¿ESTAMOS HACIENDO LO MEJOR POSIBLE EN LA ACTUAL PANDEMIA?

Coronavirus

Hechos demostrados de la infección por SARS-CoV-2 (Coronavirus)

  1. La mortalidad resulta mucho menor cuando hacemos un mayor número de test a la población. Por ejemplo:
  • Italia: mortalidad del 8,6%, con 3422 test realizados por millón de habitantes; 
  • España: mortalidad de 5,1%, con 642 test realizados por millón de habitantes; 
  • Reino Unido: mortalidad del 5,1%, con 987 test realizados por millón de habitantes

frente a:

  • Noruega: mortalidad del 0,4%, con 8.067 test realizados por millón de habitantes.
  • Alemania: mortalidad del 0,3%, con 1.910 test realizados por millón de habitantes.
  • Corea del Sur: mortalidad del 1,1%, con 6.176 test realizados por millón de habitantes.

Tiene una fácil explicación: si también analizamos a la población con escasos síntomas o incluso sin ellos, la detección de casos es mucho más elevada y por lo tanto la mortalidad relativa desciende dramáticamente.

Se estima que, si se hicieran pruebas generalizadas a toda la población, la mortalidad del COVI-19 sería inferior al 1% (como los datos de Noruega y Alemania). Por otra parte, ha de tenerse en cuenta el envejecimiento de la población de cada país en particular, dado que la mortalidad será mayor en los países más envejecidos.

También hay que tener en cuenta que esas cifras de mortalidad se podrían doblar en el caso de un colapso sanitario. 

2. La mortalidad se concentra especialmente en los pacientes de mayor edad.

  • En Italia el 85,9% de las muertes ocurren en pacientes mayores de 70 años y el 96,1% en mayores de 60 años.
  • En China el 81% de las muertes ocurre en pacientes mayores de 60 años.
  • En Corea del Sur el 72,3% de las muertes ocurre en pacientes de más de 70 años y el 90,4% en mayores de 60 años.
  • En España, el 87,6% de las muertes ocurren en pacientes mayores de 70 años.

3. También los paciente con enfermedades previas tienen una mayor mortalidad (enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, diabéticos, pacientes con cáncer)

Sabemos que, según los modelos matemáticos difundidos, existen dos tipos de curva de la enfermedad, según se tomen o no medidas de cuarentena más o menos estrictas. 

La primera, sin medidas de cuarentena o con medidas poco estrictas, sería con un pico temprano y una recuperación también temprana en cuestión de aproximadamente 45 días. Esta forma de comportarse la pandemia sobrepasaría con mucho las capacidades de nuestro sistema sanitario, con lo que se producirían muchos fallecimientos que podrían haberse evitado si el sistema sanitario no se hubiera colapsado.

La segunda, reflejando un aislamiento estricto de toda la población, sería una curva con un pico tardío y con una recuperación también tardía varios meses después. Supondría un goteo de contagios, asumible por el sistema sanitario. Es el ideal para disminuir el número de fallecimientos.

El primer modelo es el que mayor número de muertes conlleva, debido al colapso del sistema sanitario, aunque bastante limitado en el tiempo y por lo tanto, con una escasa repercusión económica.

El segundo modelo es el mejor para poder controlar la enfermedad y disminuir al máximo la mortalidad de la misma, pero también el que mayores consecuencias acarrea en relación a la paralización del país, con un enorme coste económico y social.

En el caso de España, el 90% de los fallecimientos se detecta en la población mayor de 60 años, que es en la actualidad de 12.043.384 personas en España (25,6% de la población).

De acuerdo con los datos de Italia, con la que tenemos un perfil demográfico similar en cuanto a envejecimiento de la población, podríamos inferir que, si se estima que un máximo del 70% de la población va a ser infectada y asumiendo que la infección se va a distribuir por igual en todos los grupos de edad*, se infectarían unos 33 millones de personas. 

Las actuales cifras de mortalidad también están sobrestimadas en España por lo comentado anteriormente sobre el bajo número de test realizados a la población. 

Aún así, sabiendo las actuales mortalidad por edades, en el peor escenario y dejada la enfermedad a su curso natural, fallecerían 580,000 personas de más de 60 años y 65.000 del resto de edades; siendo destacable que, hasta ahora, no hay fallecimientos por debajo de 20 años.

Es decir, los mayores de 60 años acumulan el 90% de la mortalidad.

Entonces, siendo los números así de claros, por qué razón se les da el mismo trato a todos los grupos de riesgo, utilizando las mismas medidas preventivas para todos.

¿No sería más lógico emplear la mayor parte de los esfuerzos de esta cuarentena, tanto económicos como de recursos en esta población, que representa el 90% de la mortalidad global? 

En mi opinión, se deberían emplear recursos extraordinarios en asegurar el estricto aislamiento, con el aporte de todos los recursos necesarios, en residencias de mayores, en la población de mayor edad y también de los enfermos de otras patologías que aumentan el riesgo después del contagio. Se deberían emplear la mayor parte de los recursos en prevenir la enfermedad a este segmento de pacientes mayores y con patologías previas.

Al mismo tiempo, aunque la mortalidad de enfermos por debajo de 60 años es bastante inferior al 1%, supondría una cifras inadmisiblemente elevadas de fallecidos (65.000), por lo que también se deberían tomar medidas para este segmento de población, quizá diferentes, con el fin de compatibilizar la mejor prevención posible junto a la continuación de una cierta actividad económica que permitiera que el coste social y laboral fuera mucho menor durante la crisis y también tras su finalización.

¿Es posible adoptar medidas de control de la enfermedad que supongan una mayor protección para la población más vulnerable, junto a un mantenimiento de cierta actividad económica, disminuyendo a la vez el número de fallecidos?

*No es correcto que la población se vaya a infectar por igual, ya que los jóvenes con mayor movilidad social serían los que más contagios tendrían y los que tienen una mortalidad menor.

Referencias

  1. John Hopkins University Medicine
  2. ¿Por qué las cifras de muertes asociadas al coronavirus son más altas en Italia y España que en Corea de Sur? Raul Sánchez
  3. Instituto nacional de estadística
  4. Ministerio de Sanidad. Gobierno de España



COVID-19 Actualización

Actualizaré en esta entrada del blog, cualquier información que a mi juicio pueda ser de interés público, incidiendo especialmente en las relacionadas con problemas cardiológicos.

Antes que nada decir que, hasta lo que hoy se sabe, todos las personas tienen el mismo riesgo de contraer la infección, aunque existen grupos con más probabilidad de desarrollar la enfermedad y que esta pueda ser más grave.

1/8/2020

EL OMEPRAZOL PUEDE AUMENTAR EL RIESGO DE INFECCIÓN POR SARS-CoV-2

Los fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP), también conocidos como los “prazoles” son medicamentos ampliamente usados en la población general con el fin de tratar la pirosis (acidez gástrica), el reflujo gastroesofágico o como “protectores gástricos”. En este grupo está el muy conocido omeprazol, entre otros.

A estos fármacos se les ha relacionado con múltiples efectos secundarios no confirmados en posteriores estudios, como fracturas óseas y enfermedad renal crónica. También se les ha relacionado con un aumento del riesgo cardiovascular

Se ha confirmado que la utilización de estos fármacos aumenta un 33% el riesgo de infecciones intestinales.

La razón es porque estos fármacos producen hipoclorhidria; una disminución de la secreción de ácido clorhídrico en nuestro estómago, que es fundamental en el proceso de la digestión y también útil en la función defensiva frente a microorganismos que ingresan en nuestro cuerpo por vía digestiva. 

El ácido clorhídrico produce una disminución del pH del estómago por debajo de 3, lo que representa un entorno muy hostil para la supervivencia de la mayoría de microorganismos. Entre ellos se encuentra el virus SARS-CoV-1, que es muy parecido al responsable de la pandemia actual. 

Por todo ello, un gupo de trabajo de dos hospitales en Los Ágeles y Ann Arbor, han publicado recientemente un estudio observacional para evaluar el riesgo de tener una infección por SARS-CoV-2 en pacientes que estaban en tratamiento con IBP.

Los resultados fueron que los pacientes en tratamiento con IBP presentaban más tasas de infección por el virus. El riesgo más alto lo tenían los paciente que tomaban la medicación dos veces al día, cuadriplicando el riesgo de los que no tomaban esos fármacos. 

Por todo ello se aconseja no tomar IBP a menos que sea realmente necesario y en el caso de tener que tomarlos, hacerlo a las dosis más bajas efectivas. 

17/06/2020

DEXAMETASONA Y COVID-19

Existe un estudio comprueba la utilidad, en los casos graves de COVID-19, de un fármaco que ya se utilizaba desde las pocas semanas del inicio de la pandemia: la dexametasona.

Como ya se pensaba es útil en la fracción de pacientes que presentan la llamada «tormenta de citoquinas». Dicha complicación es la responsable de la mayor gravedad de la enfermedad. La que lleva a la intubación del paciente y enalgunas ocasiones al su fallecimiento.

Se produce por una desmesurada reacción inmunitaria del paciente, que además de atacar al virus, produce lesiones en los tejidos propio del paciente, principalmente los pulmones.

La dexametasona, como el resto de los corticoides y como el tocilizumab, disminuyen esa respuesta inmunitaria y son útiles en esa fase de la enfermedad.

12/05/2020

COVID-19 y ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

Nuevas consideraciones sobre COVID-19 y pacientes con enfermedad cardiovascular

La COVID-19 es una enfermedad leve en la mayoría de las personas, pero en algunos puede progresar a una una afectación respiratoria severa, caracterizada por un síndrome hiperinflamatorio (también llamada tormenta de citoquinas), fallo multiorgánico y muerte.

En el pulmón, la espícula de glucoproteína vírica interactúa con el receptor de la angiotensina-2 y se mete en la célula por endocitosis.

Los factores asociados con un aumento de la mortalidad en los pacientes hospitalizados son:

  • ser varón
  • edad mayor de 65 años
  • enfermedad coronaria
  • insuficiencia cardiaca
  • arritmia cardiaca
  • enfermedad pulmonar obstructiva crónica
  • ser fumador activo

No existen indicios de que el tratamiento con los fármacos para la hipertensión denominados IECAs (inhibidores de la enzima de la conversión de la angiotensina) ni los ARA-2 (antagonistas de los receptores de la angiotensina 2) puedan aumentar el riesgo de los pacientes que los toman. Existe incluso un estudio que, junto a las estatinas, les adjudican un papel protector.

Tampoco tratamientos para la diabetes, antiagregantes plaquetarios ni beta bloqueantes suponen ningún riesgo para los pacientes que los toman.

Las mujeres tienen un mejor inmunidad y resistencia a los virus que los varones. Esa es la razón de que tras la extirpación de los ovarios o del tratamiento con antagonistas de los receptores de los estrógenos aumentaba la mortalidad de animales hembras infectadas por SARS-CoV-1.

En cuanto al tratamiento del SARS-Cov-2 sólo el remdesivir (antivírico inicialmente utilizado para el tratamiento del Ébola) ha demostrado cierta eficacia. Los tratamientos con hidroxicloroquina y azitromicina no han demostrado una mejor evolución de los pacientes infectados.

Diabetes e hipertensión

Los estudios que nos han llegado de China evidencian que existe una alta proporción de pacientes hipertensos y diabéticos entre los fallecidos de la COVID-19.

La verdad, es que la razón no se ha aclarado y que posiblemente pueda deberse simplemente al hecho de que la prevalencia (incidencia) de la hipertensión y la diabetes entre las personas de más edad, que son las que más se mueren de esta enfermedad, también es más elevada. 

Riesgo en pacientes con problemas cardiacos

Se sabe que tienen un riesgo más elevado de presentar una mala evolución de la COVI-19 los siguientes pacientes

  • Inmunodeprimidos: los transplantados, los que reciban quimioterapia o radioterapia extensa. También los pacientes con leucemia o linfoma y que presenten una enfermedad cardiaca.
  • Personas de mayor edad (más de 60 -70 años). Ancianos frágiles y embarazadas con enfermedad cardiovascular.
  • problemas cardiacos como la insuficiencia cardiaca, miocardiopatía dilatada, miocardiopatía arritmogénica del ventrículo derecho y paciente con cardiopatía congénita cianótica.
  • También los pacientes con miocardiopatía hipertrófica obstructiva.
  • Los pacientes con síndrome de Brugada son particularmente vulnerables a arritmias fatales cundo la temperatura corporal supera los 39ºC, por eso deben de ser tratados de una forma agresiva para disminuir su temperatura corporal en caso de padecer la enfermedad.

No existe evidencia que el virus pueda infectar marcapasos ni desfibriladores o que pueda causar endocarditis (infecciones valvulares) en paciente que presenten problemas en las válvular cardiacas.

9/4/2020

Aquí os pongo el enlace de una excelente guía (en inglés) de lo que hay que saber en relación al COVID-19 y el corazón. En ella hay desde consideraciones generales a específicas de algunas cardiopatías, medidas preventivas, dudas acerca de la medicación y ayuda sobre la forma de encontrase mejor emcionalmente.

18/3/2020

ESTABILIDAD DEL VIRUS SARS-CoV-2 en diferentes superficies

Un reciente estudio demuestra que la viabilidad del virus más prolongada es en acero y plástico, que llega a ser de hasta 72 horas. En cambio, la viabilidad en cobre (monedas) no es superior a las 4 horas ni a las 24 horas en cartón.

17/3/2020

IECAs / ARA-2 y COVID-19

Un reciente estudio publicado en la revista European Heart Journal concluye que, según los datos actuales, los tratamientos con IECAs o ARA-2 deben mantenerse en pacientes con hipertensión, infarto de miocardio e insuficiencia cardiaca sin son tolerados, sin tener en cuenta el virus SARS-CoV-2. No se recomienda la retirada de estos fármacos, ya que hacerlo puede incluso aumentar la mortalidad en pacientes COVID-19 críticos.

Con respecto al posible riesgo aumentado, tanto de desarrollo de la enfermedad como de mayor gravedad de la misma, de los pacientes hipertensos en tratamientos con IECAs (captopril, enalapril, lisinopril, ramipril, fosinopril,…) o con ARA-2 (losartan, candesartan, valsartan, olmesartan, irbersartan, telmisartan,…) estas son las últimas recomendaciones:

El día 17 de marzo, el American College of Cardiólogy (ACC), la American Heart Association (AHA) y la Heart Failure Society of America (HFSA), hicieron una declaración a este respecto.

«En este momento no hay datos experimentales ni clínicos que demuestren efectos adversos o beneficiosos con el uso de IECAs, ARA-2 ni otros inhibidores del sistema renina-angiotensina durante la actual pandemia por COVID-19, ni tampoco entre los pacientes enfermos de COVID-19 con historia de enfermedad cardiovascular y tratados con estos agentes. La HFSA, ACC y AHA recomiendan la continuación de este tipo de fármacos para los pacientes que los estuvieran tomando para cualquiera de sus indicaciones como insuficiencia cardiaca, hipertensión o cardiopatía isquémica. En el caso de pacientes con COVID-19, se tomarán decisiones individualizadas dependiente de la situación hemodinámica de cada paciente y de la presentación clínica. Por lo tanto, se recomienda no añadir ni quitar ninguno de estos fármacos más allá de las acciones basadas en la práctica clínica estándar.

Según las últimas declaraciones al respecto, del 13 de marzo, de la Sociedad Europea de Cardiología, se recomienda no suspender estos tratamientos, dada la inexistencia de evidencia que apunte a ese riesgo incrementado

También la Agencia española de Agencia española de medicamentos y productos sanitarios, con fecha 16 de marzo, publica lo siguiente:

Ante la aparición de algunas publicaciones sugiriendo que el tratamiento con antihipertensivos del tipo IECA y/o ARAII podría ser un factor de riesgo de gravedad para pacientes hospitalizados infectados con el COVID-19 o que el tratamiento con ARAII podría actuar como factor de protección, la AEMPS recomienda:

  • Los pacientes en tratamiento con medicamentos de estos grupos deben continuar con el tratamiento, sin que actualmente esté justificada una modificación del mismo.En los pacientes con infección por COVID-19 con síntomas severos o sepsis, tanto los antihipertensivos que actúan sobre el sistema renina angiotensina como otro tipo de antihipertensivos, deben de manejarse de acuerdo con las guías clínicas, teniendo en cuenta la situación hemodinámica del paciente.

16/3/2020

IBUPROFENO y COVID-19

Según nota de prensa del 15 de marzo de la Agencia española de medicamentos y productos sanitarios ningún dato indica que el ibuprofeno agrave las infecciones por COVID-19.

Añade que:

La posible relación entre la exacerbación de infecciones con estos ibuprofeno y ketoprofeno se están evaluando para toda la Unión Europea en el Comité de Evaluación de Riesgos en Farmacovigilancia.

Los pacientes que estén en tratamiento crónico con ibuprofeno o ketoprofeno no deben interrumpirlo

Las guías recomiendan como primera alternativa el uso de paracetamol para eltratamiento de la fiebre pero no está contraindicado el uso de ibuprofeno en el tratamiento de síntomas menores




COVID-19

Coronavirus (COVID-19)

Aunque soy consciente de que este no es un tema puramente cardiológico, dada la alarma que está produciendo esta nueva enfermedad y la circunstancia añadida de que es más peligrosa en los paciente con enfermedad cardiovascular, he creído oportuno escribir este post.

A mi parecer, la información exacta es la mejor manera de combatir el pánico. Por el contrario, la desinformación y dejar que la población crea que se les oculta algo, es la mejor manera de acrecentarlo.

En primer lugar voy a caracterizar esta nueva enfermedad.

La enfermedad conocida como COVID-19 está producida por un Betacoronavirus (2019-nCoV o SARS-CoV-2), nuevo para la especie humana. Es un virus similar a los responsables de dos enfermedades graves: el SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome) y el MERS (Middle East Respiratory Syndrome), con mortalidades del 9.6% y del 34% respectivamente, pero también con importantes diferencias. Las dos principales: una mortalidad mucho menor y una mayor capacidad de contagio.

La infección se produce mayoritariamente en varones (58%) de entre 30 y 70 años. 

Es del 0.9% en menores de 15 años, con una mortalidad, hasta ahora, del 0% en menores de 9 años. Un 3% de los pacientes con la enfermedad tienen más de 80 años, presentando este grupo una mortalidad de hasta el 15%. En el grupo de entre 70 y 79 años también se ha descrito una mayor mortalidad, que podría ser de hasta el 8%.

La transmisión predominante es por vía respiratoria, mediante las gotitas (gotitas de Flüegge) que se pueden producir al hablar o preferentemente al toser de los pacientes infectados. También se encuentra el virus en heces y en la sangre de los pacientes infectados.

Las gotitas que transmiten el virus son relativamente grandes, lo que implica que no se mantienen en el aire durante mucho tiempo. De ahí la recomendación de mantenerse alejado de las personas posiblemente infectadas. Nos infecta tras el contacto de esas gotitas con alguna de nuestras mucosas. Las más frecuentes: los ojos (conjuntiva), la nariz y la boca. 

Por otra parte, se sabe que el virus puede permanecer activo en superficies como metal, plástico, cristal,… hasta 9 días. Esa es la razón de la gran importancia a la desinfección no sólo de nuestras manos (que es fundamental) sino de todo lo que pueda haber estado en contacto con el virus.

Para el lavado de las manos el jabón es suficiente, aunque también es adecuado el alcohol o el agua oxigenada. Para la limpieza de las superficies se recomienda la lejía. 

Se cree que a partir de los 30oC el virus podría perder actividad, por lo que la epidemia disminuirá importantemente cuando comience el calor. 

El diagnóstico de la enfermedad se realiza analizando muestras de secreciones nasofaríngeas, que se obtienen con facilidad y de forma indolora con un lavado nasal. Pero sólo demuestra inicialmente la existencia de la infección en el 70% de los enfermos. Esa es la razón de que los pacientes con sospecha de estar infectados deben permanecer aislados, aún con una prueba negativa.  

Aunque aún es muy pronto para saberlo con exactitud, el número básico de reproducción de la enfermedad (R0) se cree que está entre 2 y 4, lo que significa que un paciente infectado lo transmite, de media, a entre 2 y 4 personas, Con ese número de reproducción, la enfermedad se dobla en número cada semana, aproximadamente. Una enfermedad altamenta contagiosa, como el sarampión, con un R0 de entre 12 y18, se expande con mucha rapidez, mientras que las infecciones con R0 de 1 o inferior tienden a desaparecer. 

A diferencia de la pandemia de la gripe A (H1N1) del 2009 y de la gripe común, con un Rde, aproximadamente 1.5, la del COVID-19 es bastante superior (entre 2 y 4) y similar a la pandemia de gripe de 1918 (gripe española), que se estima mató a 50 millones de personas. 

El periodo de incubación de la enfermedad es de hasta 14 días, con una media de 4 días. Aunque hay algún estudio que sugiere que podría ser de hasta 24 días y existen estudios recientes que sugieren que la reinfección de un mismo paciente también es posible.

Los síntomas más frecuentes son la fiebre, que se desarrolla hasta en el 89%de los pacientes, aunque inicialmente sólo la presentan el 44% de los recientemente infectados. El 68% de los pacientes presentan tos. Las náuseas y vómitos (5%) y la diarrea (3.8%) son mucho menos frecuentes. 

Las alteraciones de la radiografía de tórax (mayoritariamente con patrón en “vidrio deslustrado”) se evidencian en la mayoría de los pacientes, aunque no se detectan en el 18% de los enfermos. 

Como hallazgos analíticos, la linfopenia (pocos linfocitos en sangre) es el rasgo más frecuente (83%).

Durante la evolución de la enfermedad, la gran mayoría de los pacientes se curan sin mayores problemas y sin un tratamiento específico, aunque el 5% requieren ingreso en UCI y el 2.3% precisan intubación. 

En cuanto al tratamiento de la enfermedad, en casos leves sólo medidas generales y tratamiento sintomático, como reposo, una buena hidratación.

En casos más severos o cuando hay factores de riesgo añadidos, existen fármacos antivíricos y antipalúdicos que están demostrando cierta eficacia contra la progresión de la enfermedad.

La mortalidad del cuadro se estimó inicialmente del 15%, posteriormente se redujo al 2,3% y actualmente al 1.4%, aunque probablemente sea inferior al 1% (muy similar a la de la gripe en España en la temporada 2018 – 2019, que fue de aproximadamente del 1.2%)

¿Cómo se explican estos cambios en las cifras de mortalidad?

Al inicio de la enfermedad sólo se diagnosticaban los casos graves que acudían al hospital y es en ellos donde se centra la mayor mortalidad. Posteriormente, al ir diagnosticando también casos leves, la mortalidad relativa fue disminuyendo. En este mismo momento se cree que es una enfermedad con un abanico muy amplio de severidad. Desde casos muy leves, con muy pocos síntomas, a la enfermedad muy grave que acaba con la muerte. Por lo tanto, los epidemiólogos siguen pensando que existen muchos casos (algunos dicen que hasta 2/3) sin diagnosticar. Con lo cual, si estos enfermos entraran en la ecuación del cálculo de la mortalidad, esta sería muy inferior. 

La mortalidad se agrupa más frecuentemente en pacientes de edad avanzada y con patologías previas. De esta forma, fallecen el 10% de los pacientes que presentan una enfermedad cardiovascular de base, el 7% de los diabéticos, el 6% de los que padecen una patología respiratoria previa, el 6% de los hipertensos y el 5.6% de los que presentaban algún tipo de cáncer.

Entonces, ¿cuál es la razón de toda esta alarma si la mortalidad es similar a la de la gripe común y además posiblemente todos tengamos en el futuro contacto con el virus?

La razón es la derivada de las consecuencias de su mayor número básico de reproducción (R0), posiblemente similar a la de la pandemia de gripe de 1918 (también llamada gripe española), que dejó unos 50 millones muertos. 

Algunos expertos estiman que la mitad de la población mundial se verá afectada en la actual pandemia y producirá más de 100 millones de muertes.

La enfermedad se extiende con rapidez y aunque sólo el 5% precisen ingreso en UCI y algo más del 2% necesiten ventilación mecánica, este porcentaje es inasumible por el sistema sanitario de cualquier país si ocurre en un corto espacio de tiempo. En ese caso, se podría llegar a tener que elegir qué pacientes se van a tratar en UCI con ventilación mecánica y cuales no, a pesar de necesitarlo todos ellos, por falta de los recursos necesarios. 

Por lo tanto, el aislamiento, aconsejado por las autoridades sanitarias, tiene mucho sentido para disminuir el crecimiento rápido y descontrolado del número de infectados, con el fin de que los que precisen de mayor atención e ingreso hospitalario encuentren en el sistema sanitario los recursos suficientes para poder tratarlos adecuadamente. Además, si podemos mantener a la mayor parte de población libre de enfermedad durante esta temporada, los meses de mayor calor también dificultarán la transmisión de la enfermedad.

Esta estrategia contrasta llamativamente con la que aparentemente está tomando el Reino Unido, en el que prácticamente se asume que todos sus ciudadanos pasarán la enfermedad, muchos morirán y el resto se inmunizarán (aún no está muy claro, por los casos de reinfección). Lo que no han dicho es cómo solucionarán el probable colapso sanitario al que, en poco tiempo, harán frente. 

En conclusión: la nueva enfermedad COVID-19 es más contagiosa que la gripe común y que la gripe A (H1N1) y produce una mortalidad similar, cuando se tratan correctamente los casos graves. Es responsabilidad de todos cumplir estrictamente las recomendaciones de las autoridades sanitarias para poder pasar esta pandemia con el menor daño posible desde el punto de vista personal y también como sociedad. 

Muchos se cuestionan si las restricciones que se toman no están atentando contra las libertades individuales, sin plantearse cuáles son los derechos de la población en riesgo de ser infectada. 

Por favor, seamos solidarios y pensemos que cuanto más gente cumpla con su parte del plan protegeremos la vida de un mayor número de personas.

Bibliografía:

  1. Presumed Asymptomatic Carrier Transmission of COVID-19. Yan Bai, MD1; Lingsheng Yao, MD2; Tao Wei, MD3; et alFei Tian, MD4; Dong-Yan Jin, PhD5; Lijuan Chen, PhD1; Meiyun Wang, MD, PhDn. JAMA. Published online February 21, 2020. doi:10.1001/jama.2020.2565
  2. Molecular and serological investigation of 2019-nCoV infected patients: implication of multiple shedding routes. Zhang W1, Du RH2, Li B1, Zheng XS1, Yang XL1, Hu B1, Wang YY1, Xiao GF1, Yan B1, Shi ZL1, Zhou P1. Emerg Microbes Infect. 2020 Dec;9(1):386-389. doi: 10.1080/22221751.2020.1729071.
  3. Clinical Characteristics of Coronavirus Disease 2019 in China. Wei-jie Guan, Ph.D., Zheng-yi Ni, M.D., Yu Hu, M.D., Wen-hua Liang, Ph.D., Chun-quan Ou, Ph.D., Jian-xing He, M.D., Lei Liu, M.D., Hong Shan, M.D., Chun-liang Lei, M.D., David S.C. Hui, M.D., Bin Du, M.D., Lan-juan Li, M.D., et al., for the China Medical Treatment Expert Group for Covid-19. NEJM. February 28, 2020. DOI: 10.1056/NEJMoa2002032
  4. Coronavirus Disease 2019 (COVID-19): Protecting Hospitals From the Invisible. Ann Intern Med. 2020. DOI: 10.7326/M20-0751
  5. Covid-19 — Navigating the Uncharted. Anthony S. Fauci, M.D., H. Clifford Lane, M.D., and Robert R. Redfield, M.D. NEJM. February 28, 2020. DOI: 10.1056/NEJMe2002387
  6. Persistence of coronaviruses on inanimate surfaces and their inactivation with biocidal agents G. Kampfa,∗,Correspondence information about the author G. KampfEmail the author G. Kampf, D. Todtb, S. Pfaenderb, E. Steinmannb. The Journal of hospital Infection. March 2020. Volume 104, Issue 3, Pages 246–251.



El colesterol bueno… ¿lo es realmente?

HDL-colesterol

De todos es conocido que dentro de lo que que medimos en la sangre como colesterol total existen dos fracciones diferentes: el HDL-colesterol o colesterol bueno y protector y el LDL-colesterol o colesterol malo. Sabemos con seguridad que un nivel elevado en sangre de LDL colesterol de forma sostenida se asocia a un mayor riesgo de padecer problemas cardiovasculares y hasta ahora también pensábamos que un nivel de HDL colesterol elevado nos protegía de dichos problemas. Pero… ¿es realmente así?

Se considera al HDL-Colesterol como bueno porque es el unido a una lipoproteína encargada de recoger el colesterol de la sangre y llevarlo al hígado para degradarlo. Digamos que es la proteína encargada de limpiar el exceso de colesterol de la sangre. Por lo tanto, es lógico pensar que cuanto mayores sean sus niveles, menores serán los niveles circulantes del colesterol perjudicial.

También sabemos que unos niveles bajos de HDL-colesterol se asocian a un riesgo aumentado de padecer un problema cardiovascular. Sin embargo, hasta ahora no se han realizado estudios sobre las consecuencias de tener un HDL-colesterol muy elevado.

En un reciente estudio sobre 5.965 pacientes, publicado en el European Heart Jornal, los investigadores encontraron que los niveles de HDL-colesterol con respecto al riesgo cardiovascular presentaban una curva en forma de U, siendo los pacientes que tenía unos niveles de HDL intermedios (entre 41 y 60 mg/dl) los que tenían un menor riesgo cardiovascular, aumentando el riesgo tanto en cifras mayores como menores a ese rango.

Concluyeron, por lo tanto, que unos niveles elevados de HDL-colesterol se asocian de forma paradójica a un riesgo aumentado de eventos cardiovasculares en la población de riesgo, sugiriendo la existencia de un HDL disfuncionante, con una protección disminuida.

Como conclusión decir que si bien tener un HDL-colesterol bajo aumenta el riesgo cardiovascular, no está nada claro que tener un HDL-colesterol elevado tenga un efector protector, pudiendo incluso aumentar el riesgo.




Alimentación restringida en el tiempo… y feliz año

Feliz 2020

Hola a todos. Los que me conocéis bien sabéis que soy bastante cabezota y que cuando me da por algo y sobre todo por algo en lo que de verdad creo, no paro hasta que consigo convencer a la gente que me importa de lo bueno que puede ofreceros ese algo. Y vosotros me importáis.

En este caso es por enésima vez en relación al ayuno intermitente y a su última matización: «Alimentación restringida en el tiempo»

Os preguntareis por qué a alguien que ni os conoce, ni sabe nada de vosotros, ni de vuestra vida, podéis importarle lo más mínimo. Buena pregunta, y aunque no tengo una contestación razonada, sí os puedo dar algunos argumentos: los míos.

Importarte algo, querer, amar o preocuparte por algo es un sentimiento que muchas veces tiene como base la de cómo te han tratado a ti determinadas personas, de lo que han hecho por ti, o por cosas y vivencias en común. Otras, sin embargo, se basan en inexplicables sentimientos ligados a lazos de sangre o a sentimientos más elevados de amor a la raza humana, a todos lo seres vivos o al naturaleza en general.

Sea como sea, querer es un sentimiento no racional. Ya que como todos sabemos, a veces queremos incluso a personas que nos hacen daño. Y a pesar de que lo sabemos, no podemos hacer nada por evitarlo.

En vuestro caso, os quiero por muchas razones, que quizá todas juntas es puedan aclarar un poco el origen de ese sentimiento:

Este blog nació, con vosotros, en una época de un importante cambio en mi vida personal (aún sigo en ello…); desde ya hace mucho tiempo somos alrededor de 4.500 los que seguimos juntos (número ya casi mágico para mi); de vez en cuando alguno de vosotros que no sé que me lee, me sorprende con un «¿sabes que esto de verdad me funciona»?, otras veces me encuentro con un «a mi, eso que dijiste en el último post, me parece que no es así». Sea por lo que sea, cada vez me siento más unido a mis 4.500 amigos y os aseguro que todo lo que escribo no lo hago por ninguna otra razón que no sea compartir cosas que me parecen buenas para todos nosotros.

Es cierto que muchas veces no contesto vuestras preguntas cuando se tratan de temas personales. Es muy difícil y arriesgado aconsejar a alguien del que no sabes casi nada, sobre temas de salud. Es muy fácil equivocarte y que el remedio vaya a ser peor que la enfermedad. Si hay algo que siempre y siempre tendré en cuenta del juramento hipocrático es «primum non nocere» que quiere decir que lo fundamental de mi actividad como médico es no hacer daño y en caso de duda siempre es mejor no hacer nada o no aconsejar, que hacerlo y que pueda resultar peor.

Por todo eso, os ruego que me perdonéis si no os contesto cuando de trata de problemas personales. En cambio, estaré encantado de hacerlo (a veces con retraso) cuando se trate de algo que no se ha entendido o que está incompleto de alguno de los temas tratados.

Y ahora… por fin, vamos con el tema del último día del año: Otra vez el ayuno intermitente. ¿A que ya no os sorprendo?

Recientemente ha salido un artículo que me ha gustado mucho. Se titula: «Time-restricted feeding for the prevention of cardiometabolic diseases in high-stress occupations: a mechanistic review»

Como veréis no pone nada de ayuno intermitente, que es un termino mucho más amplio, ya que puede efectuarse a cualquier hora del día, el día entero, días alternos o incluso durante varios días seguidos. En mis anteriores post me he referido al ayuno intermitente 6:18 o 8:16 y he aconsejado que la ingestión de alimentos se efectuara durante la mañana, pero es cierto que el nuevo término «Time-restricted feeding» que se introduce en este artículo está mucho más de acuerdo con lo que creo que es realmente beneficioso, ya que establece una mezcla perfecta entre dos hábitos que ya sabíamos saludables: el ayuno intermitente (1, 2, 3, 4, 5, 6, y la crononutrición.

Al hablar de «time-restricted feeding» (TRF) o tiempo restringido de alimentación, nos estamos refiriendo no sólo a un determinado número de horas en las que debes alimentarte, sino a también al lugar que esas horas deben ocupar en nuestro día, en nuestro ritmo circadiano.

Los autores del artículo aportan numerosos datos de estudios en ratones y humanos que demuestran que consumiendo igual cantidad de calorías y aún los que no presentan pérdida de peso, los que las consumen a primera hora del día obtienen múltiples beneficios, como son una disminución de la masa grasa, de los signos inflamatorios, de los niveles de glucosa e insulina, de la presión arterial, de los signos de estrés oxidativo, de la grasa hepática, del colesterol plasmático y un aumento de la adiponectina.

Como conclusión: como siempre os he tratado de transmitir, aunque el ayuno intermitente y el TRF sirven para perder peso, su efectividad para ese objetivo si se sigue comiendo igual, sólo es moderado. Pero su efectividad sobre otros múltiples parámetros que aumentan la salud cardiovascular y también quizá para otros procesos relacionados con la inflamación, como el cáncer o el envejecimiento, es muy importante.

Volvamos a una o sólo dos comidas al día, durante la mañana, como lo hacían nuestros ancestros durante miles de años, con la suerte añadida de poder tomar el resto del día infusiones como el té o el café (1, 2, 3) del que ellos no disponían y que también son muy saludables.

Y ahora, para finalizar, os deseo a todos un muy feliz año que entra, en el que se cumplan todas vuestras mejores ilusiones. Empezadlo con optimismo, con el convencimiento de que todo es posible si se busca sin descanso y siempre teniendo en cuenta que SIEMPRE es mejor lamentarse de algo que ha salido mal, que arrepentirse de no haberlo intentado, a pesar de que creyeras en ello. Sed valientes en vuestras vidas. Ese es mi deseo para el año que ahora entra.

FELIZ AÑO… mi gente.