¿Es útil la homeopatía?

Pues ya veis en qué jardín me estoy metiendo. Uno que mueve sólo en nuestro país muchos millones de euros al año… al igual que la medicina tradicional, por supuesto.

Pero una vez que quitamos los aspectos económicos e intereses comerciales de unos y de otros, deberíamos poder llegar a una opinión sobre si la homeopatía es realmente útil o no lo es.

No creo que debamos hacer lo mismo con la medicina tradicional, que ha demostrado a lo largo de los años que lo es, quizá no tanto como nos gustaría, pero seguimos mejorando y es indiscutible que ha salvado y salva muchísimas vidas.

Empecemos por una aproximación a saber qué es y como pretende ejercer su efecto beneficioso la homeopatía.

La homeopatía, según lo que he consultado en Wikipedia “es un sistema de medicina alternativa creado en 1796 por Samuel Hahnemann basado en su doctrina de «lo similar cura lo similar», que sostiene que una sustancia que causa los síntomas de una enfermedad en personas sanas curará lo similar en personas enfermas. Estos son preparados por diluciones sucesivas de la sustancia elegida en alcohol o agua destilada, seguidas de un enérgico golpe a un cuerpo elástico (usualmente un libro encuadernado en cuero). Usualmente la dilución continúa mucho más allá del punto donde ya no permanecen moléculas de la sustancia original”.

En este punto me pregunto, ¿si ya no queda nada, ni siquiera una molécula de la sustancia supuestamente activa, ¿cómo es posible entonces que tenga algún tipo de efecto?. Los homeópatas dicen que es debido al “efecto memoria del agua”. Cuando escuché por primera vez esta explicación miré a los que estaban a mi alrededor para saber si es que era una broma muy sutil que no había pillado.

Hoy por hoy, la comunidad científica internacional considera a la Homeopatía como una pseudociencia, sin base científica real, desprovista de cualquier propiedad curativa por sí misma y con efectos comparables al placebo. Como todos sabéis, un placebo es una sustancia farmacológicamente inerte que se utiliza como control en un ensayo clínico. El placebo es capaz de provocar un efecto positivo a ciertos individuos enfermos, si estos no saben que están recibiendo una sustancia inerte (ej. agua, azúcar) y que creen que es un medicamento. Esto se denomina efecto placebo y es debido a causas psicológicas.

Por lo tanto, la homeopatía es útil, tan útil como puede ser un placebo caro, bien presentado, que compras en una farmacia y prescrito por un médico homeópata o también aconsejado en farmacias supuestamente respetables.

Gran número de revisiones sistemáticas han demostrado su carencia de efecto real. Hay una absoluta ausencia de evidencia estadística de su eficacia terapéutica, lo que es consistente con la carencia de cualquier agente o mecanismo farmacológico biológicamente verosímil. Para explicar su mecanismo de acción se ha invocado a conceptos abstractos de la física teórica, incluido el sofisticado entrelazamiento cuántico, la no-localización cuántica, la teoría de la relatividad y la teoría del caos. Todo ello sin una base física real que lo sostenga.

Luego están esos pacientes que te dicen “pues a mi me funciona” y entonces, como diría una persona muy cercana a mi, se te queda “cara de troll”. ¿Cómo puedes razonar contra ese argumento? Es como cuando te dicen que tienen “tensión nerviosa” o “para mi esa tensión es normal”

La Homeopatía, increíblemente (si no sabemos que el príncipe Carlos la apoya firmemente), está financiada en el sistema Nacional de Salud (NHS) británico, aunque en julio de este año se ha abierto un debate oficial para acabar con dicha financiación, así como la de los tratamientos herbales y algunos fármacos de eficacia cuestionable.

En nuestro país, a causa del régimen de medicamentos europeo, los productos homeopáticos siguen estando reconocidos como medicamentos, aunque el Sistema Nacional de Salud no cubre las prescripciones de homeopatía, ya que se exige que los tratamientos a financiar cuenten con evidencia científica. La Conselleria de Sanitat Valenciana, en un comunicado a sus facultativos del pasado mes de julio, explicitó que la homeopatía, junto con el resto de pseudociencias, está excluida del Sistema Nacional de Salud, “por lo que se prohíbe su promoción, presencia, publicidad o su desarrollo en centros sanitarios públicos”.

También La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido contra el uso de tratamientos homeopáticos para tratar varias enfermedades con un alto índice de mortalidad, como la tuberculosis, el VIH/SIDA, la malaria, la gripe común y la diarrea infantil, en respuesta a una carta abierta que le hizo llegar un grupo de jóvenes investigadores británicos y africanos que temen que la promoción de la homeopatía en países en vías de desarrollo esté poniendo en riesgo la vida de los enfermos.

Creo que tras todo lo que habéis leído no tendréis ninguna duda de cual es mi posición acerca de la homeopatía.

Respeto cualquier medida que se pueda emplear para mejorar una enfermedad o dolencia, siempre que no sea perjudicial para el paciente (la homeopatía no lo es) o que su empleo haga que el enfermo deje de utilizar otras medidas científicamente probadas que puedan realmente curar su enfermedad (puede ser el caso de la homeopatía).

Por favor, no más homeopatía, imposición de manos ni danza de la lluvia. Sobre todo para enfermedades potencialmente letales y que puedan tener tratamientos efectivos en la medicina llamada tradicional, aunque yo la llamaría científica.

Los humanos hemos evolucionado mucho en muchos aspectos, pero las creencias y el pensamiento mágico aún persiste, aunque cada vez en menor medida. Muchas veces ese pensamiento mágico hace más interesante y excitante la vida y otras muchas aporta una esperanza que de otra forma no existiría. Para los que continuéis necesitando un poco de esa magia inexplicable en vuestras vidas, adelante, guardad un poco de esa magia, pero no la empleéis en aspectos que os pueden perjudicar a vosotros o a los demás.