Obesidad y riesgo cardiovascular

Obesidad

La obesidad se define como tener un índice de masa corporal mayor o igual a 30. Se considera sobrepeso si es superior a 25. Este índice se obtiene de dividir nuestro peso en Kilogramos entre el cuadrado de nuestra altura en metros (IMC= Peso/Talla2).

Es el factor de riesgo cardiovascular más prevalente en los países desarrollados y también el de más difícil control. Se ha demostrado que el aumento del riesgo de los obesos no está sólo en relación a su mayor incidencia de hipertensión, diabetes, dislipemia o sedentarismo, sino que recientemente se están identificando otras alteraciones ligadas a la obesidad (elevación de la PCR, aumento de la probabilidad de formación de trombos, apnea del sueño, alteración de funcionamiento normal del endotelio de las arterias,…) que también contribuirían al aumento del riesgo.

La obesidad no sólo aumenta el probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, (hipertensión, angina de pecho, infarto, insuficiencia cardiaca, arritmias y muerte súbita) sino también de diabetes, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, hígado graso y cáncer.

Cada vez se tiene un mayor conocimiento del problema y ya se sabe que no toda obesidad es igual de perjudicial. La obesidad central (la barriga) es la más nociva de todas. Por lo tanto, el  riesgo es aún mayor si además de presentar un alto índice de masa corporal tenemos una distribución inadecuada de la grasa corporal.

Se considera obesidad central cuando el perímetro abdominal es mayor de 102 cm en varones o de 88 cm en mujeres.

Hay que decir que no todo en relación a la obesidad está perfectamente claro. En los últimos tiempos se ha puesto de manifiesto lo que se ha llamado la paradoja de la obesidad. Y es que si bien los obesos tiene un mayor riesgo cardiovascular, una vez que han presentado el problema en cuestión, refiriéndonos a un infarto o a una insuficiencia cardiaca, la mortalidad de estos pacientes es significativamente menor que la de los paciente que han sufrido la misma enfermedad pero que presentaban un peso menor.

En conclusión: La obesidad representa un importante problema de salud, no solo por sus consecuencias sino también por su difícil tratamiento y control. A pesar de que se cada vez se conocen mejor los problemas ligados a la misma aún quedan muchas preguntas por responder en este tema.




¿Es importante el clima en el riesgo cardiovascular?

clima

Sabemos que los países del Mediterráneo tienen una menor mortalidad cardiovascular con respecto a los del norte de Europa. ¿Se debe sólo a factores genéticos o dietéticos? ¿Es posible que el clima juegue un papel importante?

La hipertensión arterial es un importante factor de riesgo cardiovascular. De todos  es conocido que en los meses de más calor bajan las cifras de tensión arterial. ¿Existe una verificación real de esta afirmación? Si es así, no es lógico pensar que en los países más calurosos existan menor de número de paciente hipertensos y que esto también contribuya a un menor riesgo cardiovascular?

Se acaba de publicar un estudio chino en el European Heart Journal, en el que se realizó seguimiento de 23.000 pacientes portadores de enfermedad cardiaca con el objeto de aclarar si la temperatura ambiente tiene influencia en las cifras de tensión arterial y en la mortalidad cardiovascular.

Se comprobó que la tensión era significativamente más alta en invierno que en verano, sobre todo en los pacientes que no disponían de una adecuada calefacción. Mediante este estudio se determinó que cada 10 grados de disminución de la temperatura se correspondían con una elevación de la tensión  arterial en 6.2 mmHg.

La mortalidad también guardo una estrecha correlación con las cifras de tensión arterial y por lo tanto con la temperatura. Cada 10 mmHg de aumento de la tensión se producía un 21% de aumento de la mortalidad. Siendo esta un 41% mayor en los meses de invierno con respecto a los de verano.

A pesar de que este estudio no está realizado en Europa, ni siquiera en países diferentes, sí nos da pie para especular con la idea de que si el clima tiene relación con la mortalidad cardiovascular, no sólo los países más fríos, sino también las zonas más frías de un mismo país puedan ver aumentado el riesgo cardiovascular de su población también por este motivo.

Conclusiones: las bajas temperaturas empeoran la hipertensión y aumentan la mortalidad cardiovascular. Es especialmente importante mejorar el control de la tensión arterial durante los meses de invierno. De esta forma conseguiremos también una disminución de la mortalidad cardiovascular.




Ejercicio físico: ¿Cuánto más mejor? (2ª parte). Resultados diversos

deporte

En contraposición a un post que publiqué el pasado 25 de marzo, en el que concluía que realizar ejercicio físico de alta intensidad era menos saludable que realizar deporte de forma moderada, el pasado mes de abril salió publicado en el JAMA un estudio que analiza precisamente esto: si a partir de un cierto nivel de ejercicio sus beneficios en cuanto a la salud disminuyen o por el contrario aumentan.

Las Guías americanas en relación a la actividad física recomiendan hacer un mínimo de 75 min de ejercicio intenso o 150 min de ejercicio moderado a la semana. Sin embargo, no se conoce bien si existe un límite de cantidad de ejercicio físico a partir del cual dicho beneficio deje de aumentar o incluso descienda.

En este reciente estudio se determina que los individuos que realizan el ejercicio recomendado disminuyen su mortalidad en un 31% con respecto a los individuos sedentarios. También los que realizan menos ejercicio que el recomendado reducen su mortalidad, aunque algo menos (un 20%). Por último la mortalidad continúa disminuyendo al aumentar la cantidad de ejercicio físico hasta un máximo de reducirse en un 39% cuando se hace entre 3 y 5 veces más del ejercicio recomendado, aunque esta mejoría es muy modesta (un 8%). No se encontró un límite de ejercicio físico más allá del cual este pudiera ser perjudicial.

Los autores del estudio concluyen que los profesionales de la salud debemos aconsejar la realización de ejercicio físico como una medida claramente útil desde el punto de vista de mejorar nuestra salud y aumentar la supervivencia. También afirman que no se debe desmotivar a los deportistas que realizan un alto nivel de ejercicio con la excusa de un posible efecto perjudial para la salud.

Como vemos, existen estudios para todos los gustos y que obtienen diferentes resultados, aunque en lo que sí están todos absolutamente de acuerdo es que la realización de ejercicio físico moderado mejora no sólo nuestra salud y expectativa de vida, sino también nuestra calidad de vida.




¿Por qué los varones tienen más problemas cardiovasculares?

hormonas

Es ampliamente conocido que el género es uno de los factores de riesgo cardiovascular no modificables. Los varones tienen un mayor riesgo que las mujeres premenopáusicas de padecer una enfermedad cardiovascular.

La razón para esta diferencia, aunque se suponía que estaba en relación con las diferentes hormonas predominante en uno y otro género, no se conocía con certeza hasta ahora.

Según un reciente estudio presentado el pasado mes de marzo en Endocrine Society’s 97th annual meeting in San Diego, los altos niveles de testosterona y bajos de estrógenos empeoran el riesgo cardiovascular.

Los varones tienen niveles de testosterona más elevados y niveles de estrógeno más bajos que las mujeres premenopásicas.

En este reciente trabajo se determinó que los mayores niveles de testosterona determinaban descensos del HDL-Colesterol; es decir, del colesterol “bueno”. Por otra parte, niveles bajos de estrógenos condicionaban un aumento de la posibilidad de desarrollar diabetes. Ambos hallazgos son importantes factores de riesgo para el desarrollo de enfermedad cardiovascular.

Por el contrario, ni los niveles de LDL-colesterol (colesterol “malo”), la tensión arterial o el peso corporal están en relación con los niveles de estas hormonas.

En conclusión: el efecto de las diferentes hormonas predominantes en los hombres y en las mujeres puede ser una explicación para la mayor incidencia de enfermedad cardiovascular en los varones. 




Fumar perjudica a nuestros hijos cuando sean adultos

fumar

Es sobradamente conocido el efecto perjudicial del tabaco, no sólo desde el punto de vista cardiovascular, sino también en muchos otros aspectos de la salud. Ya nadie pone en duda que la leyenda que se exhibe en las cajetillas de tabaco es absolutamente cierta: “FUMAR MATA”.

Hasta el más escéptico reconoce hoy en día el perjuicio del hábito de fumar. Aún así, gran parte de la población continúa fumando. ¿Por qué razón? Simplemente porque les gusta y por el efecto adictivo del tabaco.

Conocí a un paciente amputado de las dos piernas a consecuencia del tabaco y que continuó fumando. Otros, con familia fallecidos por cáncer de pulmón, de esófago, gástrico, de laringe o de vejiga, continúan fumando porque piensan que no les va a tocar a ellos. Conozco incluso a pacientes que han sobrevivido a un infarto de miocardio y que siguen fumando.

Siempre he pensado que la población se divide en personas con mentalidad de fumador, que puede que fumen o no y no fumadores,  que puede que fumen de forma esporádica. Me explico: defino a los primeros como aquellos que tienen siempre esa especial apetencia por el tabaco, que hace que puedan volver a fumar, incluso muchos años después de haber abandonado el tabaco. Por el contrario, hay otras personas que pueden eventualmente fumar dos cajetillas en un día y después olvidarse del tabaco durante semanas. Estos últimos son los que considero no fumadores que esporádicamente fuman.

De hecho, los que tienen mentalidad de fumador (yo me considero entre ellos, aunque hace ya 19 años que no fumo) siempre encuentran una excusa para volver a fumar o una fecha que nunca llega para  abandonar definitivamente el consumo de tabaco.

La mayoría de los fumadores activos, cuando en la actualidad les reprochas que continúen fumando, replican que con eso no hacen daño a nadie y que es un problema exclusivamente de ellos. Desde hace ya tiempo se conocen los efectos nocivos del tabaco en los fumadores pasivos, de ahí la legislación que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados.

Un estudio publicado el pasado mes de marzo en el European Heart Journal va mucho más allá: los hijos de padres fumadores tienen una mayor afectación de sus arterias (aterosclerosis) en su edad adulta.

Con el paso de los años, como parte del envejecimiento, se produce un engrosamiento de la pared arterial, lo que conocemos como aterosclerosis. Diversos factores, como son la hipertensión, la diabetes, el aumento del colesterol en sangre o el hábito de fumar, favorecen que ese progresivo estrechamiento arterial se acelere.

En este trabajo fueron estudiadas, mediante ecografía, las arterias carótidas de 3776 pacientes adultos. Se determinó hasta que punto estaba afectada la pared arterial en cada unos de los sujetos. Los antecedentes de padres fumadores fue un factor que aumentaba la edad arterial del sujeto hasta en 3.3 años, con respecto a los que habían tenido padres no fumadores. Es decir; las arterias de los adultos con padres que habían fumado eran varios años más viejas (tenía una mayor aterosclerosis) que las de los sujetos en los que sus padres no habían sido fumadores. Y lo más llamativo, es que este hallazgo era independiente de cualquier otra variable, incluso de si el sujeto en cuestión era o no fumador en la actualidad o lo había sido.

Este artículo concluye que los padres fumadores provocan un daño permanente en la salud de las arterias de sus hijos, incluso en la edad adulta.

En conclusión: debemos continuar esforzándonos en abandonar el consumo de tabaco, no sólo por mejorar nuestra salud y la de los que nos rodean, sino también para proteger a nuestros niños y jóvenes, disminuyendo la probabilidad de que padezcan problemas cardiovasculares en la edad adulta.