¿Es, de verdad, la dieta tan importante?

verduras

Pues sí, lo es.

A pesar de que desde hace tiempo que sabemos lo importante que es llevar una dieta saludable, restringiendo el consumo de grasas y de hidratos de carbono, son realmente pocos lo que logran cambiar sus costumbres dietéticas y modifican de una forma eficaz su forma de comer.

Si teníamos alguna duda de la importancia de los hábitos alimenticios, un estudio publicado este pasado mes de febrero en el American Journal of Clinical Nutrition, realizado en hombres y mujeres británicos de entre 40 y 70 años de edad, nos lo vuelve a poner en evidencia.

En este estudio se modificó la dieta de 80 sujetos sanos, no fumadores, a la recomendada por las guías de nutrición y se les comparó con otros tantos hombres y mujeres que siguieron con su dieta habitual.

Los del grupo de la dieta modificada comían pescado graso una vez a la semana, más frutas y verduras, sustituyeron carnes y lácteos no desnatados por productos bajos en grasa y disminuyeron el consumo de sal y de azúcar. Dejaron de comer pasteles, bollería y galletas y lo sustituyeron por frutas y frutos secos.

Al final del estudio, tras 12 semanas, se evidenció que los que seguían la dieta recomendada perdieron una media de 1,3 Kg, con respecto a los del grupo control que ganaron 600 g. Existió también una diferencia de 0.7 en el índice de masa corporal y de 1,7 cm en el perímetro abdominal.

Por otra parte, también mejoró la tensión arterial, con caídas tanto de la presión sistólica como de la diastólica, durante el día y la noche. La frecuencia cardiaca disminuyó 1.8 latidos por minuto de media.

Como último hallazgo significativo, los niveles de colesterol plasmático también bajaron, aunque de forma modesta.

En conclusión: Aunque el estudio se realizó en una población con hábitos alimenticios diferentes a los de España, queda claro que la dieta tiene un papel importante en el riesgo cardiovascular en general y en particular en la población de más de cuarenta años, en la que se podría reducir el riesgo cardiovascular un tercio si se llevaran a cabo cambios saludables en la dieta.




Cambiemos nuestro hábitos: guardemos las sillas

La aterosclerosis es una enfermedad que afecta a la pared de nuestras arterias, dando lugar al estrechamiento de las mismas. Dichas estenosis se producen por la acumulación de fibrina, colesterol y macrófagos principalmente. Si pasa el suficiente tiempo en muchas de ellos se añade calcio. Es decir; se calcifican.

Los primeros componentes de la placa de aterosclerosis son difíciles de diferenciar en las pruebas que actualmente disponemos. En cambio, el calcio es fácilmente visible en el TAC

Por otra parte, la existencia de calcio en las arterias significa que existen placas de ateroesclerosis que posteriormente se han calcificado. De hecho, no existe calcio en arterias normales.

El nivel de calcificación de las coronarias se ha asociado, en múltiples ensayos, con el riesgo de padecer un evento cardiovascular grave.

Un estudio presentado en el congreso de la American College of Cardiology de San Diego, el pasado mes de marzo, relaciona el sedentarismo con la aparición de calcio en las arterias coronarias.

Este trabajo se realizó en pacientes de mediana edad sin enfermedad cardiaca. Demuestra que cada hora diaria que se pasa sentado se asocia a un 14% de incremento en el calcio coronario. Pero lo más llamativo de este estudio es que esta observación se cumple no sólo de forma independiente de los factores de riesgo tradicionales sino también de la actividad física que se realice.

Los autores llaman la atención sobre un nuevo aspecto del sedentarismo como factor de riesgo y no es la falta de ejercicio físico, sino la cantidad de horas que se permanece sentado.

Desde ese punto de vista, existirían dos factores de riesgo independientes en lugar de uno sólo: la falta de ejercicio físico y la cantidad de horas que estás sentado.

De hecho la cantidad de ejercicio físico realizado, incluso en corredores de maratón, no se asociaba a la cantidad de calcio detectado en las arterias coronarias. Sólo existía correlación con la cantidad de horas en las que el sujeto se encontraba sentado.

Esto no quiere decir que el ejercicio físico no sea saludable y que no reduzca el riesgo cardiovascular, sino que lo que sugiere es que, además de realizar deporte, se deben cambiar los hábitos diarios para no permanecer sentado más de 1 o 2 horas al día.

En conclusión: permanecer sentado prolongadamente durante el día aumenta la calcificación coronaria y presumiblemente el riesgo cardiovascular, de forma independiente del nivel de ejercicio que realicemos.




Ejercicio físico: ¿cuanto más mejor?

jogging

¿Cuanto ejercicio físico debemos hacer para mejorar nuestra salud cardiovascular? ¿Si hacemos más ejercicio tendremos más beneficios en nuestra salud?

Parece que no. Como en todas la cosas, en la moderación está la clave.

Ya disponíamos de muchos estudios que demostraban que, si bien la realización de ejercicio físico aeróbico de forma regular aumentaba no sólo nuestra supervivencia sino también nuestra calidad de vida, la realización de ejercicio físico de alta intensidad podría ser incluso perjudicial.

En 2012, un análisis retrospectivo de más de 52.000 hombres y mujeres que participaron en el Aerobics Center Longitudinal Study (ACLS), demostró que el mayor beneficio lo obtenían  individuos que corrían menos de 32 Km semanales. A partir de esa distancia, el beneficio iba disminuyendo progresivamente.

Otro estudio de Dallas, de los mismos autores, realizado dos años después, concluía que tan sólo 5 a 10 min de carrera diaria a baja velocidad, era capaz de disminuir un 45% la mortalidad cardiovascular y también un 30% la mortalidad por cualquier causa, añadiendo 3 años a la esperanza de vida.

Por otra parte, numerosos estudios han demostrado la asociación entre ejercicio físico aeróbico de alta intensidad y el aumento de riesgo de padecer fibrilación auricular.

Según un reciente estudio danés, publicado el 5 de febrero de 2015 en el Journal of de American College of Cardiology, el “Copenhagen Heart Study”, incluso las personas que realizan sólo algo de jogging a ligera intensidad, aumentan su supervivencia.

El resultado sugiere que existe un límite de ejercicio físico, traspasado el cual el beneficio se pierde y se iguala al de los pacientes sedentarios.

En este estudio definieron como jogging ligero aquel que se realizaba a baja velocidad (aproximadamente 8 Km por hora), tres veces o menos por semana, con un total de hasta 2,5 horas a la semana. Jogging moderado el realizado a una velocidad mayor, más de tres veces semanales y con un total de hasta 4 horas a la semana. Y, por último, jogging de alta intensidad el realizado a más de 11 Km por hora, más de tres veces semanales y de una duración mayor de 4 horas.

Los individuos que corrían entre 1 y 2,4 horas a la semana tenían la menor mortalidad, con una disminución de un 71% con respecto a los individuos sedentarios. Incluso los que corrían menos de 1 hora semanal reducían su riesgo en un 53%. En cambio, los que corrían más de 2,4 horas no obtenían ningún beneficio en cuanto a la disminución de mortalidad.

Aparentemente, el mayor beneficio lo obtienen los que corren 2 o 3 veces semanales. Los que lo hacen sólo 1 vez a la semana también lo obtienen, aunque en menor medida. Por otra parte, los que corren más de tres veces semanales no obtienen ningún beneficio.

En cuanto a la velocidad, son los que corren más lento los que tienen el mayor beneficio. En contraste, no se evidencia menor mortalidad en los que lo hacen a la mayor velocidad.

La conclusión de este estudio es que los corredores “ligeros” o de baja intensidad obtienen el mayor beneficio, en los “moderados” el efecto saludable disminuye, aunque aún es mejor que los pacientes sedentario y por último, los corredores de alta intensidad no experimentan ningún beneficio cardiovascular con respecto a los individuos sedentarios.

Desde otro punto de vista, es cierto que existen razones perfectamente legítimas para correr mayores distancias, a mayor intensidad o de forma más frecuente. Por ejemplo, para mejorar la salud mental, como medida de autoafirmación y mejorar la autoestima; con el fin de perder peso o incluso para poder comer mas sin ganarlo. Pero lo que parece cierto, es que estos deportista lo hacen por razones en nada relacionadas con una mejoría de la salud cardiovascular o de la expectativa de vida. Y aunque ese tipo de entrenamiento de alta intensidad pudiera ser perjudicial, el riesgo en cualquier caso sería bajo. Por lo cual, no se debe asustar a los corredores de maratón o triatletas para que dejen de practicar ese deporte, aunque sí deben saber que ese tipo de ejercicio no es especialmente saludable, cuando se realiza a largo plazo.

En conclusión: en línea con lo que ya he planteado en anteriores artículos, el beneficio cardiovascular y la disminución de la mortalidad lo obtienen los individuos que realizan ejercicio físico aeróbico ligero o moderado. Los deportistas que realizan ejercicio de alta intensidad ven desaparecer ese beneficio hasta equiparase a los individuos sedentarios.




¿Está justificada la mala fama del café?

Cafe

No, parece que no lo está.

Existen componentes habituales de nuestra dieta que siempre han tenido mala fama. Hacen gala al dicho clásico de “cría fama y échate a dormir”. Tal es el caso del alcohol y del café. Nadie duda de que son no recomendables y que por lo tanto debemos evitar su uso, aunque no haya datos que soporten dicha creencia.

Hace poco tiempo escribí en esta misma web un post sobre los beneficios de consumir alcohol en cantidades moderadas. Ahora le toca el turno al vilipendiado café.

El café es la segunda bebida más consumida del planeta por detrás del agua. Es rica en antioxidantes, flavonoides y otras sustancias que pueden ser beneficiosas para el corazón.

Se han llevado a cabo múltiples estudios en los que parece que puede proteger del desarrollo de diabetes, Parkinson, cáncer de hígado, cirrosis hepática, Alzheimer y melanoma.

Hablamos de si lo tomamos sólo.

Otra cosa es si le añadidos condimentos que pueden hacer que ya no sea tan recomendable tomarlo. Me refiero a cuando lo mezclamos con azúcar o crema. En este caso, añadimos al café calorías y grasas saturadas que ejercen un efecto potencialmente perjudicial, favoreciendo el desarrollo de diabetes y de enfermedades cardiovasculares.

Si el café se toma sólo, el café es una bebida saludable.

¿Qué límite existe a partir del cual deja de ser una bebida saludable?

Pues si tomamos tantos cafés al día que nos provoca temblor, nerviosismo, insomnio o palpitaciones está claro que nos estamos pasando de dosis. Pero, aún así, incluso tomado 4 cafés al día, no se demuestra un efecto perjudicial para la salud.

¿El café sube la tensión?

Pues, depende.

Si no tomamos café de forma habitual, la ingesta de café aumenta ligeramente nuestra tensión arterial, aunque si lo consumimos de forma regular el efecto sobre la presión arterial no es apreciable. Por lo tanto, no tiene sentido prohibir su ingesta a pacientes hipertensos que lo consumen de forma regular.

¿Existe alguna situación en la que el consumo de café pueda ser perjudicial?

La única circunstancia en la que el consumo de café pudiera no ser aconsejable es en las mujeres gestantes. Existen indicios de que puede estar asociado a una probabilidad aumentada de aborto, ya que el café pasa la barrera placentaria y llega  al feto.

Y desde el punto de vista cardiovascular, ¿tenemos datos?

Existen varios estudios sobre el efecto del café a nivel cardiovascular. Voy a destacar dos de ellos.

Un estudio publicado en Annals of Internal Medicine en 2008, concluye que el consumo de café de forma regular no está asociado a un aumento de la mortalidad, ni en hombres ni en mujeres. Incluso puede existir un modesto beneficio en  cuanto a la mortalidad cardiovascular y por cualquier causa.

Otra publicación de este pasado mes de enero en la revista Heart demuestra que un consumo modero de café se asocia a un menor grado de enfermedad de las arterias coronarias.

En conclusión: El café, en cantidades moderadas, no sólo no es perjucicial, sino que incluso puede ser beneficioso en la prevención de varias enfermedades, disminuir la mortalidad cardiovascular y la mortalidad total. 

 

 




¿Podemos padecer un infarto si nos enfadamos?

Enfado

Es un saber popular que tener un episodio de gran enfado y agresividad puede provocar un infarto aguda de miocardio. De hecho, es frecuente ver películas en las que uno de los personajes tiene un infarto en una situación de este tipo.  Seguro que también nos han contado que alguien tuvo un infarto al ver perder a su equipo de fútbol o al recibir una noticia desagradable. Si, todo el mundo lo sabe. Pero… ¿es cierto? ¿Está demostrado?

Hasta ahora, los cardiólogos no valoramos el grado de estrés de un paciente o su predisposición a padecer situaciones de enfado o agresividad como un factor de riesgo para padecer un infarto de miocardio. Os preguntaréis por qué. Cómo es posible que una cosa que es conocida por todo el mundo sea desconocida para los cardiólogos, que son los primeros que deberían de saberlo.

La contestación es que los cardiólogos, como el resto de médicos, somos científicos. Es decir; sólo tenemos en cuenta cosas que están adecuadamente estudiadas y que han sido comprobadas en varias ocasiones. Al contrario que medicinas alternativas que se basan en “si algo ha dado resultado a alguien es que es útil”, nuestra medicina es una ciencia que trata de desterrar mitos, leyendas urbanas, técnicas de curación no contrastadas, efectos placebo y tratamientos imposibles o incluso peligrosos.

Por esta razón, en ocasiones no vemos una realidad aunque la tengamos delante de los ojos y sea evidente para muchas otras personas. En el caso que nos ocupa, no tenemos en cuenta el estrés o episodios de enfado como factor de riesgo, simplemente porque no existen estudios serios que lo comprueben…, hasta ahora.

Un metanálisis (revisión de varios estudios) publicado en el European Heart Journal hace ahora 1 año, demuestra que existe un riesgo aumentado de eventos cardiovasculares (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y arritmias cardiacas graves) inmediatamente después de un enfado importante.

Otro estudio publicado este pasado mes de enero en el  Eur Heart J Acute Cardiovasc Care concluye que existe una evidencia pequeña, pero creciente, de que episodios de emociones intensas pueden desencadenar un infarto de miocardio. También se recomienda prestar mayor atención a los estímulos emocionales que pueden conducir a un infarto, ya que también se asocian a una mala salud mental a largo plazo.

Según los autores, “aunque que el riesgo absoluto de que un cuadro de enfado provoque un infarto es bajo, el riesgo existe y es real”. Una medida preventiva puede consistir en realizar un entrenamiento para reducir el estrés. De esta forma podremos limitar nuestra respuesta de enfado y ansiedad ante una situación determinada. En pacientes de alto riesgo, también se debería evitar actividades que produjeran reacciones emocionales intensas y considerar medicación ansiolítica antes de que ocurra un situación potencialmente desencadenante.

En conclusión: algo que para el saber popular es evidente, ahora ya es un hecho desde el punto de vista científico. Episodios de importante estrés emocional, enfado o agresividad pueden desencadenar un infarto agudo de miocardio u otro evento cardiovascular.