Vacunación y cardiopatía

Aprovechando que estamos en la semana mundial de la inmunización (del 24 al 30 de abril de 2017), considero imprescindible recordar a los lectores de este blog la importancia de la vacunación en los pacientes con enfermedad cardiovascular crónica para dos patologías diferentes: la gripe y el neumococo (enfermedad neumocócica invasiva y neumonía neumocócica).

VACUNACIÓN CONTRA LA GRIPE

Los pacientes con las siguientes enfermedades cardiacas:

  • Insuficiencia cardiaca.
  • Cardiopatía isquémica (angina de pecho, infarto de miocardio)
  • Cardiopatía hipertensiva.
  • Cor Pulmonale (enfermedad cardiopulmonar).
  • Valvulopatías de cierta consideración (hemodinámicamente significativas).
  • Fibrilación auricular.
  • Cardiopatías congénitas.

y también los pacientes con enfermedad vascular cerebral deberían de vacunarse frente a la gripe estacional, ya que presentan un mayor riesgo de presentar complicaciones. También se ha demostrado, como reflejé en el post del pasado mes de noviembre, que la vacunación contra la gripe puede prevenir la aparición de un infarto de miocardio de forma similar a otras medidas preventivas, como pueden ser el tratamiento con estatinas de la hipercolesterolemia, el tratamiento para la hipertensión o el abandono del tabaco.

VACUNACIÓN ANTI-NEUMOCÓCICA

Según el reciente documento de consenso de 18 sociedades científicas, entre las que se encuentra la sociedad española de cardiología, todos los sujetos sanos mayores de 65 años, todos los pacientes con alguna enfermedad cardiovascular crónica (cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca crónica, valvulopatías, cardiopatías congénitas, cardiopatía hipertensiva) y los que presentan otras circunstancias comunmente asociadas a cardiopatía, como es la diabetes, el tabaquismo y el abuso del alcohol deberían ser vacunados contra el neumococo y recibir, preferentemente, al menos, 1 dosis de la vacuna anti-neumocócica conjugada 13 valente (VNC13).

La enfermedad neumocócica invasiva y la neumonía neumocócica son una importante causa de morbilidad y mortalidad en el mundo. El paciente con cardiopatía es más susceptible a padecer estas enfermedades y tanto las complicaciones como el curso de la enfermedad son más graves. La cardiopatía que más predispone a la neumonía neumocócica es la insuficiencia cardiaca.

También, al igual que en la gripe, en los pacientes que han presentado una neumonía neumocócica se ha descrito un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular (infarto agudo de miocardio e ictus), de aparición o empeoramiento de insuficiencia cardiaca y de arritmias, así como también una mortalidad aumentada en los 10 años posteriores de haber presentado la infección.

En el momento actual no existe financiación pública en España para esta vacunación para los pacientes con enfermedad cardiovascular, excepto con caracter general a todos los sujetos mayores de 60 años en la Comunidad de Madrid y mayores de 65 en Castilla León y en La Rioja.




El alcohol predispone a la fibrilación auricular

Según un artículo publicado en el Journal of the American College of Cardiology el pasado mes de diciembre, el consumo de alcohol incluso a niveles moderados, aumenta el riesgo de presentar una fibrilación auricular.

También, después de haber presentado un episodio de fibrilación auricular, aquellos pacientes que continúan consumiendo alcohol tienen mayores probabilidades de pasar de episodios paroxísticos de la arritmia a presentarla de forma permanente, incluso después de la realización de ablación de la arritmia.

Aunque el consumo de pequeñas o moderadas cantidades de alcohol se consideran cardioprotectoras frente a la aparición de infartos, no ocurre así en lo relacionado con la fibrilación auricular.

Es frecuente para el personal de urgencias atender a pacientes que después de un episodio de importante consumo de alcohol presentan este tipo de arritmia, que puede ocurrir inmediatamente después de la intoxicación alcohólica o demorarse hasta 12 y 36 horas después.

Los autores concluyen que el alcohol es un importante factor de riesgo para presentar una fibrilación auricular, no sólo por un efecto directo del mismo en las aurículas del corazón, sino contribuyendo a la aparición de hipertensión arterial, obesidad y síndrome de apnea del sueño.

Otro artículo posterior (enero 2017), también de la misma revista, después de una revisión de casi 15 millones de pacientes concluye que los que eran catalogados como de un abuso o consumo excesivo de alcohol tenían el doble de probabilidad de presentar fibrilación auricular, 1,4 veces más de infarto de miocardio y 2,3 veces más de insuficiencia cardiaca.

Por lo tanto, sería necesario valorar globalmente el papel del alcohol en nuestra salud cardiovascular en conjunto, no sólo en su aparente vertiente protectora (a bajas dosis) frente al infarto, sino también poder conocer a partir de qué cantidad de alcohol ese posible beneficio se torna en desventaja y si el papel protector de las bajas cantidades de alcohol justifican el riesgo de mayor aparición de fibrilación auricular.




¿Qué es una fibrilación auricular?

Fibrilación auricular

salva de fibrilación auricular

Cada contracción de nuestro corazón nace de un estímulo bioeléctrico generado en unas células localizadas en la aurícula derecha. Estas células tienen la capacidad de generar impulsos eléctricos rítmicos que posteriormente se dirigen a la otra aurícula, originando la contracción de ambas en un primer momento, para posteriormente conducirse hasta los ventrículos generando también su contracción y el latido cardiaco propiamente dicho.

Por lo tanto, la capacidad de que nuestro corazón lata rítmicamente depende que de los estímulos eléctricos que llegan a los ventrículos desde las aurículas sean también regulares y organizados.

En la fibrilación auricular las aurículas dejan de contraerse de forma efectiva y rítmica. Durante esta alteración del rito cardiaco o arritmia, el estímulo eléctrico las recorre de una forma desorganizada y continua, sin ser capaz de producir la contracción real de las mismas en ningún momento. De la misma forma, los impulsos que llegan a los ventrículos desde las aurículas son desorganizados produciendo latidos cardiaco irregulares.

La fibrilación auricular es una alteración muy frecuente del ritmo cardiaco. Se estima que el 4.4% de la población española de más de 40 años la padece y su incidencia aumenta de forma progresiva a partir de los 60 años. Se estima que 1.000.000 de personas padece esta arritmia en nuestro país, 90.000 de ellas sin diagnosticar (*).

Los principales riesgos de esta alteración del ritmo cardiaco son de dos tipos:

– Los derivados de una frecuencia cardiaca muy elevada que puede ocasionar un cuadro de insuficiencia cardiaca o de angina de pecho.

– Los derivados de la formación de trombos o coágulos de sangre en el interior de esas aurículas que no se contraen de forma efectiva, dando la posibilidad de que se desprendan de su localización, salgan del corazón via arterial y lleguen a enclavarse en diferentes localizaciones del cuerpo (principalmente el cerebro) interrumpiendo el paso de sangre y produciendo el temido ictus o accidente cerebrovascular.

Por lo tanto, el tratamiento de esta arritmia tendrá una doble finalidad:

– El control del ritmo cardiaco, bien restaurando el ritmo normal o logrando controlar la frecuencia cardiaca mediante los fármacos adecuados o mediante procedimientos invasivos (cateterismo cardiaco o cirugía).

– Disminuyendo la capacidad de la sangre para formar trombos con anticoagulantes (sintrom, heparina, NACOs,…) para prevenir la existencia de embolias y por lo tanto de ictus.

En conclusión: la fibrilación auricular es la arritmia que más trascendencia tiene en la consulta de cardiología, dada su elevada prevalencia y sus eventualmente graves consecuencias.

(*) Estudio OFRECE




Palpitaciones

palpitaciones

Continúo recuperando post de los primeros días de andadura de este blog, que por su importancia, dado que representan un alto número de visitas a la consulta, debemos de recordar para decidir si acudir o no al cardiólogo.

¿Qué entendemos por palpitaciones?

Con el término de palpitaciones hacemos referencia a la percepción de los latidos del corazón de una forma anormal. Los paciente las suelen describir como “latidos rápidos, lentos, fuertes, con pausas o vuelcos”.

¿Se pueden sentir los latidos del corazón?

No, normalmente no notamos nuestros propios latidos a no ser que se modifiquen de forma significativa. Del mismo modo que no percibimos nuestro propio olor, o el de nuestra casa, ni somos conscientes de nuestra respiración; no sentimos nuestro latido si este es normal. Si pudiéramos sentir todas esas sensaciones, la avalancha de estímulos sería tal que nos impediría atender a otros que sí son importantes que percibamos en nuestra vida diaria (el olor a gas, el olor de un incendio, el timbre del teléfono…)

Entonces, ¿por qué somos capaces de sentir palpitaciones?

Podemos sentir los latidos de nuestro corazón en determinadas circunstancias:

Si late excesivamente rápido. Por ejemplo: después de un ejercicio intenso, cuando nos asustamos o nos ponemos nerviosos.

Si late excesivamente lento: en bloqueos cardiacos.

Si late de forma irregular: en determinadas arritmias (extrasístoles, fibrilación auricular, etc)

Si late anormalmente fuerte: en problemas de las válvulas cardiacas (insuficiencia aórtica).

Ocasionalmente y sin tener ningún problema cardiaco, también podemos sentir nuestro latido. ¿Cómo? Si estamos en un entorno silencioso, tumbados sobre nuestro lado izquierdo.

¿Puede ser peligroso tener palpitaciones?

En ocasiones sí. Dado que las palpitaciones pueden sentirse tanto en situaciones normales como en anormales (alteraciones del ritmo del corazón; a lo que los médicos llamamos arritmias), es importante poder diferenciar ambas situaciones.

Las palpitaciones tienen características benignas si:

Tienen una frecuencia cardiaca inferior a 150 lat/min.

Se presentan en relación con el ejercicio, con situaciones de estrés o de ansiedad.

Son regulares (el tiempo entre latido y latido es muy similar).

No se acompañan de otro tipo de síntomas.

Son de inicio y desaparición gradual.

¿Cuando deberíamos consultar con el cardiólogo?

Cuando aparecen en reposo y con frecuencias cardiacas iguales o superiores a 150 lat/min.

Cuando son irregulares.

Si son de inicio y terminación brusca.

Si se acompañan de sudoración, palidez, mareo, pérdida de consciencia, dolor en   el pecho o falta de aire. 

En estas situaciones deberemos acudir al hospital a la mayor brevedad posible, sobre todo si se asocian a pérdida o disminución del nivel de consciencia, dolor en el pecho o a falta de respiración.

¿Existen palpitaciones debidas a arritmias benignas?

Si. La arritmia que produce un mayor número de consultas al médico son los extrasístoles. El paciente típicamente nota un “vuelco” en el corazón, un latido anormalmente fuerte o una pausa sin latido.

Un extrasístole consiste en un latido que se produce antes de lo que debería.

Existen dos tipos: supraventriculares y ventriculares, dependiendo del lugar del corazón donde se originen.

¿Es necesario consultar por extrasístoles?

Si los extrasístoles son esporádicos, poco frecuentes y aislados, no son peligrosos ni representan un problema de importancia. Pero si los extrasístoles son muy frecuentes o continuados, sí deberíamos acudir a nuestro cardiólogo.

En resumen, las palpitaciones provocan frecuentes consultas al cardiólogo. Aunque en gran parte de las ocasiones no existe un problema en el corazón, en una pequeña proporción de casos precisan un diagnóstico y tratamiento adecuado.




Perder peso es un tratamiento eficaz para los pacientes con fibrilación auricular

Fibrilación auricular

La fibrilación auricular es la arritmia cardiaca más frecuente después la extrasistolia.

Consiste en la perdida de la regularidad del ritmo cardiaco, pudiéndose producir frecuencias cardiacas muy elevadas.

Los síntomas que más frecuentemente produce son palpitaciones y falta de respiración.

Se trata de una arritmia con importantes consecuencias si no se trata ya que es la primera causa prevenible de accidentes cerebrovasculares (ictus). Su incidencia aumenta con la edad y por esta razón es cada vez más frecuente en nuestra sociedad. En la actualidad hay más de un millón de pacientes en nuestro país con esta arritmias, de los cuales más de 90.000 sin diagnosticar.

La prevalencia total de esta arritmia en nuestro país para sujetos de más de 40 años es del 4,4%, aumentando progresivamente a partir de los 60 años y alcanzando una incidencia del 18% en la población de más de 80 años.

Existen dos pilares básicos para el tratamiento de este tipo de arritmia:

  • Control de la arritmia, ya sea revirtiendo la arritmia e intentando recuperar el ritmo normal o controlando la elevada frecuencia cardiaca que suele producir la arritmia.
  • Prevenir la aparición de accidentes cerebrovasculares, evitando la formación de trombos en la aurícula izquierda que pudieran desprenderse y alojarse en otra parte del cuerpo, fundamentalmente en el cerebro.

Estos dos son tratamientos farmacológicos que emplean fármacos antiarrítmicos y anticoagulantes.

Según el estudio LEGACY, realizado durante 5 años y publicado en el Journal Of The American College Of Cardiology en mayo del 2015, la pérdida sostenida de peso se asocia a una significativa reducción en la aparición de fibrilación auricular.

En el estudio se incluyeron 355 paciente con fibrilación auricular y un índice de mas corporal de 27 o superior. A todos los pacientes  se les descartó  la existencia de apnea del sueño y se les recomendó la pérdida de peso, el control de la hipertensión y de la glucosa, dejar de fumar y reducir la ingesta de alcohol.

Se comprobó que los pacientes que conseguían perder peso y mantenerse con una pérdida superior al 10% de peso previo eran los que más se mantenían con un ritmo cardiaco normal. Por el contrario los pacientes que presentaban grandes fluctuaciones en su peso (variaciones mayores de 5%) son los que más posibilidad tenían de presentar la arritmia.

También se demostró una mejora de la estructura del corazón mediante el estudio ecocardiográfico (disminución del tamaño de la aurícula izda y de la masa ventricular izda.) en los pacientes que perdían peso de forma mantenida.

De hecho, hasta el 46% de los pacientes obesos o con sobrepeso que padecieron episodios de fibrilación auricular y lograron perder más de un 10% de peso, no volvieron a desarrollar la arritmia durante la duración del estudio.

En conclusión: en pacientes con episodios de fibrilación auricular y con sobrepeso, la pérdida sostenida de peso es un tratamiento eficaz a largo plazo para prevenir la aparición de la arritmia.