¿100 calorías de pan son iguales a 100 de fruta?

indice glucemico

Al amparo de la conocida frase “somos lo que comemos,” durante los últimos 50 años se nos ha recomendado limitar las grasas de la dieta con el objetivo de no tener grasa y por lo tanto no ser obesos y también de disminuir el riesgo cardiovascular. Como consecuencia, hemos disminuido un 21% la cantidad de grasa en nuestra dieta y sin embargo hemos casi triplicado la cifra de obesos y multiplicado por 13 la de diabéticos. En la actualidad tampoco pensamos que las grasas, en términos generales, aumenten nuestro riesgo cardiovascular.

Hasta hace poco, también creíamos que una caloría era una caloría proviniera de donde fuera y así 1000 calorías de grasas engordaban exactamente lo mismo que 1000 calorías de hidratos de carbonos, pero ahora se sabe que no es así: Una caloría NO es un caloría, depende de su origen.

En la actualidad sabemos que lo más importante de los alimentos que consumimos es su índice glucémico.

¿Qué quiere decir esto?

Hablamos de hidratos de carbono con alto índice glucémico cuando una vez ingeridos se transforman rápidamente en glucosa. Estos niveles altos de glucosa en sangre  producen una rápida e intensa liberación de insulina de nuestro páncreas, que rápidamente saca la glucosa de nuestra sangre que posteriormente se acumula en forma de grasa.

Al mismo tiempo, ese rápido vaciado a glucosa en sangre estimula nuestras hormonas de estrés y dispara la señal del hambre en nuestro cerebro. Al no tener suficiente glucosa en sangre, nuestro organismo cree que nos encontramos ante una situación de escasez de alimentos y en lugar de seguir quemando calorías a un ritmo normal, desciende el metabolismo, disminuyendo importantemente la quema de calorías.

Por lo tanto se produce la siguiente secuencia:

  • Sube rápidamente la glucosa en sangre y se acumula en grasas.
  • Baja la glucosa también de forma rápida por acción de una masiva liberación de insulina.
  • Se dispara la sensación de hambre y baja el metabolismo y la quema de calorías.

Todo esto ocasiona de ingiramos más calorías porque tenemos más hambre, que quememos menos y que acumulemos más en forma de grasas. Es decir; que ganemos peso. La liberación masiva en picos de insulina también provoca el agotamiento de las reservas pancreáticas y contribuye a la aparición de diabetes.

Las actuales recomendaciones abogan por no disminuir las grasas de la dieta, excepto las dañinas grasas TRANS (grasas industriales), consumir hidratos de carbono de bajo índice glucémico (legumbres, frutos secos, verduras, lácteos) y proteínas (mejor pescado, huevo y carnes de ave) y evitar las grasas TRANS (bollerías industrial, platos precocinados, comida rápida, aperitivos y snacks, helados, algunas margarinas y en general todo producto que ha sido modificado industrialmente) y los alimentos de alto índice glucémico (dulces, zumos envasados, refrescos con azúcar, bebidas deportivas, bollería, pan blanco, pasta, arroz blanco, patata, maíz).

También es conveniente comer pequeñas cantidades varias veces al día, con el fin de mantener niveles bajos y estables de glucosa en sangre y evitar así la sensación de hambre y el ahorro de energía posterior de nuestro organismo.




La obesidad infantil provoca alteraciones cardiacas

niño obeso

Obesidad infantil

Ya conocemos, por estudios previos, los problemas derivados de la los malos hábitos alimenticios en la infancia. Previamente, en este blog, he expuesto los peligros de los refrescos azucarados y de comer sin la supervisión de adultos, como factores de riesgo cardiovascular.

Según un estudio presentado en el último congreso de la American Heart Association’s, los niños obesos tienen una afectación cardiaca significativa a edades tan precoces como los 8 años. Esta circunstancia aumenta el riesgo de padecer problemas cardiacos cuando sean adultos.

El estudio se realizo comparando las imágenes obtenidas mediante resonancia cardiaca de 40 niños de Kentucky entre 8 y 18 años. La mitad obesos y la otra mitad con un peso normal. Los niños obesos mostraban una masa cardiaca un 27% mayor y un grosor de las paredes del ventrículo izquierdo aumentada en un 12%. También se detectó que el 40% de los pacientes obesos presentaban disminución de la fuerza de contracción del ventrículo izquierdo, por lo que fueron considerados de alto riesgo.

No todos los niños obesos presentaban afectación cardiaca y aunque ninguno de los niños tenían síntomas, existía una gran preocupación de que pudieran presentar un problema cardiaco importante e incluso una muerte prematura en la edad adulta.

Aunque aparentemente estas alteraciones cardiacas pueden ser reversibles, no es posible descartar que, en algunos casos, el daño pueda llegar a ser permanente.

Todo esto refuerza el concepto de que la obesidad tiene un impacto negativo en el sistema cardiovascular y sorprende que el daño pueda llegar a producirse a edades tan tempranas. Además, la obesidad en los niños favorece el desarrollo de diabetes tipo 2, apnea del sueño y también de problemas óseos o articulares, asma, hipertensión, además de los conocidos problemas psicológicos y sociales.

Los padres, por tanto, tienen la responsabilidad de ayudar a sus hijos a mantener un peso adecuado. Deben de comprar alimentos saludables en lugar de comida rápida, bollería, zumos y batidos. También deberían limitar a sus hijos el tiempo de televisión, ordenador y videojuegos, animándoles a realizar actividades al aire libre.

De igual forma los colegios y corporaciones locales también deberían hacer su trabajo educando a los niños y a sus padres sobre los riesgo para la salud del sobrepeso y la obesidad.




Obesidad y riesgo cardiovascular

Obesidad

La obesidad se define como tener un índice de masa corporal mayor o igual a 30. Se considera sobrepeso si es superior a 25. Este índice se obtiene de dividir nuestro peso en Kilogramos entre el cuadrado de nuestra altura en metros (IMC= Peso/Talla2).

Es el factor de riesgo cardiovascular más prevalente en los países desarrollados y también el de más difícil control. Se ha demostrado que el aumento del riesgo de los obesos no está sólo en relación a su mayor incidencia de hipertensión, diabetes, dislipemia o sedentarismo, sino que recientemente se están identificando otras alteraciones ligadas a la obesidad (elevación de la PCR, aumento de la probabilidad de formación de trombos, apnea del sueño, alteración de funcionamiento normal del endotelio de las arterias,…) que también contribuirían al aumento del riesgo.

La obesidad no sólo aumenta el probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, (hipertensión, angina de pecho, infarto, insuficiencia cardiaca, arritmias y muerte súbita) sino también de diabetes, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, hígado graso y cáncer.

Cada vez se tiene un mayor conocimiento del problema y ya se sabe que no toda obesidad es igual de perjudicial. La obesidad central (la barriga) es la más nociva de todas. Por lo tanto, el  riesgo es aún mayor si además de presentar un alto índice de masa corporal tenemos una distribución inadecuada de la grasa corporal.

Se considera obesidad central cuando el perímetro abdominal es mayor de 102 cm en varones o de 88 cm en mujeres.

Hay que decir que no todo en relación a la obesidad está perfectamente claro. En los últimos tiempos se ha puesto de manifiesto lo que se ha llamado la paradoja de la obesidad. Y es que si bien los obesos tiene un mayor riesgo cardiovascular, una vez que han presentado el problema en cuestión, refiriéndonos a un infarto o a una insuficiencia cardiaca, la mortalidad de estos pacientes es significativamente menor que la de los paciente que han sufrido la misma enfermedad pero que presentaban un peso menor.

En conclusión: La obesidad representa un importante problema de salud, no solo por sus consecuencias sino también por su difícil tratamiento y control. A pesar de que se cada vez se conocen mejor los problemas ligados a la misma aún quedan muchas preguntas por responder en este tema.