¿Se puede tomar Viagra después un infarto?

Es conocido que la disfunción eréctil es un marcador de riesgo para presentar un evento cardiovascular. Para conocer si los pacientes que presentaban disfunción eréctil y habían presentado u infarto de miocardio presentaban mayor mortalidad o mayor incidencia de eventos posteriores, se realizó un estudio sueco que se ha presentado este mes en el congreso anual del American College of Cardiólogy.

Se incluyeron 43.145 varones, de los cuales el 7.1% desarrolló disfunción eréctil durante los 6.2 años de seguimiento de media. A estos pacientes se los trató con inhibidores de la fosfodiesterasa-5 o con Alprostadilo.

Los pacientes en tratamiento con inhibidores de la fosfodiesterasa 5 redujeron en un 30% la mortalidad y en un 36% los ingresos por insuficiencia cardiaca. Además este descenso de los eventos cardiovasculares fue dosis dependiente. No se evidenciaron mejora en estos parámetros en los pacientes tratados con Alprostadilo.

Aunque los pacientes en tratamiento con inhibidores de la fosfodiesterasa 5 presentaron menor mortalidad y curso clínico que los que no presentaban disfunción eréctil, es demasiado arriesgado decir que este tipo de fármacos son protectores, ya que probablemente se les recetó a paciente en mejor situación cardiovascular que a los que no fue posible administrárselos. Pero sí es posible al menos, afirmar que se tratan de fármacos seguros tras haber presentado un infarto de miocardio.

 




La fuerza de la mano predice el riesgo de morir

En línea con lo que ya explicaba en el post del pasado mes de diciembre sobre la fragilidad, un nuevo estudio pone de manifiesto que existe una estrecha relación entre la fuerza de la presión de la mano y el riesgo de morir.

Como ya exponía, uno de los criterios diagnósticos que definían la fragilidad era la debilidad (disminución de la fuerza para apretar la mano).

En el presente estudio se intenta determinar si la relación entre el nivel de actividad física y la mortalidad puede ser estar mediada por un test de fácil realización como es la determinación de la fuerza de presión de la mano y también por el grado de entrenamiento cardio-respiratorio. De esta manera, con este sencillo test se podría determinar en qué pacientes se debe poner más énfasis en promover la realización de ejercicio físico.

Se estudiaron casi medio millón de participantes. Se evidenció que los sujetos que realizaban una menor actividad física tenían una menor fuerza de presión de la mano y presentaban la mayor incidencia de enfermedad cardiovascular y de mortalidad. Por el contrario, los sujetos con mayor fuerza de presión de la mano tenían menor incidencia de enfermedad cardiovascular y menor mortalidad.

Por lo tanto, disponemos de un nuevo test, de fácil realización y con gran capacidad de predecir, qué enfermos tienen un mayor riesgo morir y de presentar enfermedad cardiovascular, en relación a un bajo nivel de actividad física.




El consumo regular de té disminuye el riesgo cardiovascular

Como ya vimos en el post del 25 de noviembre del 2015,  el consumo de café de forma moderada disminuye la mortalidad y el riesgo cardiovascular.

Recientemente, ha sido publicado en la revista Heart, un estudio  de un grupo chino que reconoce en el té propiedades similares.

En este trabajo se analizaron los patrones de consumo de té a 199.000 varones y a 288.000 mujeres y se les siguió durante una media de 7 años. Al final del seguimiento se documentaron un total de 24.665 eventos en relación con cardiopatía isquémica (angina de pecho e infarto), de los cuales 3.959 fueron graves.

Los pacientes que consumían té a diario (independientemente de la cantidad) tenían un riesgo significativamente inferior de presentar un evento cardiovascular, ya sea grave o leve. Esta asociación era más patente en el entorno rural, en los pacientes no obesos y en los no diabéticos.

El té es una de las bebidas más consumidas en el mundo, aunque no lo sea en nuestro medio. Es rico en polifenoles, en especial flavonoides, que han demostrado poseer propiedades antioxidantes y con capacidad de prevenir o retardar la aterosclerosis. También poseen propiedades antiinflamatorias y antitrombóticas.

En el presente estudio se demuestra que los sujetos que consumían té a diario tenían un riesgo cardiovascular significativamente inferior que los que no lo habían consumido durante el año previo. A diferencia de otros trabajos previos, en los que el efecto protector se conseguía cuando se toman grandes cantidades de té (alrededor de 6 tazas al día), en el presente estudio no se evidenciaba una influencia de la cantidad total de té diario, sino sólo la regularidad.

El mayor beneficio se obtenía entre los que tomaban té desde hace más de treinta años y en los que residían en un área rural, tenían un índice de masa corporal normal o bajo y no eran diabéticos.

Tampoco existieron diferencias significativas en relación a los diferentes tipos de té, aunque es cierto que mayoritariamente se trataba de té verde. 

Por último; se concluye que los flavonoides del té son el principal elemento que ejerce un papel determinante en la disminución del riesgo cardiovascular, siendo muy importante su relación con la microbiota del individuo, ya que de su interacción surgen sustancias mucho más activas desde el punto de vista biológico. En este caso como en el la obesidad, la diabetes o la enfermedad cardiovascular se está constatando, cada vez más, la importancia de la cantidad y composición de la microbiota individual.

En conclusión: tanto el té como el café son infusiones ricas en flavonoides, sustancias antioxidantes que pueden ser las responsables de la disminución del riesgo cardiovascular que experimentan sus consumidores.




Ácido úrico y corazón

El aumento del ácido úrico en sangre (hiperuricemia) es responsable de los problemas asociados al depósito de cristales de urato en las articulaciones (gota) o en el riñón (litiasis renal). La hiperuricemia también se encuentra en relación indudable con la hipertensión, la insuficiencia renal y la enfermedad cardiovascular, aunque en estas situaciones no se ha demostrado una relación de causalidad.

Un estudio publicado en Annals of the Rheumatic Diseases este pasado mes de enero, realizado por el Dr Mariano Andrés (Sección de Reumatología, Hospital General Universitario de Alicante) y colaboradores, concluye que la mayoría de pacientes con gota pueden encontrarse en un nivel muy alto de riesgo cardiovascular.

Aprovechando esta reciente publicación conviene recordar que la hiperuricemia superior a 9.5 mg/dl también se ha asociado a un aumento de la mortalidad en los pacientes con insuficiencia cardiaca, Cuando a estos pacientes se les trató con Alopurinol, a pesar de que disminuyeron sustancialmente los niveles de ácido úrico, no se evidenciaron una disminución de la mortalidad ni una mejora de otros parámetros clínicos o ecocardiográficos de la insuficiencia cardiaca.

Por otra parte, la hiperuricemia se ha relacionado con una disminución del flujo de sangre a los riñones y el consecuente desarrollo de insuficiencia renal. Otros investigadores han propuesto a la hiperuricemia como un factor importante en el desarrollo de la hipertensión esencial

Finalmente, extensos estudios epidemiológicos han demostrado que la hiperuricemia también está asociada con un agravamiento de la enfermedad de las arterias coronarias (infarto de miocardio y angina de pecho) y con un aumento de la mortalidad, tanto en los pacientes con enfermedad coronaria conocida como en los que no la presentaban.

Como conclusión: a pesar que la hiperuricemia está relacionada con un aumento de riesgo cardiovascular y también con un aumento de la mortalidad asociada, no existe evidencia que la disminución de los niveles de ácido úrico en sangre mediante el tratamiento con Alopurinol sea capaz de disminuir el riesgo, mejorar los parámetros asociados a un peor pronóstico ni de mejorar la supervivencia de estos pacientes.




El alcohol predispone a la fibrilación auricular

Según un artículo publicado en el Journal of the American College of Cardiology el pasado mes de diciembre, el consumo de alcohol incluso a niveles moderados, aumenta el riesgo de presentar una fibrilación auricular.

También, después de haber presentado un episodio de fibrilación auricular, aquellos pacientes que continúan consumiendo alcohol tienen mayores probabilidades de pasar de episodios paroxísticos de la arritmia a presentarla de forma permanente, incluso después de la realización de ablación de la arritmia.

Aunque el consumo de pequeñas o moderadas cantidades de alcohol se consideran cardioprotectoras frente a la aparición de infartos, no ocurre así en lo relacionado con la fibrilación auricular.

Es frecuente para el personal de urgencias atender a pacientes que después de un episodio de importante consumo de alcohol presentan este tipo de arritmia, que puede ocurrir inmediatamente después de la intoxicación alcohólica o demorarse hasta 12 y 36 horas después.

Los autores concluyen que el alcohol es un importante factor de riesgo para presentar una fibrilación auricular, no sólo por un efecto directo del mismo en las aurículas del corazón, sino contribuyendo a la aparición de hipertensión arterial, obesidad y síndrome de apnea del sueño.

Otro artículo posterior (enero 2017), también de la misma revista, después de una revisión de casi 15 millones de pacientes concluye que los que eran catalogados como de un abuso o consumo excesivo de alcohol tenían el doble de probabilidad de presentar fibrilación auricular, 1,4 veces más de infarto de miocardio y 2,3 veces más de insuficiencia cardiaca.

Por lo tanto, sería necesario valorar globalmente el papel del alcohol en nuestra salud cardiovascular en conjunto, no sólo en su aparente vertiente protectora (a bajas dosis) frente al infarto, sino también poder conocer a partir de qué cantidad de alcohol ese posible beneficio se torna en desventaja y si el papel protector de las bajas cantidades de alcohol justifican el riesgo de mayor aparición de fibrilación auricular.