Siento falta de respiración

 

falta de respiración

Muchos pacientes consultan por fatiga, falta de respiración y cansancio. Pero estos términos no significan lo mismo para todos los pacientes. Lo importante entonces es saber si se refieren a falta de respiración, que es el síntoma que nos preocupa a los cardiólogos y nos dirige a descartar la existencia de una insuficiencia cardiaca como causa de la misma.

Otras cosas que los pacientes quieren decir cuando refieren fatiga o cansancio van desde la astenia (cansancio, debilidad o pesadez del cuerpo) hasta incluso náuseas

Este segundo significado puede obedecer a múltiples causas que no suelen estar en relación con problemas cardiacos ni con problemas urgentes. Puede ser producida por ejemplo por:

  • Anemia.
  • Problemas musculares.
  • Sedentarismo.
  • Hipotiroidismo.
  • Ansiedad / depresión.
  • Etc.

Por el contrario, la disnea (la falta de respiración) sí puede estar causada por problemas de importancia, varios de ellos de origen cardiaco.

Las causas más frecuentes de disnea son:

  • Ansiedad.
  • Obesidad.
  • Falta de forma física.
  • Anemia.
  • Insuficiencia cardiaca.
  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
  • Asma bronquial.
  • Tromboembolismo pulmonar.
  • Neumotórax.
  • Neumonía.
  • Otras enfermedades pulmonares.

¿Cómo podemos diferenciar la sensación de falta de aire producida por ansiedad de la producida por otras causas de mayor importancia?

Típicamente, la sensación de falta de respiración relacionada con la ansiedad se describe como “no puedo llenar completamente el pecho de aire” o “no me entra todo el aire en el pecho”. En este caso, la frecuencia respiratoria es normal; en adultos entre 12 y 20 respiraciones por minuto. En esta situación, la “falta de aire” no suele empeorar si se realiza un ejercicio físico ligero.

La falta de respiración producida por un problema físico, ya sea cardiaco o pulmonar, se acompaña siempre de un aumento de la frecuencia respiratoria y empeora con los esfuerzos físicos (incluso con los ligeros). Es decir; experimentamos la misma sensación que tenemos al terminar de hacer un ejercicio intenso.

¿Existen formas de saber si la disnea está en relación a un problema pulmonar o a uno del corazón?

Sin una valoración médica del paciente, no es posible asegurar cuál es la causa de la disnea. Existen indicios que apoyan el diagnóstico en uno o en otro sentido:

De origen pulmonar:

  • Si se acompaña de tos persistente.
  • Si se expulsa sangre al toser (hemoptisis).
  • Si existen antecedentes de ser un gran fumador.
  • Si se acompaña de fiebre.
  • Si se presenta junto a dolor torácico que varía con la respiración (lo que denominamos de tipo pleurítico).
  • Si existe un alargamiento importante de la fase en la que expulsamos el aire (espiración alargada).

De origen cardiaco:

  • Si se acompaña de un aumento de la cantidad de orina diaria, sobre todo por la noche (es lo que los médicos llamamos poliuria con nicturia)
  • Si empeora al tumbarse. Para poder mejorar la respiración es necesario levantar la cabecera de la cama o poner varias almohadas (lo que los médicos llamamos ortopnea, común también en enfermedades pulmonares).
  • Si se hinchan los tobillos.
  • Si se acompaña de palpitaciones rápidas.
  • Si aparece junto a dolor en el pecho, opresivo y que no varía con la respiración.
  • Si se asocia a cifras muy altas de tensión arterial (mayores de 200/120 mmHg)

Como conclusión, la disnea o falta de respiración, sobre todo agravada con la realización de esfuerzo físico, puede estar en relación con la existencia de un problema cardiaco que es necesario descartar. Si la falta de respiración es importante y aparece en reposo es motivo de acudir al hospital lo antes posible. 

 




Ayunar es saludable

ayunar

Ayunar es una forma efectiva y saludable de perder peso. El año pasado publiqué dos post sobre este tema. El primero en septiembre, titulado “¿Puedo saltarme alguna comida al día?” y el segundo en diciembre con el título de “El ayuno es beneficioso para la salud”. Entonces, ¿cuál es la razón de este nuevo artículo?

Como ya he dicho en alguna ocasión, nuestros conocimientos reales sobre algunos aspectos de la nutrición están en pañales. Ideas que con anterioridad parecían claras, ahora ya no lo parecen. Por ejemplo; conceptos como “para adelgazar hay que gastar más de lo que se consume”, “las grasas son lo que más engordan”, “para adelgazar hay que hacer más ejercicio”, “es necesario hacer 5 pequeñas comidas al día si pretendes adelgazar”, “las calorías totales que ingieres es lo que hay que reducir para poder perder peso” y otras, parece que van perdiendo todo su sentido.

Está comprobado que eso de gastar más de lo que se consume es una visión muy simplista y poco real de cómo funciona la alimentación. También se ha constatado que la gran epidemia de obesidad y diabetes que afecta a las sociedades desarrolladas están más en relación con el consumo de hidratos de carbono refinados que con las grasas. Las personas que piensan que pueden adelgazar haciendo más ejercicio, comiendo la misma cantidad, se equivocan otra vez. Y no todas las calorías son iguales: no son iguales los hidratos de carbono de la nuez que los de un pastel. Por lo tanto, no tiene el mismo efecto sobre el peso y la salud si las calorías las quitamos disminuyendo el consumo de frutos secos que si lo hacemos suprimiendo los dulces.

Hasta hace muy poco, los que se dedicaban a la alimentación nos decían que lo adecuado era comer varias veces al día, para mantener los niveles de glucosa relativamente estables y no entrar en modo de ahorro de energía. Que estar muchas horas sin comer, no sólo no te hacía perder peso, sino que al contrario, impedía que lo perdieras. Todo ello ¿basado en qué?. La verdad es que no existen evidencias sólidas que soporten estas afirmaciones. De hecho, si lo pensamos un poco,… ¿no os parece ilógico que para adelgazar haya que comer varias veces al día?. Y si la obesidad es un problema de las sociedad moderna y nuestros antepasados estaban, por lo general delgados,… ¿qué pasa, que antiguamente se comían más veces al día que nosotros y por eso antes eran delgados y nosotros gordos?.

No, la realidad es que la realidad es que los humanos siempre han sido mayoritariamente delgados hasta nuestra historia reciente, porque comían poco y también porque pasaban largos periodos de ayuno. Como siempre les digo a mis pacientes, en nuestros 85.000 años de historia, los humanos hemos comido cuando teníamos hambre y podíamos; es decir cuando teníamos comida a nuestra disposición, la cual era por lo general mucho más escasa que en la actualidad. De hecho, el ser humano se adaptó a tolerar y permanecer largos períodos de ayuno. El tener tanta comida a nuestra disposición y haber hecho del comer un acto social, ha contribuido de forma decisiva a la epidemia de obesidad que padecemos.

En los últimos tiempos se está popularizando la opción del ayuno intermitente como un medio adecuado no sólo de perder peso sino de mejorar nuestra salud.

El ayuno intermitente produce una pérdida de peso al menos de igual forma que una reducción constante de alimentos (las clásicas dietas). No produce una pérdida de masa muscular (ya que antes se consumen los depósitos de glucógeno y de grasas), desnutrición ni efecto rebote. Por el contrario, ha demostrado que produce una pérdida real de peso, aumenta la sensibilidad a la insulina (previene la aparición de diabetes), disminuye el riesgo cardiovascular, mejorando el perfil lipídico (aumenta el HDL colesterol y disminuye los triglicéridos), puede prevenir el cáncer (mejora la reparación del ADN y la autofagia celular) y el deterioro cognitivo (aumenta niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro).

¿Cómo debemos de realizar ese ayuno?

No existen pautas claras de cual es la mejor pauta de ayuno, ya que puede ser de dos días o más a la semana, alternos o incluso seguidos, aunque estas pautas son difíciles de aplicar a la mayoría de personas. Un opción relativamente fácil y adecuada puede ser la de prolongar lo máximo posible el ayuno nocturno. Es decir; realizar una o dos comidas al día durante un corto periodo de tiempo por la mañana (8 horas) y dejando de 12 o mejor 16 horas al día sin comer. Por ejemplo, sólo desayunando o bien desayunando y comiendo, pero sin tomar nada más hasta el próximo desayuno. El horario en el que realizar las comidas es importante, ya que los alimentos que se ingieren por la noche producen una mayor liberación de insulina y se acompañan de un menor gasto energético, por lo que dificultan una mayor pérdida de peso.

Pero, ¿qué hacemos para superar el hambre?

Existe una hormona llamada grelina que es la responsable de que tengamos sensación de hambre. Se ha comprobado que le secreción de dicha hormona se produce a los intervalos regulares en los que estemos acostumbrados a ingerir alimentos, normalmente a las horas del desayuno comida y cena. También se ha evidenciado que los niveles de grelina no aumentan cada vez más si no comemos, sino que tras un pico de unas dos horas de duración, vuelven a disminuir a niveles basales, hayamos comido o no. De hecho, si prolongamos el ayuno, los niveles de esta hormona son cada vez menores. Esta es la explicación de lo que muchas personas experimentan tras ayunos o restricciones calóricas prolongadas cuando refieren que se sacian con facilidad porque se les ha hecho “el estómago pequeño”.

En conclusión, realizar ayuno intermitente es una forma efectiva y saludable de perder peso.




¿Qué significado tiene sentir palpitaciones?, ¿son peligrosas?, ¿qué tenemos que hacer si las sentimos?

palpitaciones

Esta es otro de los más frecuentes motivos de consulta al cardiólogo. Notar los latidos del corazón muchas veces nos puede preocupar, sobre todo si los latidos son irregulares , muy fuertes o muy rápidos. Pero, ¿que significado tiene sentir palpitaciones? ¿es peligroso? ¿qué tenemos que hacer si las sentimos?

¿Qué entendemos por palpitaciones?

Con el término de palpitaciones hacemos referencia a la percepción de los latidos del corazón de una forma anormal. Los paciente las suelen describir como “latidos rápidos, lentos, fuertes, con pausas o vuelcos”.

¿Se pueden sentir los latidos del corazón?

En ocasiones podemos sentir los latidos de nuestro corazón, incluso si el ritmo cardiaco es normal. Es frecuente notarlos por la noche en la cama, sobre todo si nos tumbamos del lado izquierdo. Por lo general no notamos nuestros propios latidos a no ser que se modifiquen de forma significativa. Del mismo modo que no percibimos nuestro propio olor, o el de nuestra casa, ni somos conscientes de nuestra respiración; no sentimos nuestro latido si este es normal. Si pudiéramos sentir todas esas sensaciones, la avalancha de estímulos sería tal que nos impediría atender a otros que sí son importantes que percibamos en nuestra vida diaria (el olor a gas, el olor de un incendio, el timbre del teléfono…)

Entonces, ¿por qué somos capaces de sentir palpitaciones?

Podemos sentir los latidos de nuestro corazón en determinadas circunstancias:

Si late excesivamente rápido. Por ejemplo: después de un ejercicio intenso, cuando nos asustamos o nos ponemos nerviosos.

Si late excesivamente lento, lo que puede o no significar un problema del ritmo cariaco.

Si late de forma irregular: en determinadas arritmias (extrasístoles, fibrilación auricular, etc)

Si late anormalmente fuerte: en problemas de las válvulas cardiacas (insuficiencia aórtica) o tras la existencia de extrasístoles

Como he dicho antes, ocasionalmente y sin tener ningún problema cardiaco, también podemos sentir nuestro latido. ¿Cómo? Si estamos en un entorno silencioso o tumbados sobre nuestro lado izquierdo.

¿Puede ser peligroso tener palpitaciones?

En ocasiones sí. Dado que las palpitaciones pueden sentirse tanto en situaciones normales como en anormales (alteraciones del ritmo del corazón; a lo que los médicos llamamos arritmias), es importante poder diferenciar ambas situaciones.

Las palpitaciones tienen características benignas si:

Tienen una frecuencia cardiaca inferior a 150 lat/min, si se producen en reposo.

Se presentan en relación con el ejercicio, con situaciones de estrés o de ansiedad.

Son regulares (el tiempo entre latido y latido es muy similar).

No se acompañan de otro tipo de síntomas.

Son de inicio y desaparición gradual.

Sí se identifican como un vuelco aislado o un latido más fuerte que los demás. Suele corresponder al latido normal que sigue a un extrasístole (ver más adelante).

¿Cuando deberíamos consultar con el cardiólogo?

Cuando aparecen en reposo y con frecuencias cardiacas iguales o superiores a 150 lat/min.

Cuando son irregulares.

Si son de inicio y terminación brusca.

Si se acompañan de sudoración, palidez, mareo, pérdida de consciencia, dolor en   el pecho o falta de aire. 

En estas situaciones deberemos acudir al hospital a la mayor brevedad posible, sobre todo si se asocian a pérdida o disminución del nivel de consciencia, dolor en el pecho o a falta de respiración.

¿Existen palpitaciones debidas a arritmias benignas?

Si. La arritmia que produce un mayor número de consultas al médico son los extrasístoles. El paciente típicamente nota un “vuelco” en el corazón, un latido anormalmente fuerte o una pausa sin latido.

Un extrasístole consiste en un latido que se produce antes de lo que debería.

Existen dos tipos: supraventriculares y ventriculares, dependiendo del lugar del corazón donde se originen.

¿Es necesario consultar por extrasístoles?

Si los extrasístoles son esporádicos, poco frecuentes y aislados, no son peligrosos ni representan un problema de importancia. Pero si los extrasístoles son muy frecuentes o continuados, sí deberíamos acudir a nuestro cardiólogo para descartar algún problema cardiaco que los origine.

En resumen, sentir palpitaciones provoca frecuentes consultas al cardiólogo. Aunque en gran parte de las ocasiones no existe un problema en el corazón, en una pequeña proporción de casos precisan un diagnóstico y tratamiento adecuado.




¿Qué es el colesterol?,¿qué peligros supone tenerlo elevado?,¿cuales son los límites normales?,¿cómo podemos bajarlo y hasta dónde?,¿son peligrosos los tratamientos farmacológicos?

colesterol

¿Qué es el colesterol?

Es una sustancia grasa presente en todas las células de nuestro cuerpo, necesaria para la formación de hormonas, vitaminas, ácidos biliares e incluso la propia membrana de nuestras células. Por lo tanto, es una sustancia indispensable para la vida.

El colesterol viaja en nuestra sangre unido a diferentes apoproteínas, formando complejos llamados lipoproteínas. Las más importantes y que más nos interesan son el HDL-colesterol y el LDL-colesterol. El colesterol “bueno” (HDL, “high density lipoprotein”) se encarga de transportar el colesterol sobrante al hígado para que sea destruido. El colesterol “malo” (LDL; “low density lipoprotein”) es capaz de depositarse en las paredes de las arterias y producir la aterosclerosis (estrechamiento de las arterias). También existen otros tipos de complejos, como la lipoproteína (a), con alta capacidad aterogénica y que ya expliqué en un post del pasado mes de enero.

¿Qué peligros supone tenerlo elevado?

El peligro de tener el LDL-colesterol elevado es el desarrollo de aterosclerosis. Es decir; el estrechamiento progresivo de nuestras arterias debido a la formación de placas de ateroma en la pared arterial. Estas placas inician su formación por un depósito de las partículas LDL-colesterol en la capa más interna de la pared arterial. Posteriormente, ese colesterol depositado induce una reacción inflamatoria que, en última instancia origina un amasijo de células inflamatorias (macrófagos) muertas, colesterol, triglicéridos, ácidos grasos y por último colágeno, formándose la placa definitiva. La evolución de ésta placa puede ser hacia su ruptura, con la consiguiente formación de un trombo en el interior de la luz arterial, produciendo una interrupción del flujo sanguíneo en esa arteria y la aparición de un evento cardiovascular (p.e. infarto de miocardio, ictus); o también puede crecer progresivamente hasta disminuir cada vez más la luz arterial y hacer cada vez más difícil la circulación sanguínea.

¿Cuales son los límites normales del colesterol?

Pues esa es una pregunta que aún no tiene una respuesta definitiva. Hace 40 años se consideraba perfectamente normal tener un colesterol total por debajo de 240 mg/dl, sin hacer referencia al HDL y al LDL-colesterol. Hace 20, los límites normales se consideraban en 220 mg/dl, posteriormente en 200 mg/dl, hasta llegar a los actuales 190 mg/dl.

Pero, lo importante es que ahora sabemos que el colesterol total es un mal indicador para medir riesgo y que lo verdaderamente importante son los niveles del HDL y del LDL-colesterol. No tienen el mismo riesgo dos pacientes con un colesterol total de 220 mg/dl, si uno de ellos tiene 170 mg/dl de LDL y el otro sólo 100.

De todas formas, hoy en día las diferentes sociedades científicas tienden a no poner valores absolutos de colesterol, sino relativos al riesgo cardiovascular del paciente. Por lo tanto, de poco o nada nos sirve el rango de referencia que el laboratorio especifica como normal en nuestro análisis de sangre.

Muchos pacientes me preguntan por qué les digo que tienen el colesterol alto, si según el rango de referencia de su análisis está dentro de la normalidad. La explicación es que según su nivel de riesgo, su nivel considerado como normal debe ser menor.

La explicación de la razón por la cual se recomiendan diferentes objetivos de colesterol según el riesgo es debido a un enfoque de riesgo-beneficio y de coste-efectividad del tratamiento farmacológico. Es decir; si tratamos con pastillas a una población con un riesgo alto o muy alto de padecer un problema cardiovascular, conseguiremos una reducción importante del número de pacientes que van a presentar un evento cardiovascular y este beneficio obtenido compensará la posibilidad de la aparición de efectos secundarios del tratamiento y también el coste del mismo, Por el contrario, si tratamos farmacológicamente a una población de bajo riesgo, deberíamos tratar a muchos pacientes, exponerles a los efectos secundarios de los fármacos y sufragar el coste de los mismos, para lograr un escaso beneficio, ya que evitaríamos que sólo unos pocos presentaran un evento cardiovascular.

La AHA (American Heart Association) propone también tratar a los pacientes según el riesgo de los mismos, pero sin fijar objetivos terapéuticos. Sólo diferencian tratamientos con dosis medias de estatinas para los grupos de bajo riesgo y tratamientos de alta intensidad, con máximas dosis toleradas de estatinas, para los grupos de alto riesgo.

Por el contrario, la ESC (European Society of Cardiology), en sus últimas recomendaciones, sí fija los niveles de colesterol a conseguir con el tratamiento, según el riesgo del individuo:

  • Riesgo muy alto riesgo (≥10%): LDL-C <70 mg/dL o una reducción al menos del 50% si el basal está entre 70 and 135 mg/dL.
  • Alto riesgo (≥ 5%): LDL-C <100 mg/dL o una reducción de al menso el 50% si el basal está entre 100 y 200 mg/dL.
  • Riesgo bajo y moderado (<5%): LDL-C <115 mg/dL.

Para el cálculo del riesgo cardiovascular de cada persona se tienen en cuenta diversos factores: el sexo y la edad, si ya ha tenido un problema cardiovascular previo, si es diabético, fumador, la función renal, si tiene antecedentes familiares de problemas coronarios, niveles de colesterol y de tensión arterial y otros. El número en porcentaje que se obtiene de los parámetros anteriores hace referencia al riesgo de tener una muerte de origen cardiovascular en los siguientes 10 años.

Esta forma de actuar es absolutamente lógica y comprensible. Pero, ¿quiere esto decir que el paciente de bajo riesgo no se beneficie de bajar su nivel de colesterol por debajo de los niveles recomendados?

No. Lo que sabemos hoy en día es que cuanto más bajamos nuestro nivel de LDL-colesterol tenemos menos riesgo de padecer un evento cardiovascular. También sabemos, por recientes estudios, que a partir de un nivel de 50 -60 mg/dl de LDL colesterol (estudio PESA) se empieza a desarrollar aterosclerosis dependiente del colesterol.

¿Cómo podemos bajar nuestro nivel de LDL-colesterol?

Hablaré inicialmente de las mediadas higiénico-dietéticas (no farmacológicas) y posteriormente de los fármacos.

Medidas no farmacológicas

  • Prevenir el sobrepeso y obesidad. Es decir; conseguir un índice de masa corporal (IMC) inferior a 25 y un perímetro abdominal menor de 94 cm en varones y de 80 cm en mujeres, ya que la obesidad central o abdominal es la que confiere mayor riesgo.
  • Exclusión de las grasas trans (hidrogenadas) de nuestra dieta.
  • Aumentar el consumo de verduras, frutas, nueces y legumbres. Seguir una dieta rica en fibra y con carbohidratos de bajo índice glucémico.
  • Realización de ejercicio físico dinámico, de forma regular.
  • Disminución del alcohol en la dieta a un máximo de 20 g al día para los varones y 10 g al día en las mujeres.
  • Abandono absoluto del consumo de tabaco (con clara repercusión en el HDL-colesterol)

¿Qué suplementos dietéticos pueden ayudar a controlar el colesterol?

Los aceites vegetales, los frutos secos, la fibra, la avena, la soja, la cebada, el pescado azul la levadura de arroz rojo, la monacolina (estos dos últimos con mecanismo de acción y efectos secundarios similares a las estatinas), pueden ser útiles en este sentido.

Existe consenso en que los que contienen fitoesteroles o fitoestanoles sí son útiles para disminuir el colesterol en alrededor de un 10% porque dificultan la absorción del mismo proveniente de los alimentos que consumimos.

En cuanto al tratamiento farmacológico:

Inicialmente, aparecieron los secuestrantes de las sales biliares: colestiramina, colestipol y recientemente el colesevelam, que actualmente casi no se utilizan.

La piedra angular, del tratamiento hipocolesterolemiante, hoy en día, son las estatinas. Posteriormente apareció el ezetimibe, un inhibidor de la absorción intestinal de colesterol y últimamente se han comercializado otro grupo de fármacos muy potentes, con escasos efectos secundarios, aunque de baja prescripción dado su prohibitivo precio: los anticuerpos monoclonales, inhibidores del PCSK9: alirocumab y evolucumab.

Pero, ¿no es peligroso tener el colesterol demasiado bajo si, como arriba expongo, es una sustancia fundamental en nuestro organismo?

Pues lo cierto, es que hasta lo que sabemos hoy en día, en que se ha conseguido reducir los niveles de LDL-colesterol hasta cifras nunca antes vistas, de 8 o incluso 3 mg/dl, no existen efectos secundarios apreciables asociados a esa disminución tan importante del colesterol plasmático (estudio FOURIER).

¿Y los efectos secundarios del tratamiento farmacológico?

Hablemos de los efectos secundarios del grupo de fármacos más empleados y hasta hace poco los más potentes: las estatinas.

Efectivamente, son fármacos con posibles efectos secundarios, como la totalidad de los fármacos que presentan alguna acción terapéutica. Aunque en mi opinión, han sido injustamente considerados y demonizados en ocasiones en ese aspecto. Los efectos secundarios más frecuentes son los derivados de una ocasional afectación hepática, por lo general transitoria y reversible y los derivados de la poco frecuente afectación muscular. En estos casos, sobre todo en el segundo, se hace necesario cambiar el tipo de estatina o incluso suspenderlas y probar con otro tipo de tratamiento.

Entonces, finalmente, ¿quienes debería tomar tratamientos para bajar el colesterol?

Toda la población, independientemente de su nivel de riesgo debería utilizar las medidas higiénico-dietéticas arriba descritas.

En cuanto al tratamiento farmacológico, esa ya es otra cuestión.

¿Cómo decir a la población general, aparentemente sana, que debe tomar una pastilla para disminuir su riesgo cardiovascular?; ¿cómo ocultar que existe ese tratamiento?; ¿cómo financiar esta posibilidad?; ¿cómo afrontar las probables críticas de que las sociedades científicas están vendidas a las compañías farmacéuticas y que lo que realmente quieren es vender pastillas?

Volveré a hacer la reflexión que ya expresé en el post de septiembre del año pasado ¿A cuanto se puede y debe bajar el colesterol en sangre?

El tratamiento universal a personas con riesgo cardiovascular muy bajo significa que se debería tratar a más de 100 individuos durante 10 años para conseguir un año más sin un problema cardiovascular en una sola persona. El beneficio parece tan pequeño que, a mi parecer, no justificaría ni siquiera el esfuerzo de acordarse de tomar la pastilla diariamente.

Por lo tanto, me parece que hasta lo que hoy en día sabemos, es muy importante tratar a los de riesgo alto y muy alto e intentar disminuir lo máximo posible su nivel de colesterol. En cambio, no merece la pena tratar al grupo de personas con riesgo muy bajo.

Y a vosotros, ¿que os parece? ¿os tomarías una pastilla diariamente? ¿en qué circunstancias, si es vuestra salud y vuestro dinero los que están en juego?

Me gustaría conocer vuestra opinión




¿Qué síntomas nos deben alertar de un posible problema cardiaco?

síntomas

Ya publiqué un post muy similar en diciembre de 2014, sobre qué síntomas deberían preocuparnos y cuáles no. Como creo que es una información muy útil y de interés general, vuelvo a publicarlos con pequeños retoques.

No es lo mismo tener un dolor en un brazo que tenerlo en el pecho ni tampoco estornudar que notar palpitaciones rápidas o irregulares. Tampoco es igual sentir que nos falta la respiración al mínimo esfuerzo que hacemos que tener náuseas. Todos nos preocupamos mucha más -y con razón- si pensamos que el síntoma puede estar relacionado con una problema del corazón.

Lo que pretendo es dejar más o menos claro qué síntomas deben hacernos pensar en un problema cardiaco:

Dolor en el pecho:

  • dolor como presión más que pinchazo
  • de moderada o gran intensidad. Si es ligero posiblemente no sea nada importante.
  • el dolor no varía con la posición del cuerpo, con la respiración ni con la presión de la zona. Si aumenta al apretarnos, al respirar o con los cambios de posición no indica nada grave, aunque podría tratarse de una percarditis (inflamación del pericardio)
  • localizado en el centro del pecho. Cuanto más alejado del centro menos sugestivo de estar en relación con el corazón.
  • de más de un minuto de duración, pero de menos de horas (excepto en la pericarditis que puede durar días).
  • en ocasiones irradiado a brazos, cuello o mandíbula, aunque no es imprescindible. Muchos, de origen cardiaco no se irradían.
  • a veces acompañado de sudoración, náuseas y dificultad de respiración, aunque tampoco es imprescindible, sí apoya el diagnóstica de estar en relación con un evento coronario (angina o infarto)
  • si se desencadena por los esfuerzos es muy sugestivo de ser cardiaco.

Palpitaciones:

  • muy sugestivas de arritmia, si son rápidas e irregulares.
  • también las regulares a 150 lat/min o más, en reposo.
  • si se acompañan de mareo, pérdida de consciencia, dolor en el pecho o falta de respiración.

Fatiga:

  • si se percibe como falta de respiración; es decir una sensación parecida a la que experimentamos después de haber corrido o subido rápido una escalera.
  • si empeora al acostarnos en la cama.
  • no es sugestiva de un problema cardiaco si la notamos como que no entra suficiente aire en los pulmones y tendemos a respirar muy profundo. Este tipo es más característico de problemas de ansiedad.
  • tampoco es sugestiva de estar relacionada con el corazón si lo que sentimos es debilidad general o cansancio.

Mareo:

  • si se llega a perder el conocimiento o casi a perderlo y sobre todo si no vamos notando que nos mareamos previamente. Es decir; es sugestivo de estar en relación con problema cardiaco si no recordamos marearnos previamente a perder el conocimiento.
  • si lo notamos como pérdida de visión y casi desconexión del medio y no como giro de objetos o inestabilidad.
  • si se produce en relación a los esfuerzos.
  • si no tiene relación con incorporarnos bruscamente.

Tobillos hinchados:

  • cuando son de ambas piernas. Cuando son de una sola pierna es más sugestivo de tratarse de un proble local de esa pierna (insuficiencia venosa, infecciones, problemas articulares,…)
  • se acompañan de falta aire con los esfuerzos o incluso en reposo.
  • si notamos además, aumento del tamaño de la barriga desde que se comienzan a hinchar los tobillos.

Esta publicación es importante ya que estos síntomas son el motivo por el que consultan la inmensa mayoría de pacientes que acuden al cardiólogo. Se explican matices que os ayudarán a diferenciar si el síntoma puede ser debido o no a un problema cardiaco.