El ruido del tráfico aumenta el riesgo cardiovascular

ruido

¿Por qué pensamos que la vida moderna predispone a los problemas cardiovasculares? ¿Es real eso que pensamos? ¿Será la mala alimentación? ¿El estrés? ¿El sedentarismo? ¿La contaminación?

Es cierto que los problemas cardiovasculares ocurren más frecuentemente en edades avanzadas y es un hecho que la esperanza de vida en nuestra sociedad es cada vez mayor, pero además, nuestro riesgo cardiovascular también ha aumentado por otros por múltiples factores.

En esta ocasión, en relación con la contaminación sonora y según el reciente estudio publicado en el European Heart Jornal del pasado mes de junio, el ruido del tráfico aumenta nuestro riesgo cardiovascular.

Según la OMS, niveles de ruido por encima de los 55 dB causan problemas de salud. Se asocia con problemas del sueño e hipertensión.

En este macroestudio realizado en el Reino Unido, en más de 8 millones de sujetos, se analizó el ruido diurno y nocturno percibido, entre los años 2003 y 2010 y se encontraron los siguientes hallazgos:

  • Los adultos que vivían en zonas con un tráfico que ocasionaba más de 60 dB de ruido presentaban un pequeño incremento de la mortalidad, en probable relación con infarto de miocardio e ictus.
  • Se evidenció un aumento de la posibilidad de padecer un ictus en adultos y sobre todo en los ancianos que vivían en zonas con elevado nivel de ruido durante el día.
  • El riesgo del aumento del aumento del ruido nocturno no fue tan importante como el diurno.

En conclusión: vivir en zonas con tráfico que origina un moderado aumento del ruido ambiente durante el día (más de 60 dB) se asocia a un mayor riesgo cardiovascular.




El Chocolate disminuye el riesgo cardiovascular

Chocolate

En un artículo inicial publicado en 1997, el Dr. Norman Hollenberg comenzó una investigar la razón por la que la tensión arterial no aumentaba de forma significativa con la edad en el colectivo de los indios Kuna, del archipiélago de San Blas (Panamá), aunque su dieta era rica en sal. Constató que cuando esta etnia emigraba a la capital de Panamá, la tensión arterial comenzaba a aumentar, incluso sin modificar su consumo de sal ni engordar.

En otra publicación posterior, de 2007, Hollenber y su equipo llegaron a la conclusión de que era el cacao (un alimento rico en flavonoides, un antioxidante), que los indios consumían en cantidades importantes en su lugar natal pero no en la ciudad, el responsable de que continuaran con una tensión arterial normal.

Desde el 2005 tenemos múltiples estudios que nos indican que el consumo de chocolate no sólo disminuye la tensión arterial, sino que también disminuye el colesterol “malo”, mejora la función del endotelio de nuestras arterias y la sensibilidad a la insulina.

 Ahora, un artículo prospectivo del pasado mes de junio da un paso mas y sugiere que el consumo diario de chocolate disminuye el riesgo de padecer problemas cardiovasculares (Infarto de miocardio e ictus), extendiendo el beneficio no sólo a los que consumían chocolate puro sino también a los que consumían chocolate con leche, que fue el más consumido en el estudio.

 En conclusión: el chocolate no debe de ser prohibido en las dietas cardiosaludables, sino más bien incluido en las mismas, ya que que ha demostrado múltiples efectos beneficiosos para nuestro sistema cardiovascular.




¿Aumenta el omeprazol el riesgo de infarto de miocardio?

omeprazol

Los fármacos conocidos como inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol, esomeprazol, lansoprazol, rabeprazol) son ampliamente utilizados para tratar el reflujo gastroesofágico, la úlcera gastro-duodenal, algunas gastritis, para prevenir lesiones gástricas producidas por algunos medicamentos (AINEs) e incluso se utilizan para tratar simplemente la acidez de estómago.

El omeprazol es el medicamento genérico más vendido en España, según el informe anual del Sistema Nacional de Salud correspondiente al año 2013. Le siguen el paracetamol y la simvastatina (fármaco para el colesterol).

Ya desde el año 2009 se tiene conocimiento de que este grupo de fármacos, los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol, esomeprazol, lansoprazol y rabeprazol) aumentaban el riesgo de padecer un infarto agudo de miocardio.

Inicialmente se pensó que este riesgo aumentaba exclusivamente en los pacientes que ya presentaban una cardiopatía isquémica (infarto de miocardio, angina de pecho) y que tomaban un fármaco protector del corazón llamado clopidogrel. Según lo que entonces se pensaba, estos fármacos inhibían la acción protectora del clopidogrel (un antiagregante plaquetario) y por esa razón aumentaba la incidencia de infarto en estos pacientes.

Unos meses después se realizó un estudio que demostró que el grupo de fármacos del omeprazol no interfería con la acción del clopidogrel y el siguiente año (2010) se publicó un estudio en el que se evidenciaba un aumento del riesgo de padecer un infarto en todos los pacientes que padecían una cardiopatía isquémica y que tomaban fármacos del grupo del omeprazol, independiente de que tomaran o no clopidogrel.

Un reciente estudio de este mismo mes de junio, concluye que el grupo de fármacos llamados inhibidores de la bomba de protones aumentan el riesgo de padecer un infarto de miocardio en la población general, no sólo en pacientes con alto riesgo cardiovascular o en pacientes que siguen algún tratamiento para problemas cardiacos, sino en toda la población; incluso en pacientes sin enfermedad cardiovascular conocida.

Existe otro grupo de fármacos que aparecieron años antes, los anti-H2 (cimetidina, ranitidina, famotidina, nizatidina) que también disminuyen la acidez gástrica y que se utilizan para las mismas indicaciones que los inhibidos de la bomba de protones. Fueron desplazados rápidamente por los fármacos del grupo del omeprazol por su mayor potencia y efectividad.

Estos fármacos, en cambio, no aumentan el riesgo de padecer infarto de miocardio en los pacientes que los consumen. Por lo tanto, el efecto nocivo del omeprazol no parece estar asociado a su efecto de disminución de la acidez gástrica, sino aparentemente con la inhibición de la actividad de la dimetil arginina dimetilaminohidrolasa (DDAH), una enzima necesaria para la salud cardiovascular.

En conclusión: según los datos aportados por este importante estudio, el uso de los fármacos conocidos como inhibidores de la bomba de protones se asocia a aumento del riesgo de padecer un infarto de miocardio en la población general.




¿Se producen menos infartos en verano?

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Continuando con el reciente artículo de este blog, que vincula el frio con la hipertensión y los eventos cardiovasculares y aprovechando la llegada del verano, nos preguntamos si con los meses de calor tendremos más o menos probabilidades de padecer un infarto de miocardio.

Se han realizado numerosos estudios que relacionan diferentes variables meteorológicas con la aparición de eventos cardiacos.

El primero y más importante, por haberse realizado en nuestro medio, es el estudio PRIMVAC. En este estudio, realizado en 12 hospitales de la Comunidad Valenciana,  se concluyó que en los pacientes mayores de 65 años presentaban un mayor número de infartos en los meses más fríos.

Aunque la mayoría de estudios han evidenciado el aumento de los eventos cardiovasculares en los meses de menores temperaturas, también hay otros que los relacionan con cambios extremos de la misma (tanto para el frio como para el calor), con aumentos o descensos bruscos de la presión atmosférica, con la aparición o no de lluvia o nieve y hasta con la radiación atmosférica.

Lo que parece más encaminado a la realidad es que lo que verdaderamente influye en la probabilidad de padecer un infarto son los cambios meteorológicos bruscos y acentuados sobre una población escasamente preparada para afrontarlos.

Así, en la población de la región subártica de Tromsø, en el norte de Noruega, no se evidencia un aumento significativo del número de infartos durante los meses más fríos, dado el excelente acondicionamiento de las casas y de la ropa para dichas condiciones. Por el contrario, en Europa, desde el punto de vista global, sí se objetiva un aumento de la mortalidad cardiovascular en la población con los hogares más fríos y con menos ropa de abrigo, cuando bajan las temperaturas de la zona.

En conclusión: el aumento de los eventos y mortalidad cardiovasculares no guardan tanta relación con los valores absolutos de temperatura, sino de los cambios bruscos de la misma y de su repercusión en la población de lugar, dada la mejor o peor preparación de esta para protegerse de los cambios climáticos.

En nuestro medio, en la zona Mediterránea, con temperaturas templadas, se evidencia un aumento del número de infartos en los meses de invierno, quizá por la inadecuada preparación de la población para afrontar el frío.

Por lo tanto, el verano es también una buena noticia desde el punto de vista cardiovascular.




El divorcio aumenta el riesgo de padecer un infarto

Divorcio

Además de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales (edad, sexo, hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia y tabaquismo) que son los de mayor impacto en ese riesgo, con el paso del tiempo vamos conociendo otros factores que también aumentan nuestro riesgo cardiovascular.

En anteriores artículos hemos visto la influencia del sedentarismo, la obesidad, la dieta, la genética, las drogas, el estado de ánimo e incluso el clima en el riesgo cardiovascular.

Hoy nos fijamos en un artículo publicado el pasado mes de abril en la revista Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes. En este trabajo se establece una relación entre haber pasado por un divorcio y nuestra probabilidad de padecer un infarto de miocardio.

Para comenzar el estudio los autores se basaron en que el divorcio es una importante situación de estrés con consecuencias económicas, emocionales y sobre la salud física, con un impacto hasta ahora desconocido sobre la probabilidad de padecer un infarto.

Se estudiaron más de 15.000 sujetos que estaban o habían estado casados. Las conclusiones del estudio fueron que el riego de padecer un infarto aumentaba significativamente en las mujeres desde el primer divorcio y continuaba aumentando con divorcios sucesivos, incluso si se habían vuelto a casar con posterioridad. En varones el riesgo de padecer un infarto sólo se incrementaba después del segundo divorcio.

CONCLUSION: el línea de lo que ya conocemos acerca de la influencia del estado de ánimo y el estrés en el riesgo cardiovascular, el pasar por un divorcio, ya que es una importante situación de estrés emocional, conlleva un riesgo aumentado de padecer un infarto de miocardio.

No se conoce la razón por la que conlleva un riesgo especialmente aumentado entre las mujeres ni tampoco por qué este riesgo no se modifica tras volver a casarse con posterioridad.