Corazón y deporte

Ciclismo

¿Son todos los deportes iguales para el corazón?

No. Podemos diferenciar dos tipos de deportes:

  • Dinámicos o isotónicos: en ellos se realiza un gran desplazamiento, con poca fuerza. Se trata de ejercicios fundamentalmente aeróbicos cuando se realizan a intensidades moderadas. Si se realizan a gran intensidad, pasan a ser anaeróbicos. Como ejemplo de deportes aeróbicos tenemos: la carrera de fondo, la marcha o el esquí de fondo.
  • Estáticos o isométricos: se caracterizan por muy escaso desplazamiento y gran componente de fuerza. Son ejercicios predominantemente anaeróbicos. La halterofilia o el windsurf son ejemplos demostrativos.

En realidad todos los deportes tienen los dos componentes, aunque según cuál sea y cómo se ejecute, predominará uno más que otro.

Por ejemplo, patinar o montar en bicicleta son ejercicios muy dinámicos y aeróbicos, pero en cambio el patinaje de velocidad y el ciclismo de montaña son fundamentalmente estáticos, con gran componente anaeróbico.

¿Afectan al corazón de forma diferente?

Si. Los deportes dinámicos, cuando se practican con gran intensidad y mucho tiempo, dan lugar a corazones ligeramente dilatados con un grosor de las paredes musculares normales. Es lo que llamamos «corazón de atleta». En cambio, los deportes estáticos suelen aumentar el grosor de las paredes musculares del corazón, sin dilatarlo.

¿Y qué es lo más beneficioso?

Ninguna de las dos situaciones descritas arriba ha demostrado beneficios claros en cuanto a expectativa de vida. Lo único que mejora, sin lugar a dudas, la calidad y la esperanza de vida es la realización, de un ejercicio dinámico MODERADO (aeróbico), de forma REGULAR, como por ejemplo, caminar 45 minutos al día a paso ligero.

¿Qué entendemos por «de forma regular»?

Nos referimos a un mínimo de entre 3 y 5 días a la semana, aunque a mayor número de días semanales se ha demostrado un mayor beneficio.

¿Cuánto tiempo tenemos que dedicar a cada sesión diaria de entrenamiento?

Se ha comprobado que con sólo 10 minutos conseguimos beneficios. Pero las mayores recompensas se obtienen a partir de los 30 – 45 minutos por sesión.

Si utilizamos un pulsómetro, ¿qué frecuencia cardiaca no debemos sobrepasar?

La frecuencia cardiaca máxima de cada uno se calcula con una simple resta.

Frecuencia cardiaca máxima = 220 – edad (años).

Si se trata de una mujer, dicha frecuencia será ligeramente superior (aproximadamente 6 latidos mas por minuto). También serán  superiores las frecuencias máximas de los deportistas que tengan pulsaciones más elevadas en reposo.

Es importante decir que la respuesta de la frecuencia cardiaca es muy variable en cada deportista. Por lo tanto hay que tomar la regla de arriba sólo de forma orientativa.

Por ejemplo: dos deportistas igual de entrenados que realizarán el mismo ejercicio.

El primero de ellos podría llegar a su esfuerzo máximo cuando ha rebasado en 10 latidos/minuto la frecuencia cardiaca calculada para su edad y el segundo alcanzar su máximo esfuerzo 15 latidos por debajo del cálculo de las pulsaciones para su edad.

Eso no significa necesariamente que el de menor frecuencia máxima esté mejor entrenado.

Entonces, ¿de qué manera podemos saber cuál es nuestro límite de esfuerzo real y nuestro nivel de entrenamiento?

La mejor manera es calculando nuestro consumo máximo de oxígeno (VO2max). Para saberlo es necesario la realización de una prueba de esfuerzo máximo mientras se analizan nuestros gases  espirados (oxigeno y anhídrido carbónico). El VO2max representa el punto de nuestro mayor ejercicio aeróbico y aumenta progresivamente según estamos mejor entrenados.

Este procedimiento es complejo y no es posible realizarlo, de rutina, en nuestras sesiones de entrenamiento.

Si la frecuencia cardiaca tiene variaciones según cada deportista y la medición del consumo máximo de oxígeno no se puede aplicar a nuestro entrenamiento diario, ¿cuál es la mejor forma de saber hasta cuándo podemos llegar en nuestro esfuerzo?

La forma más fiable de saber cuál es nuestro límite lo tenemos siempre a nuestro alcance. No hace falta ningún aparato sofisticado para medirlo: es lo que llamamos índice de fatiga de Borg, escala del esfuerzo percibido o RPE por sus siglas en inglés, Ratings of Perceived Exertion.

Se trata de trasladar a una escala de 10 niveles (en su versión simplificada) nuestra percepción del esfuerzo que estamos realizando, que irá desde 1, para el esfuerzo muy ligero, a 10 para el esfuerzo máximo. Es decir; nuestra sensación de fatiga es muy fiable para saber que estamos llegando a nuestro límite.

¿Quiere decir eso que el control de la frecuencia cardiaca durante el ejercicio no tiene ninguna utilidad?

No. El control de la frecuencia cardiaca durante el ejercicio es muy útil en las siguientes circunstancias:

  • Cuando ya nos hemos hecho una prueba de esfuerzo con análisis de gases y conocemos a que frecuencia tenemos nuestro consumo máximo de oxígeno.
  • Para programar la realización de un entrenamiento reglado, dependiendo de nuestros objetivos. Deberemos entrenar a unos rangos de frecuencia cardiaca determinados, expresados como porcentaje de nuestra frecuencia cardiaca máxima (que ya conocemos).
  • Entre el 55 y 65% si queremos simplemente un programa de mantenimiento.
  • Entre el 65 y el 75% si lo que queremos es entrenarnos lentamente y con escasa fatiga durante los entrenamientos.
  • Por encima del 75% si lo que deseamos es una rápida progresión en nuestro entrenamiento, aunque a costa de un elevado nivel de fatiga durante las sesiones.
  • Para prevenir el sobre-entrenamiento: en ese caso las frecuencias cardiacas irían subiendo progresivamente ante el mismo nivel de esfuerzo. Es el momento de tomarse un respiro y de bajar nuestras exigencias durante el entrenamiento o incluso, suspenderlo totalmente durante un tiempo.
  • Se ha demostrado que la rapidez con que la frecuencia cardiaca retorna a valores de reposo tras la realización del esfuerzo (lo que llamamos la recuperación) se correlaciona estrechamente con el nivel de entrenamiento, Así, cuando la recuperación es más rápida estamos mejor entrenados.

 

¿Debemos intentar tener frecuencias cardiacas en reposo más bajas? ¿Cómo podemos conseguirlo?

Tener el pulso más o menos bajo en reposo o alcanzar una menor frecuencia cardiaca con el esfuerzo no tiene, en sí mismo, ninguna ventaja.

La frecuencia cardiaca en reposo disminuye en prácticamente el 100% de los deportistas bien entrenados. Que esa disminución sea más o menos acentuada no depende sólo del grado de entrenamiento, sino también de factores individuales no perfectamente aclarados.

Los deportes dinámicos, que involucran a amplias áreas musculares (por ejemplo, carrera o esquí de fondo), son los que dan lugar a pulsaciones más bajas en el deportista que los practica.

La mejor forma, por lo tanto, para conseguir frecuencias más bajas es la realización de este tipo de deportes, aunque como ya he mencionado, no representa una ventaja para el deportista ni tiene que ser un objetivo de su entrenamiento.

¿Y si decidimos hacer un ejercicio físico más intenso? ¿Aumentaremos todavía mas nuestra expectativa de vida? ¿Puede llegar a ser perjudicial un entrenamiento físico especialmente intenso? ¿Existen problemas cardiacos asociados al corazón de atleta?

Todo esto tendrá que esperar al próximo artículo de cardiología deportiva. Hasta muy pronto.




Verdades y mentiras de la hipertensión

Hipertension

¿Qué es la presión o tensión arterial?

Es la presión a la que nuestra sangre está dentro de nuestras arterias.

Existen dos valores: la máxima o sistólica que corresponde a la que medimos cuando el corazón se contrae y la mínima o diastólica, que corresponde a la que obtenemos cuando el corazón está distendido o en diástole.

¿Qué valores se consideran normales?

La tensión arterial normal ha de ser inferior a 140/90 mmHg (lo que comúnmente se dice 14/9) si la tomamos en la consulta. Se acepta que si la tensión se toma en el domicilio los valores han de ser algo más bajos (135/85 mmHg).

“Pero a mí me han dicho que 15 de máxima es normal para mi edad”

Falso. Es cierto que la tensión arterial suele aumentar con la edad. Pero eso no quiere decir que no tengamos que tratarla si supera el valor normal. De lo contrario, la tensión afectará al organismo, independientemente de la edad.

¿Es la tensión arterial la misma durante todo el día?

No, la tensión arterial tiene variaciones importantes a lo largo de día dependiendo de factores conocidos como el estrés emocional o el ejercicio físico, entre otros.

¿Cómo debo tomarme la tensión arterial?

Se debe utilizar siempre un dispositivo que la tome en el brazo, NO en la muñeca.

Medirla en una habitación tranquila, sentado y con la espalda y brazo apoyados.

Hay que esperar 5 min. en reposo antes de tomarla.

Tómese la tensión en el brazo que sepamos que normalmente la tenemos más alta. Y si no lo sabemos, comprobadlo.

Se deben hacer 2 mediciones esperando al menos 2 min entre ellas y apuntar ambas.

Mídala a diferentes horas del día.

Entonces… ¿eso de tomarla en el brazo izquierdo porque “es el brazo del corazón”?

La tensión arterial debería de ser la misma en cualquier parte que la tomemos.

Es cierto que con el paso de los años, se desarrollan estrecheces en las arterias. Por ello, si medimos la tensión en las muñecas, la probabilidad de que existan estrecheces en el trayecto arterial desde el corazón es elevada y la tensión saldrá más baja que la real. Esa es la razón por qué debemos tomar la tensión en los brazos y no en las muñecas. 

¿Y en cuanto a lo de tomarla en el brazo izquierdo?

Ya he mencionado que la presión arterial debe medirse en el brazo en la que esté más elevada. Se ha comprobado que es en el brazo derecho en más del 60% de los pacientes.

Por eso deberíamos de preguntar a los fabricantes de muchos de los dispositivos que encontramos en las farmacias por qué siempre los fabrican para meter el brazo izquierdo. Yo no conozco la respuesta.

“Pues yo me tomo la tensión y siempre la primera me sale alta, pero cuando la vuelto a tomar ya está normal”

Lo correcto es dar por válida la primera medida o, si se toma una segunda, dejar pasar unos minutos entre las dos tomas. El mismo acto de tomar la tensión baja la tensión durante un corto tiempo después de hacerlo. Por lo que si nos fiamos de la segunda medida, tomada inmediatamente después de la primera, estaremos obteniendo un valor falsamente bajo.

¿Por qué es malo tener la presión arterial elevada?

Además de los cambios en el músculo del corazón, el principal daño que provoca la hipertensión es a nuestras arterias.

Las paredes arteriales que están sometidas a una presión mayor de la normal, desarrollan lo que llamamos arteriosclerosis. Se trata de un estrechamiento progresivo de la luz arterial (del sitio donde circula la sangre). Esto provoca, si es muy acusado, que no llegue sangre suficiente a determinados órganos, pudiendo provocar infartos de miocardio o anginas de pecho, ictus, insuficiencia renal y muchas otras.

“Pero…, si yo me encuentro bien. ¿Por qué tengo que tomar pastillas para bajar mi tensión?”

A la hipertensión arterial se le conoce como “el asesino silencioso”. Es decir; en muchas ocasiones no da síntomas hasta que ya es demasiado tarde, porque ya hemos padecido un infarto de miocardio o un ictus.

“Además de tomar las pastillas que me prescriban, ¿puedo hacer algo para bajar mi tensión?”

Sí, por supuesto. Las medidas higiénico-dietéticas, como las llamamos los médicos, son de gran importancia. Son las siguientes:

Comer con poca sal.

Mantener un peso adecuado con una dieta equilibrada. Evitar el sobrepeso.

Hacer ejercicio físico aeróbico moderado de forma regular (caminar rápido, bicicleta, nadar, correr…).

Reducir el consumo de alcohol (no más de dos copas de vino al día, en el hombre y algo menos en la mujer).

“Si tengo la tensión alta, ¿debo de acudir inmediatamente al médico?”

La hipertensión arterial, normalmente, no es un problema urgente a no ser que se trata de valores muy elevados (por lo general siempre más de 200/120 mmHg) y que produzca síntomas (dolor de cabeza o de pecho, falta de aire,…).

El daño producido por la tensión se efectúa poco a poco, a lo largo de meses y de años.

“Pero…, ¡si yo siempre he sido de tensión baja!”

En la juventud, la inmensa mayoría de la población tiene valores más bajos de tensión arterial. Con el paso de los años la presión va subiendo progresivamente. Por lo tanto, es la norma recibir a pacientes hipertensos que hace años tenían tensiones normales o bajas. 

Doctor, yo tengo la tensión “descompensada”

Lo de tensión “compensada” o “descompensada” no tiene ningún significado clínico. Los pacientes hipertensos de edad más avanzada típicamente suelen desarrollar, lo que los médicos llamamos “hipertensión sistólica aislada”, refiriéndonos a una elevación únicamente de la máxima. En cambio, en pacientes jóvenes, es más frecuente cifras elevadas de la mínima. No es importante que la diferencia entre la máxima y la mínima sea más o menos pronunciada. Por lo tanto expresiones como “tensión descompensada, pinzada» o incluso, como he escuchado, “la mínima más alta que la máxima” no tienen ningún sentido. Lo único que tiene relevancia es que ambas, tanto la máxima como la mínima, sean normales. Por lo tanto, consideraremos hipertensión si la máxima, la mínima o ambas se encuentran elevadas.

Doctor, deme algo para los nervios porque mi tensión es «nerviosa»

No existe la tensión «nerviosa», ni por supuesto se debe emplear ansiolíticos para tratarla. Es cierto que los estados de ansiedad o nerviosismo aumentan la tensión arterial, pero son incrementos puntuales y transitorios que no son perjudiciales y que, por lo tanto, no han de ser tratados. Por otra parte, es muy frecuente ver pacientes en la consulta que además de hipertensos presentan estrés o ansiedad; aunque no quiere decir que una cosa tenga relación ni sea el origen de la otra.

En resumen: la hipertensión no suele dar síntomas específicos. Por lo tanto, es importante realizar controles periódicos para descartar que esté elevada y así poder prevenir enfermedades de serias consecuencias.




Me han dicho que tengo un soplo en el corazón

 

soplo

¿Qué es un soplo? ¿Es una enfermedad?

Un soplo en el corazón es sólo un ruido que los médicos escuchamos cuando auscultamos a un paciente. Y no, no es una enfermedad, es lo que nosotros llamamos un signo a la exploración.

Un soplo aparece al pasar la sangre, en su circulación por el interior del corazón, por un orificio estrecho y crear lo que nosotros llamamos un gradiente de presión o también al circular la sangre a una mayor velocidad de la habitual.

Pensemos en un grifo con una obstrucción en su boca. Si lo abrimos, al salir el agua y atravesar esa obstrucción produciría un ruido que oímos también frecuentemente cuando, aunque no exista esa obstrucción, abrimos mucho ese grifo. En las dos circunstancias estamos creando una diferencia de presión entre antes y después de la obstrucción o entre un agua que sale a gran velocidad y el exterior.   

Entonces… ¿qué pasa si se tiene un soplo?

Lo más importante es saber si ese soplo que se ausculta es debido a que algo no marcha bien dentro del corazón o simplemente es inocente (soplo funcional).

¿Puede un soplo ser inocente?

Decimos que un soplo es inocente o funcional cuando no responde a ninguna alteración del corazón. Se produce porque la sangre circula a gran velocidad por su interior y al pasar por válvulas normales origina un ruido, de forma similar al que producía el grifo si lo abríamos mucho.

Se suelen auscultar en niños y adolescentes, en personas con fiebre, embarazadas y en cualquier circunstancia en que la velocidad de la sangre aumente de forma inusual. Por ejemplo durante el ejercicio físico, en pacientes con anemia, etc.

¿Y cómo es posible diferenciar un soplo inocente de uno de los que sí están relacionados con un problema?

En muchas ocasiones una simple auscultación por un profesional entrenado, es suficiente para distinguirlo con un alto grado de seguridad. En otros casos más dudosos, la realización de una prueba llamada ecocardiograma / Doppler color nos sacará definitivamente de dudas.

¿Y si resulta que finalmente el soplo no es inocente? ¿Qué pasa entonces?

Existen muchos soplos de escasa intensidad que auscultamos diariamente que no son inocentes. Aunque no lo sean, reflejan una alteración poco importante y que posiblemente nunca ocasionará ningún problema al paciente.

Los soplos que sí están en relación con una enfermedad cardiaca de importancia, deberán ser valorados por un especialista. El cardiólogo aconsejará el mejor tratamiento para el problema o bien pautará un seguimiento periódico, con el fin de ver su evolución y elegir el momento preciso para las actuaciones que fueran necesarias.

A un amigo mío se le diagnosticó un soplo y le tuvieron que operar del corazón. ¿Puede llegar el problema a necesitar una operación? ¿No es posible tratarlo con pastillas?

Los soplos que reflejan alteraciones del corazón importantes pueden ser debidos a múltiples causas (problemas valvulares, alteraciones cardiacas de nacimiento, fístulas, alteraciones del grosor del músculo del corazón…) y siempre reflejan un problema mecánico. Vamos a poner otra vez el ejemplo del grifo: imagina un grifo con una importante obstrucción en su boca debido a un acúmulo de cal de muchos años. No sería posible encontrar una sustancia que disolviera esa cal a no ser que se tratase de un ácido altamente corrosivo que si se empleara dañaría también el resto del grifo y de la tubería. Por lo tanto, no nos quedaría otra que ir a la boca del grifo y limpiarla manualmente o cambiar el grifo.

¿Y cómo podemos prevenir esas enfermedades del corazón?

La mayor parte de los problemas cardiacos actuales que provocan soplos no tienen una prevención específica conocida. Las causas más frecuentes son:

– Alteraciones cardiacas de nacimiento.

– Envejecimiento valvular, en algunos individuos.

– Secundariamente a otros problemas cardiacos, como el infarto de miocardio.

Antiguamente la fiebre reumática era la causa más frecuente de problemas valvulares y por tanto de soplos. Hoy en día, está prácticamente erradicada en los países desarrollados, gracias a la utilización de antibióticos.

¿Debemos acudir al médico para ver si tenemos un soplo y nunca nos lo han detectado?

No, no debemos acudir al médico sólo para descartar un soplo. Sí es una buena idea realizar revisiones de salud periódicas, con mayor frecuencia cuanto mayores somos o si vamos a emprender un programa de ejercicio físico intenso. Por supuesto y como siempre, también deberíamos acudir al médico si presentamos algún síntoma como dolor en el pecho, palpitaciones, falta de aire o pérdida de consciencia.

En resumen: tener un soplo no significa estar enfermo del corazón. Pero antes de asegurarlo, consulte con su cardiólogo.