 6 g de L-lisina y 2 g de L-prolina y asegura que puede reducir sus niveles entre 2 y 5 veces en pocos meses.

La aspirina, la L-carnitina, el tratamiento de reemplazamiento hormonal con testosterona también parece que pueden disminuir sus niveles. La Gingko biloba, la Coenzima Q-10 y el extracto de corteza de pino también se han relacionado con un descenso de la Lp(a) aunque no existen estudios contrastados que lo demuestren.

El inhibidor del PCSK9 evolocumab también han demostrado que es capaz de disminuir los niveles de Lp(a), pero su precio elevado y falta de indicación formal para este tipo de tratamiento dificulta su empleo.

Al menos una compañía farmaceútica, Ionis Pharmaceuticals está desarrollando un medicamente específico para conseguir su descenso, pero aún está en fase de desarrollo y podría tardar años su comercialización.

En conclusión, la lipoproteína (a) es un importante factor de riesgo cardiovascular que habitualmente no se conoce. A pesar de que no existen tratamientos idóneos para lograr un descenso de la Lp(a) es necesario conocer sus niveles, cuando está indicado. Si se encuentran elevados, deberíamos hacer un control agresivo de los otros factores de riesgo más fácilmente modificables, como podría ser lograr un mayor descenso del LDL-colesterol o un control más estricto de la glucosa en sangre y de la tensión arterial, así como incidir en la necesidad de realizar ejercicio físico y una dieta saludable.




¿Conocemos los niveles óptimos de LDL colesterol?

Bueno, pues como veis, soy pesado hasta la saciedad con mis post dedicados a la prevención de la enfermedad cardiovascular. Pienso aportaros toda la información relevante al respecto, ya que casi todos los médicos estamos de acuerdo que es mucho más eficaz y aporta mejores resultados prevenir una enfermedad que curarla. Esto es mucho más cierto si se trata de una enfermedad silente; es decir, que no da ningún síntoma hasta que algo (habitualmente grave) ocurre. Es el caso de la enfermedad cardiovascular. Durante años se van dañando las paredes de nuestras arterias sin que nosotros notemos ningún síntoma. Hasta que llega al punto que esa arteria está tan estrecha o incluso ocluida totalmente. Momento en el que aparecen todos los síntomas.

Frecuentemente tengo problemas para que mis pacientes acepten el tratamiento que les propongo para bajar los niveles de colesterol. Es difícil convencerles de que tienen que tomar diariamente una pastilla para prevenir algo que ellos no notan.

¿Pensáis que cuando esas paredes arteriales están muy dañadas es posible recuperarlas totalmente? No, hoy por hoy no lo es. Podemos abrir los puntos en los que las arterias están muy estrechas. Pero lo que que hacemos en realidad es poner parches, ya que la enfermedad afecta a todo nuestro sistema arterial y como comprenderéis es imposible dilatar todas las estreches arteriales que puedan existir. De hecho, muchas veces toda la arteria está más o menos estrecha en su conjunto.

Pues…, toda esta introducción para contaros que el LDL colesterol es el principal factor de riesgo que produce ese estrechamiento de las arterias. También sé que la mayoría estáis un poco hartos de que los médicos que nos dedicamos a la prevención estemos cada vez bajando más los límites que consideramos saludables, tanto de la tensión arterial como del colesterol.

Según las guías actualmente vigentes, los objetivos para el LDL colesterol son menores de 115 en la población de bajo o moderado riesgo, menores de 100 en la población de alto riesgo e inferiores a 70 en la de muy alto riesgo… pero ¡todo sigue cambiando!

Como ya os conté, siguen apareciendo estudios que demuestran que cuanto más bajo están nuestros niveles de LDL colesterol, tenemos menor riesgo de presentar un problema cardiovascular y además sin tener efectos secundarios ligados a esas cifras tan bajas de colesterol.

Un nuevo estudio español; el estudio PESA (Progression of Early Subclinical Atherosclerosis) evidencia aparición de aterosclerosis a partir de niveles tan bajos de colesterol LDL como de 50-60 mg/dl. Conforme los niveles de LDL-colesterol van aumentando hay un incremento lineal significativo de la prevalencia de aterosclerosis, desde un 11% en el tramos de 60 a 70 mg/dl hasta 64% en el tramo desde 150 a 160 mg/dl.

Este estudio se realizó en un población teóricamente exenta de factores de riesgo coronario, según cómo los definimos en la actualidad y se descubrió que un 30% de esta población tenía aterosclerosis en múltiples localizaciones arteriales. Se demostró que cuando existía un óptimo control de los factores de riesgo, el desarrollo de aterosclerosis estaba muy relacionado con dos factores no modificables (edad y sexo masculino) y otro que sí lo era (colesterol-LDL).

Estos niveles de entre 50 y 60 mg/dl no sólo se corresponderían con los que el colesterol no produce aterosclerosis, sino también con los niveles en los que se puede conseguir cierta regresión de la aterosclerosis ya producida.

Como ya expliqué en una entrada previa, tenemos a nuestra disposición tratamientos que nos permiten alcanzar estos niveles tan bajos de LDL colesterol. Ahora la pregunta es: ¿A quien tenemos recomendar tratamientos para conseguir estos niveles de LDL? ¿Por qué no hacerlo a toda la población, independientemente de su nivel de riesgo?

Parece claro que debemos tratar de identificar otros factores que nos indiquen qué segmento de la población es más proclive a desarrollar aterosclerosis incluso con esos niveles tan bajos de LDL-colesterol, para así poder dirigir el tratamiento hacia ellos. De otra forma, actualmente la inmensa mayoría de la población necesitaría ese tipo de tratamiento a partir de una temprana edad.