Verdades y mentiras de la hipertensión

Bueno, para hoy, aprovechando que esta semana estoy de vacaciones y voy a estar absolutamente desconectado, dejo una actualización del post que publiqué al inicio del blog, allá por octubre de 2014. Es uno de las mayores preocupaciones de mis pacientes y de lo que un mayor número de consultas ocasiona.

Desde que publiqué la entrada original hasta ahora han ocurrido y van a ocurrir en poco tiempo algunos hechos importantes en relación a la hipertensión que os comentaré. Pero antes, vamos a empezar otra vez por lo básico.

¿Qué es la presión o tensión arterial?

Es la presión a la que nuestra sangre está dentro de nuestras arterias.

Existen dos valores: la máxima o sistólica que corresponde a la que medimos cuando el corazón se contrae y la mínima o diastólica, que corresponde a la que obtenemos cuando el corazón está distendido o en diástole.

¿Qué valores se consideran normales?

La tensión arterial normal, hoy por hoy, ha de ser inferior a 140/90 mmHg (lo que comúnmente se dice 14/9) si la tomamos en la consulta. Se acepta que si la tensión se toma en el domicilio los valores han de ser algo más bajos (135/85 mmHg o incluso 130/80 mmHg según algunos).

“Pero a mí me han dicho que 15 de máxima es normal para mi edad”

Falso. Es cierto que la tensión arterial suele aumentar con la edad. Pero eso no quiere decir que no tengamos que tratarla si supera el valor normal. De lo contrario, la tensión afectará al organismo, independientemente de la edad.

¿Es la tensión arterial la misma durante todo el día?

No, la tensión arterial tiene variaciones importantes a lo largo de día dependiendo de factores conocidos como el estrés emocional o el ejercicio físico, entre otros.

¿Cómo debo tomarme la tensión arterial?

Se debe utilizar siempre un dispositivo que la tome en el brazo, NO en la muñeca.

Toma una sola medida. La primera. No tomes más medidas a continuación ni hagas medias ni nada por el estilo.

Mide la tensión en el brazo que sepamos que normalmente la tenemos más alta. Y si no lo sabemos, compruébalo.

Mídela a diferentes horas del día.

Si habéis leído el post previo, en este apartado incluía medir la tensión habiendo estado previamente sentado tranquilo y en reposo durante cinco minutos; tomar dos medidas separadas al menos dos minutos,…

Bueno, a pesar de que estas recomendaciones siguen teniendo vigencia en la guías de diferentes sociedades científicas para la correcta medida de la tensión, aunque pueda parecer presuntuoso, yo no las recomiendo.

La tensión arterial varía constantemente según el momento del día, la actividad, el estado de ánimo y otros factores no bien conocidos. Pero lo que sí es cierto es que raramente la persona se encuentra en su vida real como antes he referido que se aconseja para la correcta medición de la tensión arterial. De hecho la medición de la tensión arterial mediante el Holter de tensión ha sido validada como un muy buen método para la adecuada valoración de la tensión arterial real del paciente. Y si las medidas del Holter de tensión se realizan cuando tocan, independientemente de la actividad del paciente y además la toma una sola vez, en qué se apoyan las recomendaciones previas.

Entonces… ¿eso de tomarla en el brazo izquierdo porque “es el brazo del corazón”?

La tensión arterial debería de ser la misma en cualquier parte que la tomemos.

Es cierto que con el paso de los años, se desarrollan estrecheces en las arterias. Por ello, si medimos la tensión en las muñecas, la probabilidad de que existan estrecheces en el trayecto arterial desde el corazón es elevada y la tensión saldrá más baja que la real. Esa es la razón por qué debemos tomar la tensión en los brazos y no en las muñecas. 

¿Y en cuanto a lo de tomarla en el brazo izquierdo?

Ya he mencionado que la presión arterial debe medirse en el brazo en la que esté más elevada. Se ha comprobado que es en el brazo derecho en más del 60% de los pacientes.

Por eso deberíamos de preguntar a los fabricantes de muchos de los dispositivos que encontramos en las farmacias por qué siempre los fabrican para meter el brazo izquierdo. Yo no conozco la respuesta.

“Pues yo me tomo la tensión y siempre la primera me sale alta, pero cuando la vuelto a tomar ya está normal”

Lo correcto es dar por válida la primera medida o, si se toma una segunda, dejar pasar varios minutos entre las dos tomas. El mismo acto de tomar la tensión baja la tensión durante un corto tiempo después de hacerlo. Por lo que si nos fiamos de la segunda medida, tomada inmediatamente después de la primera, estaremos obteniendo un valor falsamente bajo.

¿Por qué es malo tener la presión arterial elevada?

Además de los cambios en el músculo del corazón, el principal daño que provoca la hipertensión es a nuestras arterias.

Las paredes arteriales que están sometidas a una presión mayor de la normal, desarrollan lo que llamamos arteriosclerosis. Se trata de un estrechamiento progresivo de la luz arterial (del sitio donde circula la sangre). Esto provoca, si es muy acusado, que no llegue sangre suficiente a determinados órganos, pudiendo provocar infartos de miocardio o anginas de pecho, ictus, insuficiencia renal y muchas otras.

“Pero…, si yo me encuentro bien. ¿Por qué tengo que tomar pastillas para bajar mi tensión?”

A la hipertensión arterial se le conoce como “el asesino silencioso”. Es decir; en muchas ocasiones no da síntomas hasta que ya es demasiado tarde, porque ya hemos padecido un infarto de miocardio o un ictus.

“Además de tomar las pastillas que me prescriban, ¿puedo hacer algo para bajar mi tensión?”

Sí, por supuesto. Las medidas higiénico-dietéticas, como las llamamos los médicos, son de gran importancia. Son las siguientes:

Comer con poca sal.

Mantener un peso adecuado con una dieta equilibrada. Evitar el sobrepeso.

Hacer ejercicio físico dinámico (aeróbico, isotónico) moderado de forma regular (caminar rápido, bicicleta, nadar, correr…).

Reducir el consumo de alcohol (no más de dos copas de vino al día, en el hombre y algo menos en la mujer).

“Si tengo la tensión alta, ¿debo de acudir inmediatamente al médico?”

La hipertensión arterial, normalmente, no es un problema urgente a no ser que se trata de valores muy elevados (por lo general siempre más de 200/120 mmHg) y que produzca síntomas (dolor de cabeza o de pecho, falta de aire,…).

El daño producido por la tensión se efectúa poco a poco, a lo largo de meses y de años.

“Pero…, ¡si yo siempre he sido de tensión baja!”

En la juventud, la inmensa mayoría de la población tiene valores más bajos de tensión arterial. Con el paso de los años la presión va subiendo progresivamente. Por lo tanto, es la norma recibir a pacientes hipertensos que hace años tenían tensiones normales o bajas. 

Doctor, yo tengo la tensión “descompensada”

Lo de tensión “compensada” o “descompensada” no tiene ningún significado clínico. Los pacientes hipertensos de edad más avanzada típicamente suelen desarrollar, lo que los médicos llamamos “hipertensión sistólica aislada”, refiriéndonos a una elevación únicamente de la máxima. En cambio, en pacientes jóvenes, es más frecuente cifras elevadas de la mínima. No es importante que la diferencia entre la máxima y la mínima sea más o menos pronunciada. Por lo tanto expresiones como “tensión descompensada, pinzada” o incluso, como he escuchado, “la mínima más alta que la máxima” no tienen ningún sentido. Lo único que tiene relevancia es que ambas, tanto la máxima como la mínima, sean normales. Por lo tanto, consideraremos hipertensión si la máxima, la mínima o ambas se encuentran elevadas.

Doctor, deme algo para los nervios porque mi tensión es “nerviosa”

No existe la tensión “nerviosa”, ni por supuesto se debe emplear ansiolíticos para tratarla. Es cierto que los estados de ansiedad o nerviosismo aumentan la tensión arterial, pero son incrementos puntuales y transitorios que no son perjudiciales y que, por lo tanto, no han de ser tratados. Por otra parte, es muy frecuente ver pacientes en la consulta que además de hipertensos presentan estrés o ansiedad; aunque no quiere decir que una cosa tenga relación ni sea el origen de la otra.

Y ahora, ¿que novedades han habido durante estos últimos tres años?

Según como ya comenté en el post de octubre de 2016, la revista New England Journal of Medicine publicó un importante estudio, llamado SPRINT, que demostraba que cuando se disminuía la tensión arterial por debajo de 120/80 mmHg también disminuían los eventos cardiovasculares en mayor medida que si teníamos la tensión por debajo de 140/90 mmHg, según las recomendaciones aún hoy en día vigentes. Este estudio, como la mayoría que pretenden cambiar aspectos importantes ha tenido numerosas críticas pero continúa siendo un referente, de tal forma que muy probablemente el próximo mes en las nuevas guías de la AHA/ACC americanas se considere que la tensión debería ser inferior a 130/80 mmHg y por lo tanto deberemos tender a conseguir esos objetivos en el tratamiento de los pacientes hipertensos.

Finalmente recordaros que la hipertensión no suele dar síntomas específicos. Por lo tanto, es importante realizar controles periódicos para descartar que esté elevada y así poder prevenir serios problemas de salud, en ocasiones de difícil o imposible solución una vez que han aparecido. Y, por favor, acordaos de todo lo anterior: no hay “tensión nerviosa” ni “tensión normal para mi edad”. Sí, es posible que siempre hayas sido de tensión baja… pero ahora ¡la tienes ALTA!. Utilizad como válida la primera medida… y no la toméis de nuevo. No utilicéis aparatos de muñeca. ¿Por qué no en el brazo derecho?

Bueno, hasta la semana próxima. Disfrutad de lo que queda de esta y del fin de semana.