Recomendaciones sobre ejercicio físico

ejercicio físico

Como habréis notado, he escrito en varias ocasiones sobre los posibles riesgos de una práctica excesiva y no controlada de ejercicio físico.

A pesar de que los posible riesgos existen, sobre todo si el ejercicio es de una intensidad muy elevada o si lo hacemos sin haber realizado un estudio previo apropiado, los beneficios de realizar una actividad deportiva no deben quedar en ningún caso puestos en duda.

A propósito de esto, aprovecho para recomendaros la lectura de las últimas guías para la práctica de actividad física, publicadas en noviembre de 2018 en la revista JAMA (Journal of the American Medical Association).

Os resumo algunos puntos clave de esta guía.

¿Cuales son los beneficios para la salud asociados a la realización de un ejercicio físico regular?

  1. Para niños y adolescentes
  • Mejora de la salud ósea (de los 3 a los 17 años).
  • Mejora en el peso (de los 3 a los 17 años).
  • Mejoría del entrenamiento muscular y cardio-respiratorio (6 a 17 años).
  • Mejoría cognitiva (6 a 13 años).
  • Disminución del riesgo de depresión (6 a 13 años).
  1. Adultos
  • Disminución de la mortalidad por cualquier causa.
  • Disminución de la mortalidad cardiovascular.
  • Descenso del riesgo de hipertensión.
  • Descenso en la aparición de diabetes, tipo 2.
  • Mejora del perfil lipídico.
  • Disminución del riesgo de cáncer de vejiga, mama, colon, endometrio, esófago, riñón, pulmón y estómago.
  • Mejora cognitiva.
  • Disminución del riesgo de demencia (incluido Alzheimer).
  • Mejoría de la calidad de vida.
  • Reducción de la ansiedad.
  • Reducción del riesgo de depresión.
  • Mejoría del sueño.
  • Reducción o enlentecimiento de la ganancia de peso.
  • Pérdida de peso, en combinación con dieta.
  • Prevención de un aumento de peso después de una pérdida previa.
  • Mejoría de la salud ósea.
  • Mejoría del estado físico.
  • Disminución del riesgo de caídas (ancianos).
  • Disminución del daño producido por caídas (ancianos).

Recomendaciones generales para los adultos

  • Debemos movernos más y sentarnos menos durante nuestra actividad diaria. Cualquier actividad física, por poca que sea, es mejor que ninguna. Los individuos que se sientan menos y realizan cualquier cantidad de ejercicio físico, al menos moderado, experimentan beneficios para la salud.
  • Para obtener beneficios significativos, debemos realizar entre 150 y 300 minutos a la semana de ejercicio físico moderado, o entre 75 y 150 minutos semanales de ejercicio intenso, preferentemente aeróbico. Se obtienen beneficios adicionales si realizamos más de 300 minutos semanales de ejercicio moderado. También es aconsejable realizar ejercicios de musculación moderados o intensos que involucre a todos los grupos musculares mayores, dos o más veces por semana.

En conclusión, es importante destacar que cualquier nivel de actividad física es beneficiosa. Simplemente cambiado nuestros hábitos de desplazamiento durante el día (moverse caminando o con bicicleta, subir escaleras) y evitando en lo posible estar sentado, podemos mejorar nuestra salud. Sin embargo, los mayores beneficios se obtendrán con niveles mayores de ejercicio físico. 




¿Es siempre beneficiosa la actividad física?

construcción

Esta semana sólo una corta referencia a un artículo publicado recientemente en el British Journal of Sports Medicine.

De todos es conocido que la practica de deporte de forma regular o permanecer físicamente activo no sólo aumenta nuestra supervivencia, sino también la calidad física y psíquica de nuestra vida.

Pero, ¿cualquier tipo de actividad física es beneficiosa?

Ya existen dudas razonables que apuntan a que ciertos tipos de deporte pudieran ser perjudiciales para la salud, como los que tienen un alto componente estático. Por otra parte, la realización de ejercicio de muy alta intensidad también se ha relacionado con una disminución de los efectos beneficiosos que aporta el deporte de moderada intensidad.

En el presente estudio, realizado en 193.696 sujetos, los autores concluyen que los hombres que realizan actividad física de alta intensidad durante el trabajo experimentan efectos perjudiciales para su salud, incrementando un 18% el riesgo de mortalidad temprana, con respecto a los varones que realizan un trabajo de baja actividad física. No se evidencia esa misma asociación entre las mujeres.

Esto nos hace recordar cuando una persona que aparentaba una edad muy superior a la cronológica nos aclaraba: «estoy así porque he trabajado mucho en mi vida» y nos parece acordarnos que se dedicaban a trabajos que implicaban gran esfuerzo físico.

Este reciente metaanálisis aumenta las dudas sobre qué ejercicio físico es saludable y cual no. Sería importante aportar información que nos aclare cual es en realidad la actividad física que mejorará nuestra salud y cual la podría empeorar. Y nosotros, a partir de dicha información, teniendo también muy en cuenta  nuestros gustos y necesidades tendríamos una base más sólida para decidir.

Os seguiré informando según salgan estudios que nos aclaren este tema de tanta importancia.

 




¿Puede ser el deporte un peligro para nuestra salud?

Como es bien conocido, los beneficios del deporte para nuestra salud son incuestionables. Disminuye a la mitad la posibilidad de padecer un infarto de miocardio, disminuye la aparición de algún tipo de cáncer, es beneficioso para la depresión y aumenta no sólo la expectativa de vida sino la calidad de la misma.

Sin embargo, existen estudios que alertan ante la posibilidad de que la realización de ejercicio físico de muy alta intensidad pudiera ser perjudicial. Yo mismo he publicado varios post al respecto previamente (1, 2 y 3)

Desde hace tiempo, existen evidencias que el deporte de alta intensidad se asocia a la aparición de un tipo de arritmia frecuente en personas de edad avanzada, llamada fibrilación auricular (1 y 2). Esta arritmia llega a presentarse hasta en un 15% de la población mayor de 80 años. Está causada frecuentemente por la hipertensión, la enfermedad coronaria y se asocia frecuentemente al sobrepeso y obesidad.

Aprovecho hoy para escribir de este tema que preocupa a los deportistas a raíz de una revisión al respecto publicada el mes pasado en el European Journal of Preventive Cardiolology.

En la revisión se encuentra una relación en “J” entre la cantidad de ejercicio realizado y la posibilidad de aparición de este tipo de arritmia. Así, el riesgo mínimo para la aparición de esta arritmia se encuentra en personas que realizan un ejercicio físico ligero o moderado. La población sedentaria tendría un riesgo intermedio y se asocia un riesgo aumentado a los deportistas de alta intensidad, particularmente en aquellos con más de 2.000 horas de ejercicio intenso acumuladas durante su vida.

En un meta-análisis se encontró que los deportistas de resistencia tenían un riesgo 5.3 veces mayor de presentar fibrilación auricular. Si tenemos cuenta que el riesgo asociado a la hipertensión (el factor de riesgo más frecuente para esta arritmia) es de sólo 1.42 veces mayor, podemos decir que este tipo de deporte aumenta importantemente el riesgo de presentarla.

La razón de la asociación del deporte y este tipo de arritmia se relaciona con un aumento anormal del tono vagal, lo que condiciona un acortamiento del periodo refractario auricular, facilitando re-entradas o también en una activación anormal del sistema adrenérgico, que también puede facilitar la aparición de arritmias auriculares y ventriculares.

El sustrato anatómico se basa en una dilatación y remodelación auricular, que incluye la existencia de inflamación y depósito de colágeno.

También, recientemente, se ha descrito un nuevo síndrome de fibrilación auricular paroxística en atletas jóvenes y de mediana edad (PAFIYAMA). Todo ello nos lleva a pensar en el corazón de atleta como proarrítmico o propenso a sufrir arritmias.

Por otra parte, la protección a la aparición de fibrilación auricular asociada a la realización de un deporte moderado puede estar en relación con una mejora de la función sistólica y diastólica y/o la disminución de la rigidez arterial. Sin embargo, esa protección no es universal para todo tipo de deporte, ya que por ejemplo, el fútbol americano se asocia a hipertensión arterial, hipertrofia concéntrica del ventrículo izquierdo y muerte cardiaca prematura.

Finalmente, contestando a la pregunta que titula este post, la respuesta es probablemente no. El deporte ha demostrado ser globalmente beneficioso para nuestra salud. Aunque parece que como con todo en esta vida, en la moderación está la clave.