¿Puedo saltarme alguna comida al día?

Se que este post puede ser controvertido y llevarnos a confusión, pero me ha parecido interesante y aquí va. Cada uno que saque sus propias conclusiones y decida lo que hacer con esta información. Acepto quejas y sugerencias (preferentemente constructivas).

Estamos acostumbrados a oír desde muchos medios que es importante respetar todas las comidas del día. Sin saltarse ninguna.

Es lo normal cuando empiezas cualquier tipo de dieta, Que te digan que tienes que hacer al menos 5 comidas al día, porque de lo contrario, si existe un tiempo prolongado sin alimentos, el cuerpo entra en modo ahorro de energía y ralentiza el metabolismo, no sólo gastando muchas menos calorías sino intentando acumular todas las que le llegan en forma de grasa.

Vale. Este es el concepto que la mayoría de personas que se dedican a la nutrición te transmiten cuando decides empezar un programa encaminado a la pérdida de peso.

Pero, ¿qué hay realmente de cierto en todo esto? Y además ¿cómo influyen nuestros horarios de comida en nuestra salud?

En junio del año pasado escribí un post al que titulé ¿Qué es la crononutrición?. En él explicaba que no hay realmente certeza científica de que el momento del día o cuantas veces al día comamos tenga algún tipo claro de repercusión. Pero sí decía que algunos estudios apuntaban a que la regularidad de la comida, sin dejar mucho tiempo entre unas y otras, parecía ser beneficioso.

Hoy en cambio, me voy al otro extremo, al referirme a una revisión publicada en agosto de este año sobre las consecuencias de las dietas que implican ayunos intermitentes, para intentar dilucidar si aportan algún beneficio para la salud.

Revisando, pude comprobar que existen también gran número de publicaciones que asocian los regímenes que implican ayunos programados con pérdidas de peso y una mejoría de la salud metabólica. Otros que proponen la desaparición o importante disminución  de la cena, con periodos prolongados de ayuno, como una medida saludable.

En esta revisión los cambios en la salud que se evalúan son los relacionados con los cambios de peso, enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus y cáncer.

Se evalúan varios estudios en humanos y en roedores con parecidas conclusiones. Cuando se realiza un ayuno durante muchas horas al día sin comer, ya sea evitando la cena, tomando una sola comida por la tarde, no desayunando o por ejemplo durante ayunos religiosos como en el el Ramadán o los adventistas del séptimo día, se detectan menores niveles de glucosa en sangre, pérdida de peso y mejoría del perfil de lípidos (colesterol).

Aunque los resultados de estos estudios observacionales es limitado, parecen apuntar a que comer pronto en el día y prolongar el ayuno durante la noche puede disminuir el riesgo de varias enfermedades crónicas.

La explicación de estos posibles beneficios la basan en tres diferentes mecanismos de acción que podrían estar implicados:

1.- El no respetar el ritmo circadiano (comer durante el día) puede afectar negativamente desde el punto de vista metabólico llevando a aumento del riesgo de diabetes. Los alimentos que se consumen durante la noche producen un mayor nivel de glucosa en sangre y también un aumento de la secreción de insulina si los comparamos con los ingeridos durante el día.

2.- Los regímenes que implican un prolongado periodo de ayuno nocturno tienen también un impacto positivo en la microbiota humana, pudiendo ser también parte de la explicación.

3.- También se cree que el ayuno nocturno prolongado, por su efecto en el descenso del consumo de calorías, en la actividad física y en el ritmo circadiano pueden actuar conjuntamente para reducir el riesgo de enfermedad cardiometabólica y de cáncer.

Esta revisión sugiere que las dietas que implican períodos prolongados de ayuno pueden ayudar a la pérdida efectiva de peso, a mejorar la salud metabólica (disminución de la incidencia de diabetes) y cardiovascular, así como a disminuir el riesgo de cáncer.

Bueno… ¿y ahora qué?

Asumo que penséis o incluso me digáis:

“Mira, Javier, ya no me creo nada de nada. A ver si os ponéis de acuerdo de una vez. Yo solía no cenar porque por la noche no tenía demasiada hambre y así creía poder perder peso, hasta que me dijisteis por activo y por pasiva que era malísimo saltarse una comida. Que así incluso se engordaba mas. Estáis haciendo lo mismo que con las grasas. Al principio que eran malísimas. Todos a comer alimentos light, bajos en grasa y sobre todo si las grasas eran saturadas. ¡Eran lo peor!. ¿Y ahora qué? Me vienes con el cuento de que puedo tomar mantequilla sin problema porque no es perjudicial para la salud, pero que ni se me ocurra hincharme a patatas o a pan porque son mucho más perjudiciales. La verdad es que ya estoy harto. Voy a ir a mi bola y cuando estéis seguros de algo ya me mandáis un burofax y me lo comunicáis oficialmente”.

Lo comprendo. Yo pensaría exactamente igual que vosotros. Me sentiría como en un barco en alta mar con una tripulación que no sólo no sabe manejar el barco sino que ni siquiera sabe por dónde tiene que navegar.

Por eso y cada vez más, pongo en cuarentena los estudios que llegan a mi poder en relación a la nutrición y su influencia con la salud en general y con la cardiovascular en particular.

Lo único que pienso que puede ser positivo de todo esto, hasta que se hagan estudios más concluyentes al respecto, es saber que no es pecado saltarse un comida; que no vas a ser excomulgado por tu médico o nutricionista si lo haces; ni siquiera si decides hacerlo de forma habitual. Tampoco te dará un infarto ni engordarás de repente si decides no cenar o desayunar.

¡A ver qué hacéis ahora…! Sólo desearos lo que os diría el maestro Yoda: May the force be with you! (que la fuerza os acompañe).




¿Qué es la crononutrición?

crononutricion

Según vimos en el reciente post de hace 1 mes, no todos los tipos de calorías son iguales. Pero, además de la cantidad y la calidad de las calorías, ¿es importante la hora del día en la que nos alimentamos?

De esta cuestión se encarga la crononutrición o ritmonutrición. Esta disciplina se basa en la cronobiología y en nuestros ritmos circadianos.

La crononutrición fue desarrollada en el año 1986 por el doctor Alain Delabos. Postuló que los diferentes tipos de alimentos no se utilizan por nuestro organismo de igual forma, dependiendo de la hora a la que se consumen y también nuestro morfotipo (características físicas). Los alimentos pueden consumirse o almacenarse dependiendo del tipo de alimento de que se trate, del momento de su ingestión y de nuestras características físicas.

Esta forma de alimentarse se basa hipotéticamente en respetar el ritmo circadiano natural del organismo. Es decir; consiste en ingerir nutrientes y alimentos cuando teóricamente son más necesarios y útiles para el cuerpo.

Nuestro organismo segrega hormonas (cortisol e insulina), que reclaman alimentos aproximadamente cada 4 horas. Es entonces cuando deberíamos aportarle los nutrientes adecuados según cada momento del día. Por esa razón, aconseja las cuatro comidas al día a horas fijas (cada 4 horas); las tres principales más la merienda.

La crononutrición también aconseja que para respetar nuestros propios ritmos biológicos (hormonales y metabólicos), tendremos que consumir alimentos grasos por la mañana, proteínas y azúcares “lentos” (de bajo índice glucémico) a mediodía y por la tarde y ligeros o ayunar por la noche.

La crononutrición vuelve a poner en vigencia la conocida frase: «desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo”.

Pero, ¿qué dice la ciencia sobre la crononutrición?

Por una parte, existen estudios que intentan descubrir la influencia de la regularidad de la alimentación sobre nuestro riesgo cardiovascular.

Algunos relacionan la irregularidad de la alimentación con un mayor riesgo de desarrollar síndrome metabólico (resistencia a la insulina, hipertensión, hipertrigliceridemia, descenso del HDL colesterol y obesidad central), con el consecuente aumento del riesgo cardiovascular.

Otro estudio realizó un seguimiento a los 17 años de 1,768 individuos del Reino Unido. Concluyó que los que tenían una alimentación más irregular en la comida de mediodía y en las comidas entre horas presentaban un mayor riesgo de desarrollar síndrome metabólico que los que comían de forma regular.

Según un artículo de la revista Proceedings of the Nutrition Society y con los limitados datos al respecto, la alimentación irregular se asocia con un mayor riesgo cardiometabólico.

Otro estudio de la misma revista, concluye que existen muchas variaciones entre diferentes países en cuanto al horario y las características de la alimentación. Sin embargo, algunos ensayos relacionan la obesidad al mayor consumo de alimentos por la noche.

También se puso en evidencia que los individuos que tenían trabajos nocturnos presentaban una mayor tendencia a ganar peso, a desarrollar síndrome metabólico y eventos cardiovasculares. Todo ello por un mecanismo no bien conocido, pero en probable relación con el cambio en el ritmo circadiano.

Por último, existe cierta evidencia que sugiere que ingerir una mayor cantidad a última hora del día se asocia al desarrollo de obesidad.

En conclusión, desde el punto de vista estrictamente científico no existen datos concluyentes. Sin embargo, parece probable que el horario de ingestión de los alimentos, su regularidad y el tipo de alimentación dependiendo del momento del día, pueda influir decisivamente en el desarrollo de obesidad, síndrome metabólico y en el riesgo cardiovascular.