Ejercicio físico y riesgo de fibrilación auricular

Fibrilación auricular y ejercicio

La fibrilación auricular es la arritmia sostenida más frecuente del adulto. Su incidencia aumenta con la edad, siendo su prevalencia superior al 10% en sujetos mayores de 80 años. La hipertensión, la diabetes y la existencia de una cardiopatía estructural de base son los principales factores de riesgo para presentarla. También la apnea del sueño, la obesidad, una talla elevada y la predisposición genética aumenta el riesgo de presentarla.

Desde finales de los 90 se sabe que los atletas veteranos también tienen un riesgo aumentado de presentar esta arritmia, llegando a tener una prevalencia de hasta un 15% en varones de mediana edad, sobre todo si practican un deporte de resistencia (maratón, ciclismo, esquí de fondo,…), siendo más probable cuando llevan más de 10 años realizándolo.

Sobre los mecanismo de su desarrollo, parece ser que la fibrosis de las aurículas, la dilatación de las mismas y el aumento del tono vagal (el mismo que produce la bradicardia de los deportistas) pueden ser las principales causas.

Se sabe que el deporte es beneficioso para la salud. Aumenta no sólo la expectativa de vida, sino también la calidad de la misma. Por otra parte, también se conoce que la existencia de una fibrilación auricular aumenta el riesgo de presentar un accidente cerebrovascular (ictus).

Ahora bien, existen muchas preguntas sin respuesta en la actualidad. Por ejemplo: ¿se le debe de recomendar a un deportista que ha presentado un episodio de fibrilación auricular que disminuya la intensidad de su ejercicio físico? y si es así ¿hasta qué nivel?. ¿Se le debe de recomendar a la población general que no realice niveles de ejercicio extraordinariamente elevados?

Lo que se sabe al respecto es que los individuos que realizan ejercicio físico ligero o moderado, con regularidad, tiene un menor riesgo de presentar esta arritmia que la población sedentaria. Según aumentamos la intensidad del ejercicio, el riesgo de presentar la arritmia va creciendo hasta superar holgadamente al de la población sedentaria.

En principio y hasta la actualidad no hay ningún especialista del tema que recomiende restringir la realización de ejercicio físico ante el riesgo de presentar esta arritmia. Pero los hechos están sobre la mesa, aunque nadie quiera ser el responsable de aconsejar una limitación del nivel de ejercicio físico al menos en el caso de intensidades muy extremas de ejercicio y antecedentes de haber presentado la arritmia previamente.

Por otra parte, existen datos tranquilizadores, como el estudio publicado el pasado mes de diciembre por un grupo de investigadores españoles en los que se concluye que el riesgo de presentar esta arritmias en atletas de élite jóvenes es bajo.

En conclusión: aunque el riesgo de presentar una fibrilación auricular está aumentada en atletas con alta intensidad de ejercicio, hoy por hoy no existen recomendaciones en el sentido de disminuir dicha intensidad de ejercicio para prevenir el desarrollo de la arritmia.




¿Qué significado tiene sentir palpitaciones?, ¿son peligrosas?, ¿qué tenemos que hacer si las sentimos?

palpitaciones

Esta es otro de los más frecuentes motivos de consulta al cardiólogo. Notar los latidos del corazón muchas veces nos puede preocupar, sobre todo si los latidos son irregulares , muy fuertes o muy rápidos. Pero, ¿que significado tiene sentir palpitaciones? ¿es peligroso? ¿qué tenemos que hacer si las sentimos?

¿Qué entendemos por palpitaciones?

Con el término de palpitaciones hacemos referencia a la percepción de los latidos del corazón de una forma anormal. Los paciente las suelen describir como “latidos rápidos, lentos, fuertes, con pausas o vuelcos”.

¿Se pueden sentir los latidos del corazón?

En ocasiones podemos sentir los latidos de nuestro corazón, incluso si el ritmo cardiaco es normal. Es frecuente notarlos por la noche en la cama, sobre todo si nos tumbamos del lado izquierdo. Por lo general no notamos nuestros propios latidos a no ser que se modifiquen de forma significativa. Del mismo modo que no percibimos nuestro propio olor, o el de nuestra casa, ni somos conscientes de nuestra respiración; no sentimos nuestro latido si este es normal. Si pudiéramos sentir todas esas sensaciones, la avalancha de estímulos sería tal que nos impediría atender a otros que sí son importantes que percibamos en nuestra vida diaria (el olor a gas, el olor de un incendio, el timbre del teléfono…)

Entonces, ¿por qué somos capaces de sentir palpitaciones?

Podemos sentir los latidos de nuestro corazón en determinadas circunstancias:

Si late excesivamente rápido. Por ejemplo: después de un ejercicio intenso, cuando nos asustamos o nos ponemos nerviosos.

Si late excesivamente lento, lo que puede o no significar un problema del ritmo cariaco.

Si late de forma irregular: en determinadas arritmias (extrasístoles, fibrilación auricular, etc)

Si late anormalmente fuerte: en problemas de las válvulas cardiacas (insuficiencia aórtica) o tras la existencia de extrasístoles

Como he dicho antes, ocasionalmente y sin tener ningún problema cardiaco, también podemos sentir nuestro latido. ¿Cómo? Si estamos en un entorno silencioso o tumbados sobre nuestro lado izquierdo.

¿Puede ser peligroso tener palpitaciones?

En ocasiones sí. Dado que las palpitaciones pueden sentirse tanto en situaciones normales como en anormales (alteraciones del ritmo del corazón; a lo que los médicos llamamos arritmias), es importante poder diferenciar ambas situaciones.

Las palpitaciones tienen características benignas si:

Tienen una frecuencia cardiaca inferior a 150 lat/min, si se producen en reposo.

Se presentan en relación con el ejercicio, con situaciones de estrés o de ansiedad.

Son regulares (el tiempo entre latido y latido es muy similar).

No se acompañan de otro tipo de síntomas.

Son de inicio y desaparición gradual.

Sí se identifican como un vuelco aislado o un latido más fuerte que los demás. Suele corresponder al latido normal que sigue a un extrasístole (ver más adelante).

¿Cuando deberíamos consultar con el cardiólogo?

Cuando aparecen en reposo y con frecuencias cardiacas iguales o superiores a 150 lat/min.

Cuando son irregulares.

Si son de inicio y terminación brusca.

Si se acompañan de sudoración, palidez, mareo, pérdida de consciencia, dolor en   el pecho o falta de aire. 

En estas situaciones deberemos acudir al hospital a la mayor brevedad posible, sobre todo si se asocian a pérdida o disminución del nivel de consciencia, dolor en el pecho o a falta de respiración.

¿Existen palpitaciones debidas a arritmias benignas?

Si. La arritmia que produce un mayor número de consultas al médico son los extrasístoles. El paciente típicamente nota un “vuelco” en el corazón, un latido anormalmente fuerte o una pausa sin latido.

Un extrasístole consiste en un latido que se produce antes de lo que debería.

Existen dos tipos: supraventriculares y ventriculares, dependiendo del lugar del corazón donde se originen.

¿Es necesario consultar por extrasístoles?

Si los extrasístoles son esporádicos, poco frecuentes y aislados, no son peligrosos ni representan un problema de importancia. Pero si los extrasístoles son muy frecuentes o continuados, sí deberíamos acudir a nuestro cardiólogo para descartar algún problema cardiaco que los origine.

En resumen, sentir palpitaciones provoca frecuentes consultas al cardiólogo. Aunque en gran parte de las ocasiones no existe un problema en el corazón, en una pequeña proporción de casos precisan un diagnóstico y tratamiento adecuado.




¿Cuándo acudir al cardiólogo?

Esta es una pregunta que mucha gente se hace en algún determinado momento.

Te encuentras mal, con alguna molestia que piensas o te han dicho que puede estar en relación con un problema del corazón. Desde ese momento, aunque la molestia sea ligera y no te limite tu vida, empiezas a pensar si estarás dejando pasar por alto algo de importancia. Algo que pudiera ser algún problema serio, que si consultaras con tiempo, se podría tratar con facilidad.

Este es el segundo post que escribo al respecto, pero aún surgen muchas preguntas al respecto en los pacientes que acuden a la consulta. Por lo que escribo este nueva entrada para intentar aclarar nuevamente qué síntomas nos deben de alertar y requerirán una consulta y cuales no.

También debo recordaros que en el pasado la medicina era considerada también como un arte, porque en medicina no siempre dos más dos son cuatro; a veces son cinco y otras veces no llegan a tres. Es decir; a pesar de todos los avances que la ciencia médica ha experimentado en el último siglo, no es una ciencia exacta y los síntomas no siempre son los mismos ni se refieren igual.

Empecemos entonces. Voy a enumerar síntomas que pudieran estar en relación con un problema cardiaco.

1. Dolor de pecho

El corazón duele. ¡Claro que duele! Algunos pacientes vienen a la consulta diciéndome: “doctor, aunque sé que el corazón no duele…” El corazón duele. Pero, ¿que tipo de dolor sugiere que podría tratarse de un problema de corazón?

Os remito al post que escribí al respecto al inicio de la vida de este blog.

2. Palpitaciones

Decimos tener palpitaciones en diferentes circunstancias. Desde cuando sentimos latir al corazón rápidamente porque hemos hecho algún tipo de ejercicio físico o estamos nerviosos, hasta la sensación de que va muy rápido sin ninguna razón que lo explique, cuando notamos pulsaciones irregulares, falta de algún latido o cuando sentimos algún latido más fuerte que los demás.

También os remito al post al respecto.

3. Fatiga

Como ya explique en la entrada de noviembre del 2014, el concepto de fatiga puede ser muy variable de una persona a otra, incluso de una región de España a otra.

Mientras que unos lo interpretan como cansancio o debilidad muscular, otros como sensación de falta de aire y otros incluso, como náuseas.

El concepto de fatiga que pudiera estar en relación con un problema cardiaco es el de sensación de falta de aire. Es decir; cuando como cuando tenemos que respirar rápido porque hemos hecho algún tipo de esfuerzo físico.

No me refiero a la sensación de que no entra suficiente aire en los pulmones o de que no se puede llenar totalmente el pecho de aire, ni siquiera a la sensación de que es necesario suspirar profundamente. Estos síntomas suelen estar más en relación con procesos en relación a ansiedad / depresión.

La fatiga que puede estar en relación con un problema cardiaco es lo que los médicos denominamos disnea, que está asociada a tener que respirar rápido porque realmente sentimos como si hubiéramos hecho un esfuerzo importante, aunque realmente no lo hayamos hecho o este haya sido mínimo.

También es sugestiva de enfermedad del corazón si esa falta de aire se produce al poco de acostarnos en la cama y mejora al incorporarnos o si nos despierta a mitad de la noche.

De todas formas, también hay una explicación más amplia de este síntoma en el articulo dedicado.

4. Hinchazón de los tobillos

¿A quién no se le han hinchado nunca los pies o los tobillos, aunque sea mínimamente?

La mayoría sabemos que se pueden hinchar los tobillos en relación a permanecer en pie mucho tiempo, al calor, a problemas de circulación venosa o como efecto secundario de determinadas pastillas. Pero, ¿cuando sospechar que puede deberse a un problema del corazón?

Como con los síntomas anteriores os remito al post escrito al respecto.

5. Mareo

Como también expliqué en el post dedicado, cuando nos referimos a mareo de posible origen en el corazón hablamos médicamente de síncope o presíncope.

Este tipo de mareo es el que sientes que pierdes la visión momentáneamente o el que en ocasiones te ocurre al levantarte bruscamente.

Aunque en este último caso sería debido a ortostatismo y no estaría en relación con un problema cardiaco, la sensación que se nota es muy similar a un presíncope de origen cardiaco.

Por otra parte, la pérdida total de conocimiento, sobre todo la que ocurre sin síntomas previos que la anticipen, puede ser debida a un problema del corazón.

Al igual que en todos los anteriores, para más información, mejor consullar el post dedicado a la cuestión.

También deberíamos acudir razonablemente al cardiólogo o a otro especialista, aún sin ningún síntoma, en los siguientes supuestos:

1.- Sospecha de tener o haber tenido la tensión arterial elevada

2.- Tener cifras elevadas de colesterol en sangre

3.- Tener antecedentes familiares de enfermedad del corazón o de muerte súbita, sobre todo si esta ha ocurrido a un edad relativamente temprana

4.- Se quiere comenzar a realizar ejercicio físico de alto nivel, de competición o se va a comenzar un programa ambicioso de preparación física desde un hábito sedentario previo

5.- Si te han dicho que tienes alteraciones en el electrocardiograma

6.- Si te dicen que tienes un soplo a la auscultación del corazón

7.- Si te van a operar de algo y el anestesista, en la valoración preoperatoria, considera que tienes que ser también valorado por un cardiólogo

8.- Si quieres tener una valoración completa de tu riesgo cardiovascular, para poner las medidas preventivas adecuadas en caso de necesitarlas.

9.- Si te dicen que tienes una aorta dilatada, líquido en el pericardio, un corazón grande, líquido en los pulmones o calcio en válvulas o en las coronarias después de algún estudio radiológico realizado por otro motivo.

Espero que este artículo os haya servido para tener un poco más claro cuando acudir al cardiólogo, cuando es razonable esperar y ver evolución, o bien cuando ir a otro especialista porque el problema no está en relación al corazón.