Ayuno intermitente

Ayuno intermitente

Bueno, lo prometido es deuda.

La primera de mis actualizaciones está en relación a varios post que publiqué entre el 2017 y el 2019 (https://elcardiologoencasa.com/ayuno/, https://elcardiologoencasa.com/ayunar-es-saludable/, https://elcardiologoencasa.com/acelerar-o-ralentizar-el-metabolismo/, https://elcardiologoencasa.com/corazon-y-ayuno-intermitente/ y https://elcardiologoencasa.com/alimentacion-restringida-en-el-tiempo/)

En ellos hacía refrencia a los beneficios del ayuno intermitente sobre nuesta salud. El motivo de escribir este nuevo post es a raíz de un importante artículo de hace ya dos años, publicado en una de las revistas médicas de más prestigio (https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1905136), en el que se dan a conocer, nuevamente, los beneficios de este tipo de alimentación.

Soy un defensor convencido de este tipo de alimetación desde que oí una conferencia a propósito de este tema en el congreso de la sociedad europea de cardiología del año 2017. A partir de entonces, decidí que esa sería la dieta que seguiría en el futuro y la que sigo llevando en la actualidad.

Como ya expliqué, durante miles de años nuestro cuerpo ha evolucionado en un entorno de alimentarse con escasa frecuencia. Normalmente, una sóla vez al día y eso los días que había suerte. Porque el problema de la humanidad, desde su inicio, ha sido la escasez de alimentos.

Por esta razón, el funcionamiento de nuestro metabolismo, defensas ante agresiones propias o externas y mantenimiento de estructuras y tejidos, se ha ido construyendo en base a esos patrones de alimentación.

Sólo a partir del pasado siglo, la comida ha sido muy abundante en los paises ricos. Esta circunstancia ha dado lugar a importantes cambios culturales en relación a la alimentación.

Quedamos con la familia y los amigos alrededor de una mesa, con la excusa de una comida o una cena. La comida se he transformado, no sólo en una necesidad sino también en una de las principales fuentes de placer y de relaciones sociales. Al mismo tiempo, muchos de los consejos de los médicos y nutricionistas tampoco han ayudado.

Todos recordamos el consejo de comer cinco veces al día, porque así se elevaba el metabolismo y adelgazábamos o el de no comer grasas para no aumentar el colesterol, muy en línea también como el de beber más de dos litros de agua al día. Sí, todos ellos consejos que se han demostrado como poco inútiles e incluso perjudiciales en algunas ocasiones.

Hemos cambiado nuestras pautas de alimentación en los últimos tiempos, pero nuestro cuerpo evoluciona con mucha mayor lentitud, necesita miles de años, no cientos, para que sea perceptible y posiblemente, ahora incluso evolucione mucho más lentamente, dados los cambios reproductivos y en la esperanza de vida de la especie humana.

En este artículo se hace referencia a que los beneficios del ayuno intermitente son independientes, aunque añadidos a los de la pérdida de peso. Es decir; perder peso cuando tenemos sobrepeso u obesidad es beneficioso para salud. Pero lo es mucho más si esa pérdida de peso se ha producido mediante una pauta de alimentacón basada en el ayuno intermitente.

También nos explica que la razón de estos beneficios añadidos es debido a que la falta de aporte de nutrientes y la aparición consecuente de niveles elevados de cuerpos cetónicos en nuestro organismo, pone en marcha mecanimos evolutivos de respuesta celular adaptativos que mejoran la regulación de la glucosa, disminuye la inflamación, mejora la defensa frente ante el estrés metabólico y oxidativo y mejora de la capacidad de eliminar o reparar moléculas y células dañadas (incluyendo reparación del ADN y autofagia)

Las células reaccionan al ayuno intermitente poniendo en marcha un respuesta adaptativa y coordinada al estrés, que resulta en un aumento de la expresión de las defensas antioxidantes, de la reparación del ADN, del control de calidad de las proteínas, de la biogénesis y autofagia mitocondrial y una disminución de la respuesta inflamatoria.

Además, existen fundados motivos para pensar que el ayuno intermitente aumenta la esperanza de vida, retarda o revierte el envejecimiento, mejora el rendimiento deportivo de resistencia, disminuye la grasa abdominal y es útil en el tratamiento de la obesidad, diabetes (disminuye la resistencia a la insulina), enfermedades cardivasculares (hipertensión, dislipemia), cáncer y enfermedades neurodegenerativas.

El ayuno intermitente produce importantes mejoras físicas en deportistas de resistencia (mayor resistencia en la carrera y disminución de grasa corporal sin pérdida de masa muscular) y también neurológicas y cognitivas (mejor coordinación y equilibrio, mejora cognitiva y de la memoria).

Desde el punto de vista médico tiene múltiples potenciales aplicaciones:

  • Tratamiento de la diabetes y de la obesidad.
  • Prevención de la enfermedad cardiovascular.
  • Mejora del asma
  • Prevención del cáncer y aumento de la efectividad de la quimioterapia y radioterapia.
  • Mejora de enfermedades desmielinizantes (esclerosis múltiple)
  • Prevención y mejora de enfermedades neurodegenerativas (ictus, Alzheimer, Parkinson)
  • Mejora de enfermedades inflamatorias (artritis reumatoide)
  • Utilizado durante el preoperatorio, disminuye el daño de tejidos, la inflamación y mejora el resultado de la intervención.
  • Posible mejora en pacientes con ictus e infarto de miocardio.

Por último, los autores reconocen que no es fácil la aplicación generalizada del ayuno intermitente por problemas culturales, comerciales y por el hambre, la irritabilidad y disminución de la concentración durante el ayuno. Pero nos confirman que esos síntomas desagradables suelen desaparecer en el plazo de 1 mes.

Nos aconsejan llegar a un objetivo de ayuno diario de entre 16 y 18 horas en el caso que optemos por una restricción en el tiempo de alimentación o de un tipo 5:2 (dos días a la semana con un máximo de 500 calorías) si optamos por ayuno de días determinados. Ambos objetivos se deben de conseguir de forma escalonada y paulatina.

Conclusión: El ayuno intermitente no es sólo una forma de perder peso, sino fundamentalmente una manera de mantenerse sano y retardar el envejecimiento.

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Pasar página

Antes que nada quería disculparme con vosotros por haber tenido este blog parado durante meses. He tenido otros importantes proyectos entre manos que me ha hecho tenerlo un poco olvidado. Mis sinceras disculpas.

A partir de ahora quiero hacer una revisión de los post de mayor importancia ya publicados, haciendo comentarios sobre posibles cambios en recomendaciones, conocimientos nuevos sobre lo ya expuesto y vigencia actual de la anteriormente publicado.

Empezaré hoy por un tema ya demasiado trillado y que, a mi parecer no da mucho más de sí. El COVID-19 que tras estos años de haber cambiado nuestras vidas, pasa por fin, a un segundo lugar.

Lo voy a enfocar de un modo diferente. No hablaré de trasmisibilidad, prevalencia, doblegar la curva ni de nada de eso.

Ciertamente, la pandemia produjo numerosísimas muertes al inicio de la infección por la falta total de defensas contra la enfermedad. Más de dos años después de su inicio ocupará un lugar que, a mi parecer, va a ser parecido al de la gripe. Una enfermedad endémica, con virus que mutan frecuentemente, pero que ya no nos pillan sin totalmente sin inmunidad y que seguirá produciendo infecciones y también muertes, como lo sigue haciendo la gripe, más de 100 años después de la primera gran epidemia.

Un punto también importante, además de las muertes y secuelas físicas del COVID-19 ha sido las secuelas mentales, basadas fundamentalmente en el miedo. Mucha gente sigue siendo incapaz de quitarse la mascarilla en lugares al aire libre, aunque se haya demostrado la falta total de la utilidad de la medida. Como si estar escondidos detrás de un trozo de tela les fuera a proteger de cualquier mal. He tenido también otros pacientes, ya en la novena decáda de la vida que sigue sin salir apenas de casa por temor a infectarse y morir. Quizá habría que preguntarse si una vida de encierro, Netflix y la isla de las tentaciones merece ser llamada vida. Otros, usan de forma compulsiva cualquier gel hidroalcohólico que ven en su camino, cuando sabemos que la enfermedad se trasmite por vía aérea y sólo muy raramente por contacto.

Creo que ya va siendo hora de que los que seguimos en este mundo recuperemos nuestras vidas, nuestra sonrisa, el contacto estrecho con la gente y los abrazos. Que agradable volver a sentir un firme y cálido apretón de manos o dos besos en la cara en lugar del puño o la inclinación con la mano en el pecho, como si todos nos hubieramos transformado en orientales y asimilado sus costumbres.

El hecho incontrovertible es que todos moriremos, de una forma u otra, pero seguro que lo haremos. Una vez aceptado esto, lo que creo más importante que vivir unos años más o menos es cómo queremos vivir esos años que nos quedan y que nos han sido regalados.

¿Queremos vivirlos tras trozos de tela que ocultan nuestros rostros y nuestras expresiones?.

Nuestra cara y todo lo que refleja es algo fundamental para empatizar con los que nos rodean; en las relaciones personales con nuestra familia y amigos, así como también al conocer a una persona. Siempre se ha dicho y creo que con acierto, que la cara es el espejo del alma. Nuestra cara refleja la expresión de nuestro aprecio, respeto, enfado, cariño y amor. También el contacto piel a piel es fundamental en nuestra sociedad y conozco a personas que ahora temen los abrazos, los besos y el contacto en general.

El ser humano es por naturaleza un ser social y lo que le ha diferenciado del resto de los mamíferos y lo que ha permitido sus espectaculares logros como especie es su capacidad para apoyarse en los demás, colaborar, empatizar y sentirnos como grupo.

Ahora os pregunto: ¿debemos dejar que el miedo nos cambie y cambie también nuestras relaciones con otras personas y nos haga distantes, temerosos y huraños?

Yo pienso que lo que ha pasado ha sido terrible, pero que debemos de empezar a pasar página y poder disfrutar de la vida como siempre lo hemos hecho. Compartiéndola con los demás.




¿Es beneficioso el consumo de leche?

La mayoría de nosotros asociamos el consumo de leche al de los alimentos nocivos para nuestra alimentación en nuestra edad adulta. Pensamos en ella como un alimento adecuado para el crecimiento, pero sin demasiado papel en los años sucesivos, si exceptuamos los posible beneficiosos asociados a su contenido en calcio y descalcificación ósea en edades avanzadas.

Efectivamente, en los estudios 1958 British Birth Cohort, Health and Retirement study, and UK Biobank demostraron que el alto consumo de lecha se asociaba a mayor índice de masa corporal, tensión arterial sistólica y diastólica, colesterol total, LDL colesterol, triglicéridos y de PCR, así como a un menos nivel de HDL colesterol y de hemoglobina glicosilada.

En un reciente meta-analísis publicado en el International Journal of Obesity el pasado 24 de mayo, de de estos tres estudios anteriores, se evidenció una clara asociación entre un elevado consumo de leche con un alto índice de masa corporal, pero con un menor nivel de colesterol total y de sus fracciones (HDL y LDL) 

Los autores concluyen qu,e aunque un alto consumo de leche se asocia a un índice de masa corporal mayor, también lo hace con menores niveles de colesterol, probablemente a través del calcio contenido en la leche, que podría incrementar la actividad de la enzima lipasa, que es la encargada de destruir las grasas. Por todo ello, es probable que el consumo de leche tenga un papel destacado en disminuir nuestro riesgo cardiovascular.

Por otra parte, en el estudio UK Biobank, el alto consumo de leche se asoció a un menor riesgo de padecer diabetes Mellitus, pero no se detectó asociación con un mayor o menor riesgo de enfermedad coronaria. Posteriormente, los datos del Coronary Artery Disease Genome-wide Replication and Meta-analysis (CARDIOGRAM) consortium sí demostraron que el alto consumo de leche se asociada a un menor riesgo cardiovascular.

En conclusión: no se debe restringir la leche como parte de una alimentación cardiosaludable, ya que probablemente esta tenga un papel significativo en el descenso del riesgo cardiovascular.

https://www.nature.com/articles/s41366-021-00841-2



La Colchicina, el fármaco estrella

colchicina

Aprovechando los resultados preliminares del estudio ColCORONA en el que se evidencian los beneficios de la colchicina, administrada a paciente con COVID-19 no ingresados en el hospital, aprovecho también para contaros los beneficios de este fármaco en pacientes con cardiopatía isquémica.

Primero hablaremos de lo que en la actualidad suscita un mayor interés.

El llamado estudio ColCORONA demuestra que cuando se administran 0.5 mg de colchinina a los pacientes COVID-19 con sintomatología leve o moderada, que no precisan ingreso hospitalario, se evidencia un descenso del 25% de la hospitalización, del 50% de la necesidad de intubación y del 44% de las muertes.

La colchicina es un fármaco “de toda la vida”, que se empezó a usar en 1763 para el tratamiento de la gota y que también se utiliza en la actualidad para el tratamiento de la pericarditis y la fiebre mediterránea familiar. 

Es un fármaco barato, de administración oral y con pocos efectos secundarios o contraindicaciones. Se extraía inicialmente del azafrán salvaje. Tiene una acción potente antiinflamatoria que se ha utilizado para el tratamiento de diversos procesos en los que la inflamación juega un importante papel.

Está demostrado que la llamada “placa vulnerable” en las arterias con aterosclerosis, es la que puede romperse y producir la formación de un coágulo que ocluya total o parcialmente el vaso y de lugar a una angina de pecho, un infarto de miocardio o un ictus, dependiente de la localización de la arteria. Está placa vulnerable es blanda, tiene mayor temperatura y está formada en su mayor parte por contenido fundamentalmente inflamatorio, con 4 veces más macrófagos y tres veces menos fibrina que una placa estable.

Ya en 2013 se publicó un estudio que señalaba que la colchicina podía prevenir la aparición de eventos cardiovasculares en los pacientes portadores de una cardiopatía isquémica estable. 

En el estudio COLCOT, recientemente publicado en el New England Journal of Medicine, se administró 0.5 mg de colchicina a 2366 pacientes dentro de los 30 días después de presentar un infarto de miocardio y se comparó con otro 2379 pacientes a los que se le dio un placebo.

Los pacientes que recibieron colchicina presentaron un significativo menor número de eventos isquémicos cardiovasculares que los que recibieron un placebo.

En conclusión, la colchicina es un fármaco con amplia experiencia, barato, seguro y efectivo, que puede surgir no sólo como nuevo tratamiento de los pacientes con enfermedad cardiovascular, sino también en pacientes con síntomas leves o moderados de COVID-19.




El tratamiento con estatinas puede disminuir la mortalidad por COVID_19

Las estatinas son unos excelentes fármacos mediante los cuales estamos consiguiendo una reducción importante de los niveles de colesterol, de los eventos cardiovasculares (ictus, infarto de miocardio, angina de pecho) y también de la mortalidad cardiovascular. Pese a ello, son fármacos no desprovistos de efectos secundarios, como la práctica totalidad de los medicamentos que tienen algún efecto de algún tipo.

Estos efectos secundarios se han sobredimensionado de tal manera que es muy frecuente el paciente al que, en el momento de pautarle estatinas en el tratamiento, me pide que le de algo más suave por temor a esos efectos secundarios.

Yo soy un firme defensor del tratamiento con este tipo de fármacos, ya que estoy convencido de que cuanto más reducimos el nivel de LDL-colesterol en sangre, menos eventos cardiovasculares tenemos.

Para apoyar, de alguna forma, el que los pacientes que los necesiten tengan una mejor adherencia y predisposición al tratamiento con estatinas, aprovecho para presentar un reciente estudio publicado en el European Heart Journal of Cardiovascular Pharmacotherapy, en el que aparentemente los pacientes que consumían estatinas previamente al ingreso hospitalario por COVID-19, presentaron una mortalidad hospitalaria un 22% menor que los pacientes que no los tomaban (19.8% vs. 25.4%). Y aún más; los pacientes que los siguieron tomando durante su ingreso hospitalario presentaron una mortalidad todavía menor.

En conclusión: el tratamiento con estatinas previo al ingreso hospitalario por COVID-19, es capaz de disminuir, aparentemente, la mortalidad hospitalaria de esta enfermedad.